El Ayuntamiento de Vitoria trabaja para que se puedan declarar espacios protegidos determinados enclaves de las sierras de Badaia y Arrato como medida de protección de la biodiversidad, al igual que se ha hecho con los Montes de Vitoria.
Ésta es una de las 124 acciones que recoge la segunda estrategia para la conservación de la biodiversidad del municipio, que se pone como reto aumentar al 30% los espacios naturales protegidos de del territorio de para 2035.
En la actualidad, más del 20% del suelo municipal forma parte de la Red Natura 2000.
Figura de protección
Tanto en la sierra de Badaia, que va de sur a norte, como en la de Arrato, de este a oeste, hay zonas que tiene valores suficientes para estar bajo una medida de protección, así que, seguramente, el paso se dé de forma parcial, seleccionando los enclaves más sobresalientes.
“Puede ser una de las opciones; todavía está en fase de análisis, pero es uno de los enclaves muy claro, avanza Luis Lobo, técnico de la unidad municipal de Anillo Verde.
Ambas sierras tienen enclaves de gran riqueza natural en cuanto a fauna y flora, así que la figura de protección se plantea primero a nivel local y, después, al Gobierno Vasco, que es el competente en la materia.
Más superficie de bosque
Otra de las actuaciones incluida en el proyecto consiste en aumentar la superficie de bosque, es decir, crear pequeños bosques-isla interconectados de forma natural, bien por líneas de setos o bien por ríos en terreno municipal de la Llanada.
“Aquí la prioridad es clara, la Llanada alavesa. Las sierras de Badaia y Arrato tienen zonas factibles pero, en general, están bien conservadas.
Sin embargo, en los espacios de fondo de valle, la situación es la contraria, ya que han quedado pocas masas forestales y de pequeño tamaño.
Bosques-isla
De hecho, se conocen estas masas forestales como bosques-isla porque están rodeados de cultivos agrícolas o de zonas transformadas”, explica Lobo.
Funcionan como una isla y, por lo tanto, los animales y plantas típicos no tienen la posibilidad de conectarse con los pequeños bosques que tienen a cinco o seis kilómetros.
De hecho, los bosques-isla de la Llanada que hay en el municipio ya están protegidos, por lo que la acción consiste en aumentar la superficie de algunos de ellos o crear nuevas masas forestales.
Para ello, se aprovechan los terrenos que ya no se cultivan o los espacios confinados que quedan tras la construcción de infraestructuras, como el tren de alta velocidad.
Fondos de valle
“Lo cierto es que las masas forestales de los fondos de valle están muy castigadas y tienen un valor ecológico altísimo”, valora Lobo. Además, “no se necesita una superficie muy grande, ya que algunos no llegan ni a media hectárea”, apunta.
Y es que, en un contexto de cambio climático como el actual, una de las actuaciones clave para proteger la biodiversidad pasa por que exista la migración en altura.
“Imagina una especie que tiene un carácter muy atlántico, pero que vive en una zona aislada, si el clima cambia a más mediterráneo, para seguir viviendo, esa especie tiene que buscar esas mismas condiciones y, seguramente, las encontrará en un lugar más alto, a 100-150 metros más de altitud, explica el técnico.
Corredores ecológicos
Sin embargo, para que esa migración se produzca, tienen que existir unos corredores ecológicos y, si el bosque-isla está aislado, difícilmente las comunidades animales y vegetales que viven ahí van a poder desplazarse en altura.
Pues bien, estas nuevas superficies serían “los cordones umbilicales que unen los medios silvestres entre sí y que permiten que la fauna y la flora pueda moverse libremente”, compara.
Los retos
Al final, esta nueva estrategia para la conservación de la biodiversidad del territorio surge del diagnóstico de la anterior, porque hay amenazas que no existían hace 10 años y nuevas leyes, como el reglamento de restauración de la naturaleza, una norma europea de obligado cumplimiento que fija los objetivos a alcanzar en 10 años y uno de ellos es que el 30% de la superficie de la UE esté protegida.
“Lo que hemos hecho en Vitoria es trasladar al ámbito local lo planteado a nivel europeo. ¿Es factible? Bueno, vamos a intentarlo porque el objetivo final es frenar la pérdida de biodiversidad y que los hábitats estén en un buen nivel de conservación. Tenemos la suerte de vivir en un municipio con una biodiversidad increíble y envidiable pero, claro, no está exenta de problemas”, indica Lobo.