Diez años dan para mucho en el mundo del fútbol. El Deportivo Alavés que aterrizó en Primera División en 2016, habiendo resurgido de sus cenizas desde Segunda B, y el que prepara ahora la temporada 2026-27 no tienen nada que ver en lo que respecta a la forma de construir la plantilla. Y un ejemplo de ello es el papel de las cesiones en una y otra planificación.
Aquel equipo, del que tomó las riendas Mauricio Pellegrino, llegó a acumular hasta diez futbolistas a préstamo en su vuelta a la élite, una fórmula entonces casi imprescindible para competir con músculo prestado. Marcos Llorente, Theo Hernández o Deyverson fueron algunas de las piezas que el técnico argentino ensambló en una de las temporadas más brillantes de la historia del club, coronada con una final de Copa.
Ese modelo ha ido perdiendo peso con el paso de los años. La pasada campaña, por ejemplo, el Alavés cerró con solo cuatro cedidos en su plantilla: Jon Pacheco, Calebe, Ville Koski e Ibra Diabate, estos dos últimos incorporados en enero para reforzar un equipo que luchaba por la permanencia. La diferencia con aquel curso 2016-17 es elocuente y responde a una apuesta sostenida por afianzar un bloque propio, con jugadores vinculados a medio-largo plazo.
HASTA 2031
El resultado de esa política es visible en los números. De los futbolistas que, por ahora, conforman la plantilla para 2026-27, trece tienen contrato más allá de 2027. Es decir, al menos hasta la temporada 2027-28. Algunos casos van mucho más allá: Pablo Ibáñez y Ángel Pérez, dos de las apuestas de futuro del club, tienen vinculación hasta 2030. Otros como Lucas Boyé, Víctor Parada y Nahuel Tenaglia lo están hasta 2029.
Y por encima de todos aparece el nombre de Koski, el central finlandés que llega procedente del Istra tras una recta final de campaña prometedora. El acuerdo alcanzado para su traspaso definitivo le une al club hasta 2031, convirtiéndolo en el jugador con el contrato más largo de todo el primer equipo.
El caso de Koski es, además, representativo de una tendencia que el club ha ido cultivando en los últimos años: apostar por jugadores cedidos que funcionan y, si la operación es viable económicamente, retenerlos con un acuerdo en propiedad. El propio Carles Aleñá llegó al vestuario albiazul a préstamo procedente del Getafe antes de firmar en propiedad el verano pasado. El mismo camino recorrió Tenaglia, ahora uno de los capitanes del equipo.
Esta solidez contractual no solo aporta estabilidad deportiva. En caso de que alguno de estos jugadores salga antes de que expire su vínculo, el Alavés parte de una posición de fuerza para negociar su traspaso y obtener un rédito económico. Un activo que antes, con los préstamos como columna vertebral, sencillamente no existía.
NUEVA NORMATIVA
El cambio de modelo llega, además, en el momento oportuno. La RFEF ha aprobado una normativa que entrará en vigor precisamente esta temporada 2026-27 y que limita a seis las cesiones entrantes y salientes por club entre equipos nacionales.
La medida, que pretende frenar los abusos derivados de la multipropiedad y regular un mercado que se ha vuelto cada vez más complejo, obliga a los equipos a ser más selectivos a la hora de recurrir a los préstamos. Aunque la norma incluye una excepción para jugadores formados en el propio club entre los 15 y los 21 años, el margen de maniobra se reduce de forma considerable.
Para un club como el Glorioso, que en los últimos años ha ido reduciendo orgánicamente su dependencia de las cesiones, el impacto de esta nueva regulación será menor que para otros equipos que aún sustentan buena parte de su plantilla en jugadores temporales. El trabajo de planificación realizado en los últimos ejercicios permite afrontar este nuevo escenario desde una posición más cómoda.