labastida - Durante siglos, sólo se supo del origen de Torrentejo lo que algunos dejaron escrito. El primer testimonio, de 1075, hablaba de una aldea medieval situada al sur de Álava que acababa de ser donada por el rey Sancho VI al monasterio riojano de San Millán de la Cogolla, esclava de los fuertes poderes señoriales que en aquella época dominaban esa zona del Valle del Ebro. Pero, antes de aquello, fue mucho más. Y ahora, gracias a esa ciencia poderosamente curiosa que es la arqueología, lo sabemos. Al menos, una parte. Las excavaciones llevadas a cabo este verano por investigadores de la Universidad del País Vasco (UPV) han permitido descubrir en este yacimiento de Labastida cerámicas de más de 4.000 años, una necrópolis excavada en la roca y restos de una construcción doméstica del siglo XI. Hallazgos, en algunos casos, fortuitos y relevantes. De los buenos.

Y así que el profesor Juan Antonio Quirós, director del grupo de investigación en Patrimonio y Paisajes Culturales de la UPV, informó ayer con evidente satisfacción de los hallazgos logrados en esta segunda campaña estival de excavaciones. Aunque en la actualidad sólo se conserva una iglesia románica abrazada por viñedos, ésta no es más que la punta de un iceberg lleno de tesoros. Entre ellos destaca “una importante e inesperada ocupación Calcolítica y del Bronce antiguo”, que se calcula data del año 2000 antes de Cristo. Es decir, hace unos 4.000 veranos. Ahí es donde ha aparecido la colección de cerámicas decoradas, estilo Ciempozuelos. Un descubrimiento “poco frecuente” en poblados al aire libre, con una fantástica consecuencia. Según el experto, permitirá arrojar luz sobre las fases más antiguas de ocupación campesina a lo largo del Valle del Ebro.

Las excavaciones han sacado también a la luz una importante necrópolis antropomorfa, esto es, excavada en roca, al norte de la iglesia de cronología altomedieval. Aunque aún están en marcha los estudios especializados, parece que este espacio funerario era el lugar de enterramiento de los habitantes de la aldea. Y, por tanto, donde se conserva la memoria social de la comunidad. “Cuando se abandona la aldea en la Baja Edad Media se descompone la comunidad, así que el cementerio queda enterrado y se pierde la memoria de su localización”, explicó Quirós. Además, se están hallando los restos de una significativa construcción doméstica del siglo XI, al sur del templo, que estuvo en uso durante la Plena y Baja Edad Media. “Aún es pronto para determinar su funcionalidad y cronología”, apuntó el profesor, “pero parece que se trata de los palacios aristocráticos que aparecen en la documentación”.

Cada hallazgo permite dar un paso más. Y así, a través de estos trabajos arqueológicos, se ha podido constatar la existencia de una masiva reconstrucción de la iglesia y de todo el conjunto en el curso del siglo XVII. La entonces ruina de de Santa María fue completamente reconstruida en varios tramos y se levantó un nuevo edificio en el que residía un ermitaño. También se ha hallado una cantera, un espacio destinado a la vuelca de tuerca del templo, los espacios de habitación y un importante volumen de materiales arqueológicos atribuibles a ese periodo de tiempo.

En cualquier caso, lo fundamental de todos los hallazgos es que algunos “permiten ampliar al Calcolítico-Bronce inicial la secuencia ocupacional del yacimiento”. Y ya de paso, Torrentejo se confirma como un lugar “muy relevante” para el estudio de los procesos de formación de las aldeas en la Alta Edad Media y de los poderes señoriales, la consolidación de la monarquía navarra en el espacio riojano, los procesos de abandono de esos pueblos a favor de los núcleos principales y la transformación de la época moderna. Además, según relató Quirós, los estudios paleoecológicos puestos en marcha están permitiendo entender los procesos de expansión del viñedo y de implantación de una economía especializada, esto es, dependiente de otros territorios.

Quién sabe qué nuevos hallazgos depararán nuevas campañas. Sólo la primera, el año pasado, permitió establecer que la aldea medieval se fundó hacia el siglo VII, momento en el que se construyeron una serie de terrazas agrarias en las proximidades de la iglesia, resultado de la acción colectiva de la comunidad de vecinos. El concepto auzolan, ése que ha reverdecido en las ciudades, ya existía entonces. También se hallaron los restos de una vivienda del siglo X, que fue desmantelada para edificar una primera iglesia prerrománica que, a su vez, acabó siendo sustituida por la actual. El poblado debió de abandonarse en la Baja Edad Media, en torno a 1400. Ahora, gracias a los investigadores de la UPV, vuelve a estar en el mapa.