El Club Waterpolo Lautada volverá la próxima temporada a la Primera División de la Liga Vasca después de lograr el ascenso y cerrar el curso como subcampeón. Un resultado que en el club entienden como la consecuencia de más de una década de trabajo continuo basado en la cantera.

El entrenador, Pedro Biart, lo resume sin matices. “Nos lo merecíamos desde hace mucho tiempo. Este grupo lleva años preparado para dar este salto”, asegura con una sonrisa de satisfacción tras una temporada exigente.

El ascenso llegó tras una temporada prácticamente impecable. Lautada terminó la liga empatado a puntos con el campeón, Leioa WP ‘B’, en una lucha muy igualada que se decidió por el criterio de desempate. 

El conjunto vitoriano firmó diecisiete victorias, dos empates y una sola derrota, quedándose a las puertas del título en la parte alta de la clasificación. El gran objetivo del curso, sin embargo, sí acabó en Vitoria: el regreso a la máxima categoría vasca.

La presidenta, Monika Fernández, subraya que el ascenso tiene un valor que va mucho más allá de lo deportivo. Explica que la labor de la junta ha sido silenciosa y constante, centrada en la gestión del club y el apoyo organizativo, pero reconoce el momento vivido. “Ver al equipo sénior en Primera es un orgullo enorme para todo el club”, afirma emocionada.

Una apuesta de fondo

El ascenso no se entiende sin el recorrido previo. Lautada ya compitió en la máxima categoría años atrás, pero el relevo generacional obligó a reconstruir el proyecto desde la base. Biart, que llegó en 2012, lo tuvo claro desde el inicio: “Si no formas desde abajo, el club desaparece. La cantera es la única garantía de futuro”.

La presidenta Monika Fernández, junto a Álvaro Gutiérrez, miembro de la junta directiva Jorge Muñoz

Ese proceso ha sido largo y sin atajos. El grupo que hoy celebra el ascenso empezó en categorías infantiles y ha crecido de forma conjunta hasta consolidarse como bloque senior. “Llevan años creciendo juntos y eso se nota en el agua”, explica el técnico, con una leve sonrisa al ver el camino recorrido.

El entrenador insiste en que no hubo un momento puntual de cambio, sino una evolución constante: “Hace tiempo que este equipo dejó de ser una promesa. Era cuestión de seguir insistiendo y no romper el grupo”. Una idea que explica por qué dentro del Lautada el ascenso no se vive como una sorpresa, sino como la consecuencia lógica de muchos años de trabajo.

"Hace tiempo que este equipo dejó de ser una promesa. Era cuestión de seguir insistiendo y no romper el grupo; hay chavales que han renunciado y sacrificado muchas cosas, este deporte exige compromiso total"

Pedro Biart - Entrenador del Lautada

Más que un ascenso

Detrás del éxito hay un esfuerzo diario que no siempre se ve. Entrenamientos exigentes y una implicación total que también afecta a las familias. Biart lo dice de forma directa: “Hay chavales que han renunciado y sacrificado muchas cosas. Este deporte exige compromiso total”.

Buena parte del mérito corresponde a una generación formada íntegramente en el propio club. Muchos de los jugadores que han conseguido el ascenso todavía compaginan la categoría sénior con la juvenil, compartiendo vestuario con compañeros de más de 25 años. Una convivencia que, lejos de generar diferencias, se ha convertido en una de las grandes fortalezas del grupo.

Desde la junta directiva, Álvaro Gutiérrez destaca que el reto no es solo deportivo, sino también de visibilidad. “El problema no es que no guste el waterpolo, es que mucha gente ni siquiera sabe que existe en Vitoria”, apunta.

Imagen de un entrenamiento del Lautada en Mendizorroza Jorge Muñoz

Por ello, el club ha reforzado en los últimos años los campus y la actividad en redes sociales con el objetivo de acercar este deporte a nuevos jugadores y familias.

La presidenta Fernández añade que el ascenso puede marcar un antes y un después para el club. Considera que competir en Primera ayudará a visibilizar el proyecto y a reforzar la cantera. “Si conseguimos estabilidad, podremos evitar que los jugadores tengan que marcharse fuera para seguir creciendo”, explica con nostalgia.

La apuesta por la cantera también ha dejado huella más allá de Vitoria. Varios jugadores formados en Lautada compiten hoy en día en categorías nacionales después de marcharse por motivos académicos o laborales. “Algunos están jugando en Nacional, en Valencia, en Uruguay, en categorías muy altas, pero se han criado aquí desde pequeños”, presume con orgullo la presidenta.

El propio Biart recuerda una temporada intensa, con el equipo peleando por el título hasta el final. Aun así, se queda con lo esencial: “Este ascenso es el premio a años de insistir cuando era más fácil rendirse”.

"Si conseguimos estabilidad, podremos evitar que los jugadores tengan que marcharse fuera para seguir creciendo. Algunos están jugando en Nacional, en Valencia, en Uruguay, en categorías muy altas, pero se han criado aquí desde pequeños"

Monika Fernández - Presidenta del Lautada

La convivencia entre generaciones también ha sido clave. En el mismo equipo juegan juveniles de 16 años hasta séniors de 25 o más, algo que se a convertido en una fortaleza. “Aquí nadie es más importante que nadie. Esa mezcla nos ha hecho más fuertes e incluso los más jóvenes son la base del equipo”, confirma entre risas el entrenador Biart.

Lugar para creer

El verdadero desafío para Lautada comienza ahora: dejar de ser un equipo ascensor y asentarse en la Primera División Vasca. Biart resume esa ambición con claridad: “Ahora no se trata de volver a subir, sino de asentarnos. Queremos ser un equipo estable en la categoría”.

El técnico Pedro Biart, de origen cubano, es una de las claves del buen momento del Lautada Jorge Muñoz

Fernández insiste en que el éxito es colectivo y recuerda a quienes han sostenido el proyecto durante los años más difíciles. “Este logro es de todas las personas que han pasado por el club y han ayudado a que hoy estemos aquí”, recuerda con agradecimiento. 

El waterpolo alavés vuelve así a la Primera División de Liga Vasca con un proyecto que no se explica solo desde el resultado, sino desde la paciencia, la cantera y la continuidad de todo un club. Un ascenso que en Lautada se interpreta como la confirmación de que el trabajo silencioso también puede tener recompensa.

"El problema no es que no guste el waterpolo, es que mucha gente ni siquiera sabe que existe en Vitoria"

Álvaro Gutiérrez - Miembro de la junta directiva del Lautada

Este éxito ha dejado también un impacto especial en el vestuario, donde se mezcla la satisfacción por lo conseguido con la sensación de haber cerrado un ciclo muy largo. En el grupo se respira orgullo, pero también cierta incredulidad por todo lo vivido en los últimos años. “Al final todo esto es la recompensa a no rendirse”, resume el entrenador.

Ahora el foco ya está puesto en el futuro inmediato, con el reto de adaptarse a una categoría más exigente sin perder la identidad que ha llevado al equipo hasta aquí. El club asume que será un año de aprendizaje, pero también de crecimiento. “El siguiente reto es estabilizarnos en Primera”, confiesa Biart. Un objetivo que en Lautada entienden como el comienzo de una nueva etapa y no como el final del camino.