El pasado viernes se cerró el tercer año del taller Compartiendo Vivencias, una iniciativa de la red Bizan de Vitoria-Gasteiz que desde octubre reúne a personas mayores de 60 años con personas migrantes de cualquier edad para compartir historias de vida, costumbres y recuerdos. La despedida tuvo lugar en la sede Bizan del Parque de la Florida, alrededor de una mesa con pan, empanada, queso y las aportaciones que cada participante trajo desde su propio origen.
“Me ha encantado porque hemos llegado a conocer las costumbres de todos ellos y cómo se sienten”, afirmaba Marisol, usuaria del taller, quien resumió la experiencia de estos meses con una sola palabra: “formidable”. Los centros Bizan tienen como vocación mezclar generaciones y orígenes distintos en un mismo espacio. En ese marco nació Compartiendo Vivencias, un grupo que, según David, el monitor que ha guiado la iniciativa durante este ejercicio, “ha funcionado de maravilla”.
Cada sesión ha sido una invitación a hablar del pasado, del lugar donde cada uno nació, de las costumbres de la infancia, tanto para quienes llevan toda la vida en Álava como para quienes llegaron de fuera. “Es el tercer año del taller y cada año es distinto porque las personas así lo son. Buscamos aquello que nos relaciona más allá de una etiqueta. Las etiquetas nos hacen daño porque las personas mayores no son todas iguales y los que vienen de otros lugares tampoco. Anda que no hay diferencias entre Marruecos, Pakistán o Costa de Marfil”, reflexiona David.
Los encuentros han abordado temas tan cotidianos como el cine, la infancia, las canciones o los recuerdos de los padres. “Hemos viajado con la mente en el mapa, hemos ido con Google Maps a la calle donde nacisteis, a dar un viaje por allí”, describe el monitor, que también tenía en mente organizar paseos por la ciudad para visitar lugares con carga sentimental para los participantes.
La mezcla de personas que ha propiciado el taller ha dado lugar a vínculos que trascienden las sesiones. Uno de los participantes, Anosh, es un sacerdote hindú que defendió su tesis doctoral durante el curso, y varios compañeros del grupo acudieron a acompañarle en ese momento. La presencia de sus compañeros de Compartiendo Vivencias en aquel acto dice mucho del tipo de relación que se teje en el programa.
Historias de superación
En la entrada al centro Bizan, Valentín recibe a Anosh con un “dichosos los ojos”, la expresión de quien ve a alguien después de demasiado tiempo. Los jóvenes, dice David parafraseando el espíritu del programa, “nos aportan cosas nuevas”. Luzna lleva solo ocho meses en Vitoria-Gasteiz. Uno de sus primeros recuerdos de la ciudad es la estación de autobuses a la que llegó. Su experiencia en el taller ha sido, en sus propias palabras, positiva: “Me he sentido bien, hemos tomado café, hemos escuchado música”. Lo que más le ha gustado han sido los encuentros y la visita al museo, aunque reconoce que el año ha tenido sus limitaciones climáticas: “No hemos podido hacer tanto como otras veces; este año ha hecho mucho frío, pero también mucho calor”, aclara.
Lourdes, una de las participantes mayores, comparte esa misma sensación agridulce respecto a las salidas culturales. La visita al Museo de Bellas Artes le dejó con ganas de más: “Me gustó, pero igual necesitaba más tiempo; por lo menos una mañana entera, porque hay mucha cosa que ver ahí”.
David reconoce que el taller no ha podido profundizar tanto como en otras ediciones, pero subraya el valor de lo construido: “El grupo ha sido útil, cada persona en el momento en que ha podido incorporarse”. De cara al próximo curso, la puerta sigue abierta tanto para quienes ya han participado como para quienes se quieran sumar por primera vez.
Compartiendo Vivencias nace de la colaboración entre los grupos de personas mayores de los centros Bizan y las entidades del tejido asociativo de los distintos barrios de Vitoria-Gasteiz. Su objetivo es poner en valor el papel de las personas mayores como agentes activos de la comunidad y favorecer la cohesión social a través de dinámicas horizontales donde no hay jerarquías, solo conversación, escucha y confianza mutua.