A la Copa del Rey por la puerta grande y con una masacre. Tres años después, la silueta del Kosner Baskonia volverá a lucir en el glamuroso cartel del evento previsto del 19 al 22 de febrero en el mastodóntico Roig Arena de Valencia.
El incontestable triunfo ante el Manresa, endulzado por los 23 triples que igualan el récord histórico del Unicaja en la historia de la ACB o los 74 puntos de la primera mitad que representan la mejor marca del club, supone la rúbrica matemática del billete para una Copa de la que el conjunto vitoriano se ha ausentado en excesivas ocasiones en las últimas temporadas.
En esta ocasión sí ha hecho sus deberes un grupo mucho más armado, con el cuajo suficiente en una temporada donde va de menos a más y rebosante de dinamita en todas las posiciones que se llevó por delante desde el salto inicial a los hombres de Diego Ocampo. Fue un vendaval histórico presidido no solo por un baloncesto de elevados quilates y el acierto, sino también por la voluntad de compartir el balón o reventar a la carrera la resistencia del rival mediante transiciones meteóricas.
A base de un ritmo centelleante, una pegada descomunal desde la larga distancia y una contundencia devastadora en cualquier faceta, el Baskonia volvió a deleitar a los suyos con una salvaje exhibición ofensiva.
Y es que el Buesa Arena fue testigo de una superlativa borrachera anotadora de un equipo vitoriano tocado por una varita mágica. Gracias a un ritmo eléctrico en un partido de muchísimas posesiones, se ensañó con un rival muy debilitado hasta encadenar su sexta victoria consecutiva en el frente doméstico.
Fue un vendaval histórico presidido no solo por un baloncesto de elevados quilates y el acierto, sino también por la voluntad de compartir el balón o reventar a la carrera la resistencia del rival mediante transiciones meteóricas
El Manresa llegó herido de muerte al Buesa Arena con las bajas de última hora de Reyes, Ubal y Benítez. Con una rotación bastante mermada, el conjunto del Bagés se convirtió en la última víctima de un Baskonia inmerso sin lugar a dudas en el momento más dulce de la temporada y en el que Forrest, durante el poco tiempo que estuvo en pista, volvió a ser el indiscutible mariscal de campo perfectamente secundado por una serie de pistoleros con sangre en los ojos y la precisión de un cirujano.
Festival histórico desde el triple
La escuadra vitoriana descargó una salvaje lluvia de triples sobre un rival empequeñecido hasta límites insospechados. Kurucs abrió la veda desde la línea del 6,75 con tres bombas en un abrir y cerrar de ojos que fueron un anticipo de lo que estaba por venir. El testigo fue recogido por un Radzevicius en estado de gracia y a la fiesta se fueron sumando paulatinamente otros ocho pupilos de Galbiati, entre ellos el talentoso Joksimovic y Diop.
El nivel de confianza del Baskonia vino reflejado en los veinte minutos iniciales por un dato ciertamente demoledor: 14 de 17 en triples y únicamente siete tiros de campo fallados. Finalmente fueron 23 aciertos desde la larga distancia y pudieron ser algunos más en una exhibición sin precedentes. Todas esas suspensiones vinieron precedidas de una óptima circulación de balón, si bien es cierto que un débil Manresa también puso su granito de arena para el volcánico festival azulgrana.
La segunda mitad carecía ya de cualquier de interés, pero el Baskonia apenas levantó el pie del acelerador y siguió haciendo sangre. Consciente de la importante de ganar por el mayor número posible de puntos para mejorar su coeficiente en el basket average general, la tropa azulgrana ni siquiera se vio atacada por el virus de la relajación.
Los triples fueron cayendo a un ritmo endiablado para hacer más grande la herida manresana y las ventajas de los vitorianos se dispararon por encima de los 40 puntos ante el delirio de un Buesa Arena entregado y con ganas de más desde la línea del 6,75.
Galbiati midió al máximo los esfuerzos de cada jugador antes de otra semana con doble jornada en Euroliga. Tras el intermedio fue el turno para los menos habituales y, por ejemplo, Forrest ni siquiera hizo acto de presencia. El que fue reservado del todo fue Omoruyi, previsiblemente aquejado de alguna molestia física antes del enfrentamiento a domicilio ante dos miuras continentales: el Panathinaikos y el Fenerbahce.