El Grupo de Investigación en Patrimonio y Paisajes Culturales de la Universidad del País Vasco (EHU) ha presentado los resultados definitivos del proyecto arqueólogico llevado a cabo en el yacimiento de Torrentejo, situado en el municipio alavés de Labastida, que revela que este emplazamiento era un centro de poder aristocrático en el siglo X.

Estos investigadores han editado una publicación titulada "Memorias bajo los viñedos. Arqueología y paisaje histórico en Rioja Alavesa" que recoge los hallazgos localizados tras una década de excavaciones en este yacimiento, lugar en el que solo se conserva una ermita.

Según han dado a conocer este jueves los arqueólogos de la EHU, se ha descubierto que Torrentejo no fue una simple aldea campesina.

Las excavaciones han identificado un edificio monumental (un posible palacio) y una iglesia privada de los siglos X-XI, evidencias de que el lugar "fue un centro de poder de las élites locales y la monarquía navarra antes de pasar a manos del monasterio de San Millán de la Cogolla".

Durante las excavaciones los arqueólogos, bajo los sedimentos y las reformas posteriores de la ermita actual, encontraron los cimientos de un complejo monumental.

Se han identificado dos edificios de gran porte construidos con sillares de calidad. Uno de ellos ha sido interpretado como un edificio de carácter residencial y representativo, posiblemente un palacio aristocrático. "No era una simple casa de labranza, sino una residencia de élite vinculada a los poderes que controlaban el territorio", resaltan.

El estudio, afirma la EHU, desmonta teorías tradicionales sobre la repoblación medieval demostrando que las comunidades locales ya gestionaban siglos antes de la llegada de los poderes feudales.

Además, el proyecto ha documentado una fase moderna (siglos XVII-XVIII) en la que la ermita, habitada por un santero, funcionó como taller de cerámica y como punto estratégico en los conflictos territoriales con las villas vecinas de la orilla riojana del Ebro.

La investigación también alerta de que la expansión intensiva del viñedo moderno "está borrando un archivo histórico que reside en el subsuelo".

En el libro se destaca que lo que hoy es un lugar donde solo se cultiva vid fue en el pasado un mosaico de cereales, huertas, bosques y zonas de pasto y se señala que la identidad de la comarca no puede reducirse solo al vino, sino que "posee una riqueza histórica social política y económica que a menudo queda sepultada bajo las cepas".

Uno de los descubrimientos más sorprendentes, apunta el grupo de investigadores, fue el hallazgo de niveles de ocupación prehistórica intactos bajo metros de sedimentos agrícolas.

Valle del Ebro

Tradicionalmente, se pensaba que las poblaciones del Neolítico y la Edad de los Metales en Rioja Alavesa vivían casi exclusivamente en abrigos rocosos de la Sierra y solo bajaban al valle para enterrar a sus muertos en los dólmenes. Las excavaciones revelaron un fondo de cabaña y niveles de ocupación datados en el Calcolítico (hacia el 2.500 antes de Cristo).

"Eso confirma que el valle del Ebro estaba habitado de forma estable mucho antes de lo que se creía". No eran asentamientos estacionales, sino lugares de habitación donde se procesaban alimentos y se trabajaba la piedra y ese hallazgo, afirman, convierte a Torrentejo en uno de los pocos asentamientos al aire libre de ese periodo documentados en la región "demostrando que el valle fue antropizado intensamente hace más de 4.000 años".

Además, recoge la publicación, la narrativa histórica tradicional sugiere que, tras la caída de Roma y la invasión musulmana, el valle del Ebro quedó prácticamente desierto y fue reconquistado y repoblado por los reyes asturianos y navarros, pero el proyecto de Torrentejo aporta pruebas científicas que contradicen esa visión.

"Lejos de ser un desierto demográfico", señala la publicación, el Torrentejo de los siglos VIII y IX era un espacio dinámico.