El jueves recibí en mi móvil una notificación del servicio de información del grupo EITB, ente público de radiotelevisión vasca, en el que se me indicaba que, entre las tres noticias más importantes del día, una de ellas, era el inicio del Ramadán. Como se pueden imaginar, este juntaletras, alucinó en colores. Mosqueado por el interés por el hecho religioso, indago en dicho servicio informativo y compruebo que, paradójicamente, la víspera, el miércoles, ese mismo servicio olvidó, por llamarlo de alguna forma, el inicio de la Cuaresma que celebran los católicos. Conclusión, personal e intransferible, hemos perdido el Norte.
No suficiente con el alucine, observo en redes sociales que el consejo vasco de la juventud te invita a un encuentro para conocer y celebrar el Ramadán. Igualmente, echo para atrás en su información y compruebo nuevamente que dicho consejo, organismo público, obvia el inicio de la Cuaresma el día anterior. Por eso, mitad alucinado, mitad cabreado, llego a la misma conclusión, hemos perdido el Norte.
Aunque creo, personalmente, que quizás no sea tan perjudicial la perdida del Norte viendo que una capital del Norte europeo, mejor dicho, más al Norte que nosotros, pero bastante centroeuropeo, Amsterdam, capital de los Países Bajos, ha decidido prohibir la publicidad de la carne y de productos cárnicos en los espacios públicos tras aprobar una propuesta del partido ecologista GroenLinks y del Partido por los Animales (PvdD). Un despropósito total, en mi opinión, prohibir la publicidad cárnica, ¿dónde? y en una capital que se vanagloria de su barrio rojo donde la mujer se publicita en los escaparates, como mera carne humana.
Además, para más INRI, es que la prohibición equipara la carne y los combustibles fósiles, una categoría, ésta última, que incluye anuncios de vuelos turísticos, cruceros o automóviles de combustión y todo ello, en un país, cuya economía, incluida la agrícola, se basa en la importación-exportación de miles de contenedores en barcos y donde el puerto de Rotterdam es el motor industrial y logístico de Europa que, según algunos informes, su impacto total llega a alcanzar el 8,2% del PIB y aglutina un empleo total de 565.000 personas, es decir, aproximadamente el 7% de la fuerza laboral del país.
Ósea, traducido al lenguaje coloquial, el ayuntamiento de la capital de un país cuya economía está, en gran parte, basada en la importación y exportación de productos, con todo lo que ello supone de transporte y por lo tanto, emisiones contaminantes, cierra los ojos ante los perjuicios medioambientales que ocasiona este tipo de economía pero, como aliviadero de su cargo de conciencia, coloca la carne y los productos cárnicos en el dentro de la diana y así, tan tranquilos, pueden seguir moviendo millones de contenedores, millones de camiones, trenes, barcos, etc. con los que engordan sus bolsillos.
Es lo típico y lo que frecuentemente vemos en éste y otros muchos países, si no tienes posibilidad de hacer frente a aquellos sectores económicos que generan la mayoría de las emisiones de efecto invernadero (transporte, energía, industria, turismo, etc.), tranquilo, sal al campo y busca una vaca que, visto lo visto, es la mejor manera de fijar un terrible enemigo del medio ambiente y así exculpar a esos otros sectores económicos, poderosos ellos, que contaminan los que más pero con los que no conviene enfrentarse dada su afección al empleo y, ya sabe, no conviene enfadar al ciudadano.
Como decía, encuentre unas vacas, póngalas a echar eructos y pedos y así, las sitúa como el origen de todos los males medioambientales y finalmente, encuentre unos pocos ganaderos, señálelos, como unos malvados asesinos del medio ambiente y ya está, desviado el foco, eliminado el problema. Conclusión, reiterativa, hemos perdido el Norte.
Por cierto, hablando de vacas, recientemente, tuve que acudir al Parlamento Vasco para comparecer en la comisión que está tramitando un proyecto de ley para los espectáculos taurinos de fomento para los menores, es decir, una ley que permita y regule la celebración de los festejos de vaquillas, sokamuturras, etc. tan populares y tradicionales en nuestros municipios y en infinidad de barrios y concejos rurales y que, afortunadamente, está resurgiendo gracias al tirón de los más jóvenes.
Como pueden imaginar, los ganaderos que se dedican a este tipo de festejos y la organización agraria ENBA, en la que yo trabajo, han impulsado esta iniciativa, a los que PNV y PSOE han dado forma de proyecto de ley que, además, cuenta con el respaldo inequívoco del PP, con el rechazo de Sumar y con la incógnita, una vez más, de EHBildu Partido político que, paradójicamente, gobierna en la mayoría de los pueblos, barrios y concejos rurales en los que se celebran estos festejos taurinos. Veremos si se mojan o se quedan, como decía, una vez más, mirando los toros desde la barrera.
Al terminar la comparecencia parlamentaria, acudo al bar del propio Parlamento Vasco y me encuentro que, en la sede de la soberanía del pueblo vasco, inexplicablemente, no se consume leche vasca. Definitivamente, hemos perdido el Norte.