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Neure kabuz

Jon Azua

Salud: de las calles a las estrategias de valor y equidad

Insertos en pleno conflicto en torno a las reivindicaciones de los profesionales de la salud y el Ministerio español de Salud, son demasiados los mensajes concentrados en la capacidad del sistema de salud, la disponibilidad (número, restricciones, condiciones laborales y modelo de negociación y/o representabilidad) de profesionales, la modalidad pública o privada (o su composición y prestación híbrida) y la propia representatividad real de quienes aprueban una sustancial reforma del marco para la salud distantes de su responsabilidad real en las decisiones y prácticas del sistema, con especial incidencia y reclamo o rechazo a la intervención de la actual ministra, mientras las movilizaciones y huelgas convocadas para los próximos meses conllevan, desde su legalidad, decenas de miles de cancelaciones de actividad programada, generando un grave deterioro de la asistencia y salud esperable.

Así, más allá de un marco estatutario adecuado para la regulación laboral de las competencias reales de diferentes gobiernos directores de diferentes modelos de salud (y, en consecuencia, de los presupuestos públicos que los financian), pareceríamos asistir a un debate insuficiente y desenfocado que escapa de una verdadera alineación con la pretendida universalización de la salud, su equidad y contribución al verdadero bienestar de las poblaciones atendidas o atendibles que exigirían ir más allá del importantísimo punto de conflicto en curso.

En este contexto, esta misma semana se ha publicado el Mapa de Equidad regional en salud de la Unión Europea (The EU Regional Health Equity Map) elaborado por la Social Progress Imperative (organización que viene publicando pormenorizados, rigurosos y contrastados informes desde su inicio formal ya en 2.009) aportando, sobre todo, su Índice de Progreso Social, más allá del Producto Interior Bruto, y un sinnúmero de índices complementarios en las principales temáticas pilar del indicador base.

En contestación generalizada, a lo largo del mundo, de la imperiosa necesidad de medir lo que en verdad los indicadores deben informar y no lo que la estadística tradicional, macro, disponible, ofrecería (y sigue ofreciendo), para identificar a niveles agregados Estado a Estado, datos de desarrollo comparado de la mano de un superado concepto de competitividad y bienestar identificable con un PIB hoy difícilmente reconocible (incluso con la irrupción de tecnologías disruptivas, la inteligencia artificial, automatización, robótica, etc.) o insuficiencia de datos oficiales definitivamente controlables cuando algunos gobiernos no aprueben presupuestos y mucho menos sus liquidaciones, el Índice de Progreso Social se ha venido consolidando. Si su primera edición se acercaba mucho a indicadores previos altamente dependientes del disponible dato del PIB y se limitaba a información estatal, poco a poco (Euskadi tiene el orgullo de haber sido la primera nación No Estado, regional o subnacional, según la terminología de quien lo utiliza, en aplicar junto con la SPI, el Instituto de Estrategia de la Competitividad de la Universidad de Harvard y Orkestra-Instituto Vasco de Competitividad en elaborar un Índice de Progreso Social regionalizado) se movilizó hacia el nivel micro explicativo en su verdadero impacto y ámbito facilitador de la toma de decisiones. Más tarde se han ido extendiendo a muchos países, la Unión Europea en su conjunto para todas las regiones del llamado Nodo 2 (242 unidades básicas territoriales para diseño y aplicación de políticas) y, de forma extensiva, en ámbitos municipales (como el caso pionero de México de la mano de Sintonía-UPAEP) como herramienta esencial en el diseño de políticas públicas. Es decir, entender “lo que en verdad indican los indicadores”.

En esta línea, como comentaba, la SPI acaba de publicar su mapa europeo enfocado y concentrado en salud, destacando las desigualdades relacionadas con la salud y base imprescindible para identificar los verdaderos determinantes sociales y económicos de la salud, de enorme relación para la toma de decisiones por las autoridades (no solo en el ámbito restringido de la “sanidad”, sino en términos de una salud holística, plena), lo que facilitaría el diseño de estrategias efectivas para garantizar y, sobre todo, mejorar la salud y el bienestar de las muy diversas y diferentes poblaciones atendibles.

