Si alguien pregunta qué es la Copa del Rey de baloncesto, las mejores imágenes para definirla son sin duda las que se generan en el encuentro de aficiones el sábado por la mañana. En el caso de la edición de Valencia de esta temporada no contó con el encanto de años anteriores en los que la kalejira atravesaba las calles emblemáticas de la ciudad anfitriona y teñía de color el centro, pero los aficionados se encargaron este sábado igualmente de convertir el paseo por los alrededores del Roig Arena en una auténtica fiesta.
Aunque la reunión estaba programada para las 12.00 horas en un aparcamiento junto a la Fonteta, antiguo hogar del Valencia Basket situado a unos metros del Roig Arena, seguidores de distintos equipos se fueron agolpando en el punto de encuentro desde media hora antes.
La fanfarre Biotzatarrak, la emblemática txaranga del Baskonia, se encargó un año más en ejercer como maestra de ceremonias y empezar a levantar el ánimo de los seguidores más madrugadores, algunos con mejor cara que otros que aprovecharon la noche del viernes al máximo.
Bajo un sol veraniego a pesar de estar aún en febrero, lo que al principio era un centenar de seguidores pronto se convirtió en varios millares que se encargaron de representar a la perfección lo que significa una Copa del Rey: diversión y hermanamiento entre aficionados de distintos equipos sin importar la camiseta o la bufanda que vistan.
La mezcla de camisetas tiñó de los colores del arcoíris el aparcamiento y llegaron los refuerzos con la txaranga del Valencia Basket y del Unicaja para repartirse la fiesta y que todos los seguidores pudieran disfrutar de la música al ritmo de los instrumentos de viento y percusión.
Además de las camisetas de los cuatro equipos clasificados para las semifinales, Kosner Baskonia, Real Madrid, Valencia Basket y Barcelona, tampoco faltaron al encuentro de aficiones los aficionados de los ya eliminados UCAM Murcia, Unicaja, La Laguna Tenerife y Joventut de Badalona. Incluso, como sucede cada año, se vieron grupos de seguidores cuyos equipos no se han clasificado como el Breogán, el Obradoiro, el Bilbao Basket, el Casademont Zaragoza y una reunión bastante numerosa de seguidores del Hiopos Lleida.
Todo bajo el paraguas de un ambiente fantástico, respeto, interacción entre hinchas llegados de todos los rincones del país y sobre todo muchas ganas de pasárselo bien. Las txarangas entonaron versiones de distintas canciones desde el ‘Bella Ciao’ o el ‘Happy’ hasta el ‘No hay tregua’ de Barricada junto a pasodobles o los cánticos de ánimo a los equipos.
El más repetido en el caso de los seguidores baskonistas, sin embargo, fue la que se ha convertido ya en la banda sonora de esta Copa: la versión de Bad Bunny “por la mañana café, por la tarde ron, Paolo Galbiati hazme campeón”. Tampoco faltaron el clásico “hemos venido a emborracharnos, el resultado nos da igual” o el “era campo atrás” que lleva acompañando a la Copa del Rey desde la controversia arbitral de la semifinal de 2017 cuando Sergio Llull pisó la línea central antes de una canasta crucial de Anthony Randolph para forzar la prórroga ante el Morabanc Andorra.
El arranque se atrasó, pero alrededor de las 12.30 horas la serpiente multicolor se puso en marcha y liderado por la txaranga del Valencia Basket seguida por la del Baskonia y por último la del Unicaja fue avanzando hasta llegar a la Fan Zone situada en frente al Roig Arena, donde a las 13.20 horas llegaron las últimas unidades de la expedición para ocupar la esplanada escogida por la ACB como centro neurálgico de esta Copa del Rey.
Durante la alegre marcha los seguidores vitorianos, motivados antes de medirse al Barça, se lanzaron con otros cánticos como “árbitro culé” o “a por el Barça” ante las risas de aficionados catalanes que no se lo tomaron como algo personal e incluso entonaron el “Paolo Galbiati hazme campeón” junto a sus rivales.
El encuentro de aficiones concluyó en el Roig Arena con una foto de familia frente al moderno e imponente pabellón, pero la fiesta siguió mucho más allá y se alargará al menos hasta la noche del domingo. Aún hay fuerzas y ganas de disfrutar de baloncesto para rato.