Oviedo está siendo, por unas horas, territorio babazorro. Las calles de la capital asturiana lucen desde esta mañana un inconfundible tono azul y blanco. Bufandas, camisetas y banderas identifican a una expedición albiazul que no ha faltado a una cita que, para el Deportivo Alavés, es una auténtica final.

Más de un millar de seguidores son los que se han desplazado hasta Asturias, dispuestos a llevar en volandas a sus jugadores hacia la permanencia en Primera División.

La mayoría lo han hecho a bordo de los autobuses organizados y subvencionados por el propio club, que también se encargó de gestionar las entradas y asumir parte de su coste para facilitar el desplazamiento.

Otros, los que se han buscado la vida por su cuenta, han llegado en coche o en tren. El cómo importa poco. Lo importante es estar allí.

Afición del Alavés en Oviedo. Hugo Alvarez

Y están. Bares, plazas y rincones del centro ovetense están acogiendo esa mezcla de nerviosismo y fe que solo generan los partidos que de verdad pesan. Los hay quienes llegaron ayer para no precipitar el viaje, quienes han madrugado sin remordimientos y quienes simplemente no han concebido otra opción. Porque, cuando el Alavés lo necesita, su afición no se lo piensa dos veces.

Afición del Alavés en Oviedo. Hugo Alvarez

No es la primera vez en esta temporada que la hinchada demuestra de qué está hecha. Lo hizo el pasado miércoles en Mendizorroza, cuando el ruido de las gradas arropó a los de Quique Sánchez Flores hasta doblegar al Barcelona. Los propios futbolistas reconocieron después que aquel apoyo había sido determinante. El mensaje caló hondo, motivando aún más el desplazamiento masivo al Carlos Tartiere.

Afición del Alavés en Oviedo. Hugo Alvarez

Con esa convicción en el equipaje, el millar largo de alavesistas llenarán el fondo visitante del estadio carbayón para sumar otro recuerdo a un curso en el que la afición babazorra ha demostrado, una y otra vez, que a este equipo no se le abandona cuando más lo necesita. La permanencia está a cerca.