Sí, era posible. La afición del Kosner Baskonia eligió creer en una final desde el arranque de la Copa del Rey, pero nadie creyó más en esa posibilidad que este grupo de jugadores. Con los percances y problemas físicos que arrastraba y después de verse en dos ocasiones con la semifinal cuesta arriba, el conjunto gasteiztarra buscó fuerzas donde siempre se pueden encontrar, en el corazón, para darle la vuelta al choque e imponerse en un final dramático con un tapón desconsiderado de Diakite sobre Shengelia al todopoderoso Barcelona.
Galbiati repitió el mismo quinteto inicial utilizado contra La Laguna Tenerife formado por Forrest, Howard, Radzevicius, Frisch y Diakite, pero el resultado en el arranque fue muy distinto. El Barça entró a cancha más preciso, con la consigna clara de hacer daño en el poste con Clyburn, Shengelia y Vesely y lo consiguió con seis puntos tempraneros del primero y un triple de Laprovittola para el 9-2.
No le quedó más remedio a Galbiati que pedir tiempo muerto e introducir a Omoruyi para añadir músculo al juego interior, algo que el Barça contrarrestó con los triples de Punter y un entonado Clyburn para colocar un 19-7 en el marcador que empezaba a ser preocupante a los siete minutos de juego. Coincidiendo con la entrada de los suplentes del Barça, sin embargo, los alaveses pudieron dar un acelerón culminado con una gran canasta de Luwawu-Cabarrot sobre la bocina para acercarse al término del primer cuarto (21-16).
Los vitorianos, más centrados en defensa que en su dubitativo arranque y con mayor control del rebote, tuvieron la oportunidad de correr la cancha y jugar un baloncesto más vertical. Forrest, más participativo, asumió galones, recortó diferencias y una penetración de Spagnolo adelantó a los alaveses en el marcador por primera vez en el choque con el 26-27 a los 14 minutos de juego.
El Baskonia y sus hombres importantes ya habían entrado en el partido. También Luwawu-Cabarrot, autor de siete puntos seguidos para su equipo en el tramo final del segundo cuarto, en el que las puntas de lanza catalanas no lograron marcar diferencias como en el inicio y se llegó al descanso con un ajustado 37-38 favorable a los vitorianos.
Canastas a precio de oro
Al regreso de vestuarios, el ritmo anotador cayó considerablemente, en parte por el buen hacer defensivo de ambos equipos, que pelearon cada posesión como si fuera la última, en parte por el desacierto en el tiro. La muñeca temblaba desde todas las posiciones, la tensión crecía y en el ecuador del tercer cuarto sólo se habían anotado diez puntos con el 43-42.
La igualdad se mantuvo, aunque el ritmo más atrancado y de baja anotación casaba mejor con el estilo del equipo de Xavi Pascual, que de hecho fue el que consiguió romper el intercambio de golpes. Un parcial de 9-0 comandado por Laprovittola, el hombre con mayor lucidez y chispa en ese contexto, le dio una ventaja de 58-49 al Barça para afrontar el cuarto decisivo.
La distancia se antojaba amplia, más aún en un guion de baja anotación en el que la fatiga por el esfuerzo del día anterior, en contraste con el Valencia-Real Madrid, se empezó a notar e incluso los tiros liberados se quedaban cortos. A todos menos a un infatigable Kurucs, que con esguince o sin él mantuvo su rifle calibrado y devolvió a los suyos al choque con un importante triple para el 61-58 con siete minutos por delante.
La sangre no les llegaba a las piernas a ninguno de los dos equipos, reducidos a una cortísima rotación en la segunda parte, y era momento de tirar de corazón. Y de eso el Baskonia de Galbiati va sobrado. Un triple de Luwawu-Cabarrot redujo la distancia a un punto y Forrest, en una transición en la que la pista parecía tener un kilómetro de largo, adelantó a los alaveses para delirio de la grada.
Diakite, con un triple seguido de un tapón a Punter puso tierra de por medio y tras varios errores en tiros liberados el Shengelia colocó el 67-69 en el marcador a 57 segundos del final. Balón para Forrest. Amasa la posesión, se acerca al aro, lanza a tres metros y entra sobre la bocina. Pero en la revisión se ve que el balón aún rozaba la yema de su dedo con el tablero en rojo. Más drama.
Era el turno de Shengelia. El exbaskonista penetró a canasta y Diakite, con un salto imperial y su kilométrico brazo, colocó un tapón para el recuerdo. Se celebró como una victoria, pero demasiado pronto, ya que Luwawu-Cabarrot erró uno de sus dos tiros libres. Con cuatro segundos en la posesión y 67-70, el Barça tuvo balón para empatar, pero el triple de Parra no tocó el aro. Fiesta total, pero conviene reservar fuerzas. El Real Madrid y la gloria esperan en la final este domingo.