Maduro y el juego sucio

25.09.2020 | 01:16

La decisión de indultar a 110 presos políticos venezolanos es vendida por el régimen de Nicolás Maduro como un gesto de apertura y de diálogo con la oposición democrática. También pretende ser un mensaje a Estados Unidos y a la Unión Europea ante la proximidad de los comicios legislativos de fin de año. Recordemos que las elecciones a la Presidencia de 2018 fueron rechazadas por los organismos internacionales por fraudulentas, al no haberse podido garantizar la trasparencia del proceso.Pero esta liberación selectiva de presos políticos busca también el efecto de dividir a la oposición democrática. La negativa de Juan Guaidó, reconocido por no pocos países como presidente encargado de Venezuela, a participar en los comicios de fin de año coloca al resto de la oposición en una difícil tesitura. Otro líder opositor, Henrique Capriles, propone apurar las vías para participar en las elecciones y derrotar en ellas al régimen.Síntomas de decadencia e inoperanciaNo es infrecuente que Pedro Sánchez use un doble discurso. Por un lado lo que dice y por otro lo que hace o permite hacer. Mientras sus socios en el Gobierno, con el tema del rey emérito, se han echado al monte, lo correcto es poner orden en su casa y acabar con la evidente campaña de Podemos y la izquierda republicana y radical contra la monarquía. Pedro Sánchez debe acabar ya con las reiteradas faltas de lealtad institucional y de respeto que los representantes de Podemos están sembrando en las instituciones. Que el partido de Pablo Iglesias haya pedido que el rey Felipe VI comparezca en el Congreso para explicar la marcha de su padre, o que Jaume Ausens, presidente del grupo parlamentario de Podemos, diga que don Juan Carlos estará pronto "en búsqueda y captura" no dejan de ser afirmaciones propias del género de la astracanada política.Si a la incapacidad de Pedro Sánchez por controlar a sus socios de Gobierno, se le suma la pésima gestión ante la crisis de la pandemia, que cada día se agudiza más, los síntomas de decadencia e inoperancia no pueden ser más evidentes.