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“Queremos estar entre 2.700 y 2.900 visitantes esta Semana Santa”

El Valle Salado de Añana cada vez es más conocido, "pero no es un parque tématico”, insiste su director gerente Pablo de Oraá

“Queremos estar entre 2.700 y 2.900 visitantes esta Semana Santa”Jorge Muñoz

El mensaje de Pablo de Oraá, director gerente del Valle Salado de Añana,para esta Semana Santa se resume en dos palabras: “gratitud” a la naturaleza, por haberles regalado “la mejor sal del mundo”, una joya gastronómica que es de origen manantial, “porque eso es muy difícil y nos hace diferentes” y “esperanza”, de buen tiempo, para estos días festivos “en los que queremos estar entre las 2.700 y 2.900 personas”.  

Pese a ello, insiste en que este destino turístico único, con más de 7.500 años de antigüedad documentada, “no es un parque temático”, puesto que la misión siempre será la de defender su espíritu artesanal, “ya que no trabajamos con maquinaria, sino con identidad y autenticidad. Los romanos ya lo sabían: viento, sol y sabiduría del salinero. Queremos ser respetuosos con nosotros y con la naturaleza que nos une”. 

Por eso, la sostenibilidad es la que sigue rigiendo este patrimonio arquitectónico paisajístico, arqueológico, geológico y ambiental en el corazón de Álava. Y también en las visitas que organizan todo el año, y más ahora, que comienza su temporada alta, la que va de desde Semana Santa hasta el Pilar. Y las expectativas para estos días festivos son “muy esperanzadoras”, pese a tener esa dependencia climatológica importante, “no tanto del frío, sino de la lluvia”, matiza De Oraá. 

Pablo de Oraá

Reservas

Las reservas “van muy bien”, resume. En cuanto a la procedencia de los visitantes en Semana Santa, el 22% suele ser de Euskadi, lo que implica que tiene “un porcentaje importante” de los llegados de Madrid, Cataluña, Valencia, Aragón y Castilla, así que por esa razón, se suelen solicitar con anticipación “vía internet o telefónica”. 

En concreto, desde el Jueves Santo hasta el lunes de Pascua ofrecen 23 grupos diarios en los que pueden entrar 30 personas máximo, “pues prácticamente cada cuarto de hora, desde las diez de la mañana hasta las seis de la tarde. Tenemos una estimación de unas 3.200 personas como máximo. Queremos estar entre las 2.700 y 2.900 personas en esos días de Semana Santa”. 

En comparación con las reservas de Semana Santa de hace un año, “tenemos una estimación moderadamente inferior a la del año pasado, porque tiene una dependencia importante de las fechas de cómo cae la Semana Santa. Hace dos años, cayó muy pronto, en marzo. Y este año cae a primeros de abril”.

Si bien, las reservas siempre cambian cuanto más nos acercamos a los días en rojo. 

En cuanto al puente del 1 de mayo, que cae en viernes, “tenemos completos muy altos. Desde el día 2 de mayo tenemos prácticamente el 80 o 82% cubierto ya. Las personas que lo reservan son fieles totalmente, porque ya saben que vienen al norte y vienen abrigadas”. Vamos, que no fallan, contra viento y marea. Pero la cosa cambia con sus visitantes de cercanía, los de Euskadi, “de los territorios que nos rodean, que si ven que mañana va a llover, posponen la visita” porque cuando se hacen a las salinas no queda otra que hacerlas en el exterior. 

Alternativas

Pese a ello, tienen “alternativas para todo”. El martes, por ejemplo, les llegó un grupo de estudiantes letones de Erasmus, de un instituto de Vitoria, y hacía muy buen tiempo, pero si hubiera hecho malo, como ocurrió dos días después, el jueves, “tenemos una sala cubierta, de proyección especial de realidad envolvente, para una realidad virtual en 3D de las salinas, muy buena, para cuando hace mucho frío, lluvia, o también mucho calor, porque tiene aire acondicionado”. 

Después, se suele complementar con una visita in situ por las salinas, pero de menor tamaño. “Y, por otra parte, tenemos diferentes recorridos, totalmente inclusivos, de cualquier dependencia visual, de motricidad, de psicomotricidad, etc.”.

Para estos días, los talleres salineros, en los que se aprende a producir sal, en familia, de forma lúdica y divertida, tienen gran aceptación. Y el pediluvio y maniluvio, rememorando los baños que tomaban los antiguos salineros cuando producían la sal, también son muy demandados por amas, aitas, amamas y txikis:

“Es sumergir los pies o las manos en nuestras salmueras, que tienen un poder antiséptico y antiinflamatorio muy importante. Es un placer”. 

Produción de sal

En cuanto a las previsiones de su producción de sal, que se realiza mediante técnicas tradicionales y bajo unos parámetros de sostenibilidad y respeto por el paisaje, son inciertas, porque también dependen del tiempo. “La producción de sal suele ser entre mayo y septiembre-octubre. Y dependemos, básicamente, de que haya sol y viento”. Así que la lluvia “para nuestro periodo de producción, no es buena. Pero solo vamos a producir lo que creemos que vamos a vender”.

Para este fin, únicamente tienen dedicadas 210 eras. “Por lo tanto, solamente vamos a producir lo que vamos a vender o donar a los bancos de alimentos de los territorios que nos rodean, a Zaporeak o a las escuelas de hostelería de Euskadi”. 

En imágenes: Aitor Arregi, embajador del Valle SaladoNatalia García Zamora

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MÁS CONOCIDOS

Respecto a la que se comercializa, agradecen “siempre” la confianza que les ha depositado la comunidad de consumidores. Un boca a boca que está consiguiendo que sea más conocida, al ser de las pocas que hay “totalmente natural y artesanal”.

La calidad, eso sí, no varía “porque dependemos de un fenómeno geológico que se llama diapiro (por el que depósitos de sal de un antiguo mar afloran a la superficie). Entonces, en la salmuera que sale, hay una homogeneidad. Y la inmensa mayoría de las que están en el mercado de origen marino”. 

Un destino único en el corazón de Álava

Así que no compiten en cantidad, sino en calidad. “Nuestra sal es de origen de manantial y eso es muy difícil y nos hace diferentes. Estamos reconocidos por la FAO-ONU como un Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM). Esto es como la Champions League de la producción del agro”, ensalza el director gerente del Valle Salado que no se cansa de enumerar sus virtudes:

“Tenemos la que menos cloruro sódico tiene del mercado. Posee 84 oligoelementos que, en general, el resto no tiene. Una sal mineral natural, sin aditivos y refinados, que destaca por su alta pureza y por ser libre de microplásticos”. 

Y su lema es tan claro como ella: “Sal y descúbrenos”.