Vitoria-Gasteiz aún conserva en la memoria colectiva una de las noches más intensas y emocionantes de su historia reciente. El ascenso del Deportivo Alavés a Primera División en la temporada 2022-2023, logrado en una eliminatoria agónica ante el Levante UD, sigue siendo un relato que se cuenta con la misma pasión con la que se vivió.
Y quien mejor lo resume es su principal protagonista desde el banquillo: Luis García Plaza, que ha revivido aquellos instantes en el videopodcast Offsiders: Las historias detrás del futbolista, conducido por los exjugadores Miguel Muñoz Bellas y Mario Sanjurjo Hernández. Allí, el exentrenador albiazul repasa su trayectoria como entrenador con una mención aparte a su etapa en Vitoria, con la relación con Sergio Fernández, el ascenso y su salida del club como ejes de la charla.
En un clip difundido en redes bajo el título “Fue un ascenso de película”, el entrenador no oculta la emoción al recordar lo ocurrido.
“Nuestro ascenso fue una película. Si metes una película de cómo ascender, un guion… hostia, es que a nadie”, explica, dejando claro que lo vivido por el albiazul superó cualquier previsión, incluso para un técnico curtido en el fútbol profesional.
El fantasma de Las Palmas
Luis García Plaza enlaza el ascenso final con un episodio anterior que estuvo a punto de cambiarlo todo: el último partido de liga regular frente a la UD Las Palmas, dirigida por García Pimienta.
Aquel encuentro tenía un contexto muy concreto. Al rival le valía el empate, mientras que el Alavés tenía en sus botas la posibilidad de cerrar el ascenso sin necesidad de más sufrimiento. Y la oportunidad llegó en los últimos minutos.
“Faltando 15 minutos, un pase de Guridi a Villalibre, encarando mano a mano para ascender… ¡y lo falla!”, relata el entrenador. Una acción que dejó al equipo al borde del abismo emocional y que, según su testimonio, quedó grabada en la cabeza del vestuario y especialmente en la suya.
El destino, sin embargo, guardaba un giro final digno de película. El Alavés se jugó el ascenso ante el Levante y el partido alcanzó el límite de lo imaginable: un penalti en el minuto 129, con el estadio en tensión máxima y toda una ciudad pendiente.
Fue entonces cuando, tal y como relata García Plaza, se produjo una escena de incertidumbre en el banquillo. Luis Rioja y Jason se acercaron al entrenador con una pregunta directa: “¿Quién lo tira, míster?”, le preguntaron. Y el técnico, en un momento de lucidez y pragmatismo puro, respondió sin titubeos. “¡El que lo vaya a meter!”.
En ese instante, las opciones no eran muchas. Los tiradores habituales no estaban disponibles. Salva Sevilla no estaba en el campo, Miguel de la Fuente tampoco, y Panichelli, especialista desde los once metros, se había roto el cruzado. Y entonces apareció él, Asier Villalibre.
“Tenía que ser él”
Luis García Plaza lo tuvo claro en cuanto vio al delantero. “Cuando le vi al ‘Búfalo’ digo: ‘Ya está, gol’. Tiene que ser él”, afirma, conectándolo con aquella ocasión perdida ante Las Palmas.
“Se me vino a la cabeza. Villalibre ha tenido la opción de ascenderos en el partido de Las Palmas y ahora tiene el penalti, lo va a marcar. Porque es la vida”.
Villalibre no falló. Y lo hizo con autoridad. “¡Qué penaltazo!”, exclama el técnico, rememorando la sangre fría del delantero en el momento más decisivo de la temporada.
El relato del entrenador también deja espacio para el componente personal. García Plaza no esconde que la eliminatoria tuvo un matiz emocional añadido. El rival era el Levante UD, club al que guarda un afecto especial. "Jodido porque… el cariño que le tengo… pasar ahí ese momento fue muy duro”, reconoce.
Aun así, el desenlace terminó siendo el soñado para el Alavés y para una afición que ya había sufrido demasiado durante el curso.
Vitoria se echó a la calle
La celebración posterior fue, según García Plaza, otra de las imágenes imborrables. El equipo regresó de madrugada, llegando a la ciudad alrededor de las cinco de la mañana. Y Vitoria, lejos de dormir, estaba lista para explotar.
“Llegamos a las cinco de la mañana, nos metimos en una discoteca y después, al día siguiente, en la Virgen Blanca”, rememora. Pero lo que realmente le impactó fue el recibimiento popular.
“Cuando vas con el autobús… media Vitoria en la calle es algo que se te queda grabado. Yo todavía… se me ponen los pelos de punta”, confiesa.
Una frase que resume lo que supuso aquel ascenso. No solo fue un éxito deportivo, sino un estallido emocional colectivo que unió a la ciudad con su equipo y con un entrenador que ha dejado huella como pocas veces se había visto.
El testimonio de Luis García Plaza, compartido ahora en formato podcast y viralizado en redes, vuelve a poner palabras a una gesta que ya pertenece al imaginario del Deportivo Alavés.
Una eliminatoria agónica, un penalti eterno, un héroe inesperado y una ciudad entregada. Una historia que, como dice el propio entrenador, parecía escrita por un guionista. Pero ocurrió. Y Vitoria todavía lo recuerda como si hubiera sido ayer.