Pedro Sánchez cosechó ayer una derrota parcial pero evitó una debacle en el Congreso –trasladado al Senado por obras– que indican la necesidad de un modelo de gobernanza que evite suspicacias, castigos y tensiones vividas en la sesión que debía aprobar una batería de medidas agrupadas en tres decretos leyes con las que asegurar el flujo de dinero europeo y que terminó con el rechazo de uno de ellos. El resultado de ayer es fruto de un exceso de confianza por parte del Gobierno de Sánchez o, directamente, de un intento equivocado de colar asuntos no pactados con sus socios. El grado de urgencia que justificaría el uso del decreto ley para varios aspectos de las tres normas frustradas no se compadece con el ejercicio de convertir el articulado de los mismos en un cajón de sastre en el que, junto a medidas objetivamente oportunas de efecto económico y social y regulaciones acordadas con los partidos de los que depende su mayoría, el Gobierno introdujo otras unilaterales, no consensuadas y, en algunos casos, rechazadas por quienes son apoyos imprescindibles. Sánchez debe ser capaz de restaurar la confianza de una mayoría suficiente con un nuevo diseño de sus decretos y entender de paso que el procedimiento parlamentario natural pasa por el debate de sus iniciativas, la posibilidad de introducir enmiendas y, sobre todo, la generación de la confianza debida con quienes son convocados para dotar de rango normativo sus expectativas de gobierno. Pero también es preciso constatar lo inoportuno de hacer casus belli de la “curva de aprendizaje” del Gobierno en su nueva relación con sus socios hasta el extremo de bloquear la legislatura. De Junts per Catalunya llegó ayer un toque de atención serio pero supo escapar de la tentación de castigar al presidente extendiendo el castigo a sus normas; sin respaldarlas pero pactando apartarse de su camino. No hizo lo propio Podemos, que amenaza con cronificar su antagonismo con Yolanda Díaz por el conflicto derivado de su ruptura con la coalición Sumar y tumbó la reforma del subsidio de paro que firmaba la vicepresidenta en una tarde accidentada en las votaciones. Pero la legislatura debe fluir para ser útil a la ciudadanía y el compromiso con ese fin lo debe engrasar Sánchez con lealtad que le permita reclamar reciprocidad. Que todo quede en un patinazo.