3 de Marzo. Huelga, masacre, memoria (Ed. Txalaparta) es el libro, en formato de bolsillo, con la idea de llegar a un público “más amplio”, que firma el historiador Jon Martínez Larrea, colaborador en diferentes medios y que ha participado en congresos de historia contemporánea y en publicaciones académicas sobre movimientos sociales alaveses, principalmente durante la Transición.
Verá la luz el día 25 de este mes, a menos de una semana para la conmemoración del 50 aniversario de esta masacre, pero antes, la víspera, tendrá lugar su presentación en el Hogar Extremeño de Vitoria, a las 19.00 horas. Está en la calle Vicente Manterola, frente a la iglesia San Francisco de Asís, de Zaramaga, donde a las 17.10 horas de ese aciago día de 1976, la policía, desalojó con gases lacrimógenos y fuego real una asamblea obrera. Cinco trabajadores fueron asesinados y hubo más de 150 heridos.
Al comienzo del libro afirma que este aniversario redondo es una buena fecha para mirar hacia atrás.
–Sí. Es cierto que ya se ha escrito bastante sobre el 3 de Marzo, pero yo creo que también había la oportunidad de revisar un poco lo que había y también de aportar nuevas ideas.
¿Qué buscaba al escribirlo?
–El objetivo es también llegar a un público amplio, es decir, tanto a la gente que vivió el 3 de Marzo, que conoce un poco todo lo que sucedió, pero también a la juventud, que igual sí que tiene alguna referencia, pero también a los que todavía no saben muy bien todo lo que pasó en esos meses del 76 en Vitoria.
Su tesis como doctor en Historia analizó los movimientos obreros y vecinales de Álava durante la Transición. ¿De dónde le viene este interés? ¿Ha partido de alguna línea de la misma para seguir investigando con este libro?
–Siempre me ha interesado el tema de los movimientos sociales y un poco la historia social. Quise estudiar un poco lo que eran los años 80, las fechas y tal, pero luego vi que era muy importante saber lo que había pasado antes, durante la Transición. Conocía algo el movimiento obrero, pero así lo he conocido mucho más y sobre todo el movimiento vecinal, que para mí era bastante desconocido. Y la cuestión es que sí, que está relacionado totalmente porque no es que sea parte de mi tesis el libro, pero sí que es parte de un capítulo de mi tesis. Porque toda la huelga que se produjo antes del 3 de Marzo marca todo ese proceso. Y ahora me ha parecido más interesante, para llegar a un público más amplio, realizar este libro.
INVESTIGACIÓN
Esta semana las Juntas Generales reclamaron la desclasificación de los documentos del 3 de Marzo. ¿Ha tenido algún problema a la hora de revisar la bibliografía de la época y de sumergirse en archivos para documentarse?
–Sí, en algunos casos. Por ejemplo, las leyes para consultar los archivos son bastante restrictivas. En muchos casos, sobre todo cuando son material secreto, hay que pasar 50 años, por lo que no he podido acceder a muchos documentos que seguramente dentro de poco ya estarán en acceso, pero bueno, en otros muchos, tantos policiales como, sobre todo, de servicios secretos, su acceso es bastante restringido. Pero también tengo que decir, lo contrario. Aquí, por ejemplo, en Álava, he consultado bastante lo que es el archivo de la Subdelegación del Gobierno de Álava, el archivo de Álava, que es lo que era el archivo histórico-provincial antes, y realmente he podido consultar bastante documentación. Pero yo creo que es más una excepción que una regla.
Las Juntas también instaron a acelerar la creación del Memorial y, de hecho, al final de su libro se aclara que cuando se acabó de diseñar, que todavía no está aclarado si las víctimas contarán con un centro digno. ¿Cómo ve el proceso para impulsar este centro?