El mapa ofrecido concentra un análisis y medición en tres áreas clave: la equidad en salud a través de nuevas lentes: el entorno-capacidades-recursos y sus fuentes de innovación y eficiencia-eficacia, los resultados o valor en salud verdaderamente logrados, y las percepciones de la gente respecto de la salud que se le ofrece. Un segundo espacio lo constituye el marco en el ciclo de vida atendiendo a resultados de mortalidad o incapacidades limitantes con independencia de los grupos etarios; y, finalmente, los diferentes determinantes sociales de la salud, región por región, cruzando los indicadores finales con el “Índice de Progreso Social de la Unión Europea Regional” y el Índice de Competitividad de una Europa regionalizada.

Siendo amplia la información “granular” que aporta, resulta importante destacar algunas evidencias que deberían ser tomadas en cuenta por gobiernos, autoridades (no sectoriales), conjunto de actores de la salud (todos: entidades privadas y públicas, gobiernos, profesionales, aseguradoras, pacientes, prestadores, población en general...) para informar políticas acertadas, rompiendo “mantras” que se instalan sin demostración o contraste alguno.

Un primer punto de referencia es que el Valor en Salud supera la frontera del “más atención en salud”. Un auténtico error limitar su consecución a mayor porcentaje de PIB, o más recursos y capacidad, sin más, o un limitado presupuesto y/o políticas de un Ministerio, Departamento o Autoridad de “Sanidad”. La concepción real e integrada de salud y bienestar va más allá de la asistencia sanitaria y exige su extensión ordenada a las políticas y servicios sociales, a los activos comentarios alineados con el propósito y valor en salud, a la educación por y para la salud, a los condicionantes socio-económicos asociados y, por supuesto, sí, a los recursos puestos a su disposición (sobre todo, personas-profesionales especializados y formados, y tiempo disponible para la atención) poco ayuda al valor en salud disponer de potentes redes de infraestructura de altísima calidad si la población no puede acceder al servicio de atención, prestación y cuidados requeridos en el momento necesario.

Esta evidencia se exige como hilo conductor de las estrategias completas y transversales focalizadas en aportar verdadero Valor en Salud.

Con este enfoque directo, el “mapa” presentado posibilita que cada una de las regiones analizadas, disponga de elementos clave para diseñar las políticas persistentes para mitigar o eliminar la inequidad, ir más allá de las capacidades y recursos existentes, hacer extensiva y de manera selectiva y diferenciada su aplicación y disponibilidad, ad hoc, en cada colectivo a lo largo de su vida (antes de nacer y después de su muerte), focalizar aquellos verdaderos condicionantes de la salud (más allá de conceptos tradicionales) y, por supuesto, redefinir el verdadero “Valor en Salud” a ofrecer a la población.

La complejidad, alcance, logro de dicho valor esperable, requiere de múltiples variables, políticas y programas, público-público y público-privado, debidamente cohesionados y alineados en una estrategia de salud y bienestar, articulando múltiples y complejas “coaliciones”. Su aplicación integral e integrada resulta esencial.

Inevitable contar con verdaderos indicadores debidamente informados. Hoy, la propia Unión Europea ofrece desiguales aplicaciones, diferentes grados de resultados obtenidos, muy distintos y distantes percepciones de la salud según la región en que se aplica y elevados grados de mortalidad a lo largo del ciclo de vida de los europeos.

Bajo principios irrenunciables y generalizados, con integralidad, de previsión, predicción, prestación, promoción y permanencia en sus sistemas, modelos, servicios, programas y definiciones, no es suficiente. Tampoco basta con incorporar a todo texto de reforma una mención a “garantizar e incorporar” los determinantes sociales y económicos de la salud, sin su tasación, presupuestos y planes específicos que los garanticen. Todo un complejo camino por recorrer, para generar un entorno propicio, atender las percepciones reales/ofrecidas de la salud, muchas veces divergentes respecto de la oferta real ofrecida por el sistema, atendiendo necesidades no cubiertas y, sobre todo, ofrecer verdadero Valor en Salud.

En definitiva, un instrumento útil, más allá de su aportación a la reflexión, para transitar hacia las estrategias deseables y, sobre todo, necesarias. Una extraordinaria aportación del SPI y sus Índices de Progreso Social. Un espacio esencial para comprender, también, una verdadera estrategia de Competitividad y bienestar.