Viajar alrededor del mundo, sola y sin hablar apenas inglés puede ser algo impensable para muchas personas. Sin embargo, Ana González lleva más de 26 años recorriendo el mundo así y fotografiando todo aquello que ve. 'Miradas del mundo' es el nombre de la exposición que ha llevado a cabo y que recoge algunas de las fotografías que ha hecho durante esos años por países como Etiopía, Madagascar, Cabo Verde o Indonesia. Estará disponible hasta el 31 de julio en la Sociedad Excursionista Manuel Iradier, en la calle Pintorería 15 de Vitoria-Gasteiz.

La colección recoge 41 retratos de personas procedentes de diferentes lugares, recogiendo así la realidad que se vive en países con culturas diversas. El factor común de todas las imágenes siempre es el mismo: la mirada. "Cuando una mirada es transparente te lo dice todo", asegura Ana González. Cuenta también, que junto a una sonrisa amable y un poco de mímica ha conseguido comunicarse allá donde ha ido y el recibimiento siempre ha sido positivo.

"Aquí no estamos acostumbrados a mirar a los ojos"

Normalmente sus destinos siempre suelen ser aldeas humildes, pueblos o ciudades con recursos limitados. "Me gusta alejarme de la vida occidental y ver realidades distintas. Aquí no estamos acostumbrados a mirar los ojos".

Retrato de la exposición fotográfica 'Miradas del mundo' por Ana González Cedida

En un principio, la fotógrafa no buscaba llevar a cabo retratos centrados en los ojos. Pero tras recoger varias fotografías a lo largo de los años, se dio cuenta de que varias fotos seguían el mismo patrón de enfocarse en la mirada. "A mi no me interesa hacer turismo. Yo quiero conocer a las personas y sus historias allá donde voy", explica González.

Dejarse llevar

"Yo empecé a viajar sola porque me daba una libertad que yendo acompañada no podía tener. Ir acompañada condiciona la experiencia", comenta González. Previamente, sus viajes siempre habían sido acompañados de su pareja, familiares o amigos.

Imagen de la exposición fotográfica 'Miradas del mundo' por Ana González Cedida

De hecho, al principio ella no tenía cámara, pero cuando veía las fotos de recuerdo de sus viajes, no veía reflejado lo que ella realmente recordaba. Por eso, la actual fotógrafa se compró su propia cámara y pudo aportar su visión del mundo.

De esta manera, González ha podido adentrarse en los rincones más escondidos del mundo, con tan sólo una mochila y una bicicleta. "A pesar de que siempre tengo un plan de rumbo y destino, intento dejarme llevar", añade.

Orígenes

La pasión de viajar de la fotógrafa viene desde su infancia, concretamente desde la admiración que sentía al mirar las imágenes del libro de historia. "Cuando tenía 10 años y vi el Taj Mahal en el libro de historia supe que iría en algún momento de mi vida", asume González.

Detrás del Taj Mahal llegaron las imágenes de las Pirámides de Egipto o el Chichén Itzá y para la fotógrafa, el libro de historia se convirtió en una lista en la que tachar cada destino al que acudía.

En su casa sus padres no podían permitirse hacer demasiados viajes. Pero fue su madre la que propuso la iniciativa de comprar una tienda de campaña con la que pudieran recorrer el mundo.

En su primer viaje llegaron a Castilla y León y se adentraron en un bosque en el que acampar. "En ese bosque acabamos llegando a un campamento gitano. Ahí fue la primera vez que conocí a gente con una manera de vivir diferente, nos ayudaron mucho y fueron muy generosos con mi familia", explica la fotógrafa.

Imagen de la fotógrafa Ana González Cedida

De está manera, la fotógrafa descubrió su pasión por conocer diferentes culturas, hablar con su gente y viajar de manera más local adaptándose a las costumbres y a la forma de vivir de esas personas.

Así, Ana González ha recorrido diferentes continentes del mundo y ha visitado más de 50 países, desde Marruecos hasta China, pasando por Kirguistán. En este último, recuerda sus vivencias con una tribu de nómadas que la acogieron y le enseñaron una filosofía de vida muy diferente a la que estaba acostumbrada.

Aprendizajes

A pesar de que la capacidad de integrarse de González en multitud de comunidades parece prácticamente innata, también han habido momentos donde el camino no ha sido nada fácil. "En Etiopía estuvimos al borde de la muerte por un problema generado por alguien del grupo, es el momento en el que he sentido más miedo", recuerda la fotógrafa.

Sin embargo, más tarde la comunidad de la zona le enseñó cómo era vivir ceremonias tradicionales desde dentro, como bodas o funerales.

En otra ocasión, en Etiopía fue a casa de una familia en la que la mujer no se mostraba nada receptiva. "Supe por su mirada que algo iba mal, parecía que no era bienvenida y le pregunté a un familiar a ver qué le ocurría", relata González.

El problema era que la mujer no entendía como Ana, teniendo todas las oportunidades en su país de origen, decidía viajar a un lugar tan remoto. "Yo le expliqué que yo no quería lujos, que tan sólo viajaba porque me gustaba conocer gente y culturas nuevas", añade la fotógrafa. Finalmente, la mujer acabó sonriéndole y acogiéndola en su casa.

Propósito a futuro

Esta exposición le ha dado la oportunidad a la fotógrafa de compartir con la ciudadanía vitoriana todo el arte de sus retratos. Además, la titulación y la edición de estas imágenes la ha hecho su compañero, Juan Fernando Tijero.

La fotógrafa no descarta quedarse a vivir una larga temporada en otro destino de cara a futuro, siendo Asia su continente preferido. Sin embargo, por motivos de salud y por la necesidad de estar cerca de su familia aún no ha decidido dar el paso.

"Mi intención es que la gente se vaya de la exposición pensando en qué puede haber detrás de cada mirada, que se imaginen la historia y las situaciones detrás de cada imagen"

De momento, Ana González tiene un propósito muy claro: "Mi intención es que la gente se vaya de la exposición pensando en qué puede haber detrás de cada mirada, que se imaginen la historia y las situaciones detrás de cada imagen".