No es que falten respuestas. Lo difícil, a estas alturas, es dar con las preguntas adecuadas en un mundo que parece haber perdido la medida del sentido común.

Ahí tenemos a Trump actuando en Irán como si la estabilidad mundial fuese un reality show más. Y mientras este personaje dirige el mundo, medio planeta contiene la respiración por el suministro de petróleo, la inflación, el futuro y el bienestar... dependiente –todo ello– de Ormuz. Y no es el único que pisotea la racionalidad, los derechos humanos o el multilateralismo. Le acompañan Netanyahu, poniendo patas arriba el Oriente Medio, o Putin machacando Ucrania.

Las consecuencias no las pagan quienes juegan al Risk geopolítico desde despachos blindados. Las pagan quienes reciben las bombas y, en derivada, las familias normales. Todas a la vez. En todas partes.

Y a esta triste fiesta del desorden mundial hay que añadirle el cambio climático, la crisis energética, el auge de las extremas derechas y de regímenes autoritarios de todo tipo, los movimientos migratorios y las reacciones xenófobas, la vivienda, la polarización política, la desinformación industrializada, o la inteligencia artificial, presentada simultáneamente como el futuro y como la probable sustituta de media humanidad.

Vivimos tiempos peligrosos. Lo único seguro es que no hay nada seguro y es lógico que nos surjan preguntas: ¿a dónde nos lleva todo esto?, ¿qué verán nuestros hijos e hijas?, ¿qué vejez nos tocará? Preguntas sencillas con respuestas inciertas.

Precisamente por todo eso, este no es tiempo de vendedores de humo ni de siglas que prometen soluciones mágicas a problemas “colosales”, sino de compromiso y honestidad. Es tiempo de hablar claro y de decirnos –y decir– la verdad. Especialmente, desde la política.

Certezas razonables

Antes que nada, reconocer que nadie tiene todas las respuestas. La política hoy es gestionar la incertidumbre. Quien vende pócimas mágicas intenta colar humo. La política que hoy se necesita es la que puede presentar certezas razonables sobre lo que sí está en nuestras manos. Y el PNV ofrece, al menos, cinco.

1. Primera certidumbre: Un posicionamiento claro a favor del derecho internacional y contra toda guerra unilateral e ilegal. Esto conlleva no contemporizar con la extrema derecha ni con autoritarismos de ningún tipo, ni hacer diferencias entre víctimas o entre sátrapas –todavía hay quien, aquí, se pone de perfil al hablar de Putin–. No compartimos la idea de que se ha acabado el orden internacional. Está en crisis, es verdad, pero no tiene alternativa. La ONU o la Unión Europea (UE) pueden provocar frustración pero también son esperanza, porque son indispensables para reconstruir, con las reformas necesarias, un marco internacional democrático. La alternativa es el caos.

2. Segunda certidumbre: el refuerzo de la soberanía nacional vasca. El mundo es cada vez más interdependiente y, en cierta medida, el multilateralismo que defendemos requiere compartir soberanía. Pero para poder compartir soberanía hay que tener soberanía que poder compartir. Y para ser parte de las decisiones, una nación como Euskadi necesita estructuras de Estado. La prosperidad de nuestro país exige poder efectivo de decisión. El modelo progresivo de construcción nacional del PNV ha llevado a Euskadi a los estándares más altos de calidad de vida en el mundo actual. Debemos seguir avanzando con determinación sin renunciar nunca a la soberanía plena. Lo seguiremos haciendo con realismo y ambición. Con europeísmo y multilateralismo. Con paso firme, seguro y viable.

3. Tercera certidumbre: la premisa irrenunciable de la cohesión social. El PNV no entiende el progreso político y nacional de Euskadi sin igualdad. Nuestras políticas de protección social están a la cabeza en el Estado y Europa. Gipuzkoa presenta la tasa de desigualdad más baja de la UE junto a Eslovaquia, fruto de nuestra determinación a favor de la justicia social. Vamos a proteger lo conseguido y ampliarlo en lo posible, bajo la premisa de la responsabilidad con las generaciones futuras, porque las personas y sus problemas son nuestra prioridad. Y porque mejorar en vivienda, salud, seguridad y cuidados es fortalecer Euskadi, no solo como sociedad, también como nación.

4. Cuarta certidumbre: la prioridad del empleo y la economía. No hay prosperidad social sin progreso económico e industrial. Euskadi lo aprendió enfrentándose a crisis durísimas desde su institucionalización. Hoy, el peso de la industria vasca es del 24% del PIB frente al 18% en Europa. El paro en Gipuzkoa en 2025 fue del 5,1%, menos de la mitad que el del Estado, siendo la media en la UE del 6%. Vamos a seguir mejorando el modelo que nos ha traído hasta aquí. Innovación, internacionalización, colaboración público-privada, arraigo industrial, tecnología avanzada y sectores de alto valor. Pequeñas y medianas empresas, parques y polígonos industriales. Formación Profesional y Universidad. Puede sonar menos épico que algunos discursos que se oyen por ahí, pero tiene una virtud: funciona.

5. Quinta certidumbre: la insistencia en la mejora continua. El inconformismo como método. No instalarse en la autocomplacencia ni en el relato triunfalista, sino mejorar constantemente, corregir, adaptarse y avanzar.

Para el PNV, la construcción social y la construcción nacional forman parte del mismo proyecto. Progresar políticamente como nación nos da las herramientas para abordar las incertidumbres y los grandes retos que se nos plantean. Una Euskadi más fuerte políticamente es también una Euskadi socialmente más preparada para afrontar un mundo que se presenta hostil.

Así hemos llegado hasta aquí. No con soluciones mágicas ni salvadores milagreros, sino trabajando, gestionando y mejorando. Estas son las certidumbres que ofrece el PNV para navegar las turbulencias que nos amenazan: seguridad en la gestión, ambición política y una trayectoria con resultados reales. Y en tiempos turbulentos esta es la mayor certidumbre posible: saber distinguir entre quien solo sabe hablar de “retos colosales” y “puntos de inflexión” y quien lleva tiempo demostrando compromiso y capacidad de construir un futuro mejor.