No es por alardear sin razón, pero lo de Vitoria es para estudiarlo. Me refiero a la importancia (en todos los sentidos) de sus referencia de deporte colectivo de máximo nivel, sobre todo, teniendo en cuenta el tamaño y la población de Álava. Supongo que es ventajista por mi parte escribir sobre esta cuestión ahora que el Baskonia nos ha recordado las glorias de antaño, cuando se llenó el zurrón con títulos de Liga, Copa y Supercopa y se llegó a pelear con los más grandes la supremacía europea. En cualquier caso, el baloncesto ha colocado a la ciudad y al territorio en el mapa de los mejores del continente, incluso en aquellas temporadas (que las ha habido) en las que ser hincha nada tenía que ver con el disfrute, sino con la cabezonería. No a ese nivel de resultados, pero sí de sentimientos, el Glorioso ha logrado convertir a Gasteiz en ciudad de primera, peleando hasta la extenuación, casi cada campaña, por seguir en la elite del fútbol estatal, que casi es como situar al Alavés en una de las mejores competiciones del mundo. Tampoco hay que desdeñar el papel sobresaliente de Araski en la liga femenina de baloncesto, donde es un fijo pese a las dificultades. Con todo ello, hay fines de semana en las que se hace complicado seguir a todos.