– Las cosas que decimos en el libro es que la memoria del 3 de marzo cada vez es más hegemónica en la ciudad, pero al mismo tiempo sigue siendo conflictiva. Hay diferentes lecturas, y también veo una divergencia clara, no solo de ahora, sino que viene de hace muchos años, entre las instituciones y las víctimas. Y yo creo que esto se refleja muy bien en el proyecto del memorial. Es un proyecto impulsado desde la Asociación 3 de Marzo y Memoria Gara, que tienen un proyecto claro, pero realmente las instituciones se sumaron con el tiempo, pero sigue habiendo muchas dificultades para que se lleve a cabo. Parece que está cada vez más cerca, pero no sabremos si ya para este 3 de Marzo.
VIOLENCIA POLICIAL
La matanza de los cinco obreros vitorianos a manos de la policía pone en cuestión también la versión de una transición modélica y pacífica. ¿La violencia policial también fue uno de los componentes del cambio político?
–Yo creo que sí. Es una de las tesis que defiendo. Creo que el ejemplo de Vitoria es el más sangrante, pero a lo largo de todo este proceso, hay múltiples episodios de violencia policial. Por ejemplo, también está el caso de San Fermín en el 78 (cuando el 8 de julio, tras el despliegue de una pancarta en favor de la amnistía total, la Policía Armada intervino dejando más de 150 heridos y un estudiante muerto por un tiro en la frente). La represión policial fue uno de los ingredientes de este cambio político. En mi opinión, fue utilizada para que este proceso de cambio no se rebasase y que no habría una alternativa rupturista.
Afirma que para entender la masacre es necesario conocer los pormenores de la huelga. Por ejemplo, cuenta en él que los huelguistas quisieron acabar con todas las represalias antes de negociar las condiciones laborales.
–Yo creo que, en general, el proceso huelguístico que se vivió se conoce bastante poco. Sobre todo, se centra bastante en lo que fue el día 3, que indudablemente es importante, pero no se conoce mucho de toda esa huelga, de decir, una ciudad que aparentemente era “pacífica”, en dos meses, una parte importante de la clase obrera vitoriana se lleva a cabo una huelga bastante radical y que supera las expectativas de los que lo movieron. Al principio las reivindicaciones eran económicas, pero a medida de que hubo despidos y bastantes detenciones, sobre todo por la actuación de los piquetes o de incidentes en las manifestaciones, esto ya pasa a primer plano.
Y también hay que matizar un poco, que es cierto que los planteamientos eran económicos al principio, pero hay cierto componente político, rupturista. Desde el principio se rechaza la participación del sindicato vertical y también hay que tener en cuenta que las peticiones de subidas económicas eran lineales, pues hasta entonces eran subidas porcentuales y con las peticiones lineales lo que se quería era reducir las diferencias salariales dentro de las fábricas, entre los puestos que cobran más y los que cobran menos.
Cuenta también que el cambio de actitud de la policía se comentó en las asambleas. Por ejemplo, tras manifestaciones como la del 2 de febrero en la que hubo grandes disturbios en Portal de Arriaga.
–Sí, lo cierto es que en las primeras semanas de la huelga hay alguna concentración, sobre todo en la sede del sindicato vertical y en más de un año la policía no actúa en contra de los manifestantes. Pero a partir de febrero, cuando en las comisiones representativas y las asambleas se toma la decisión de extender el conflicto a la calle, a través de manifestaciones, es cuando la violencia policial aparece de la manera más cruda. Prácticamente, ese mes de febrero en casi todos los fines de semana, además de las huelgas generales, ya hay incidentes entre policías y manifestantes.
MUJERES EN LUCHA
Destaca también que las mujeres fueron protagonistas de la lucha de Gasteiz, como las esposas de los huelguistas, que se organizaron y fueron fundamentales para la extensión de la misma. Pero también que las estadísticas muchas veces las escondían, pese a hacer los mismos trabajos, aunque en categorías más bajas.
–Sí, yo creo que eso es una de las claves también de la lucha, que muchas veces también no aparece. Por un lado, como has comentado, las mujeres de los huelguistas empezaron a organizarse, ellas más o menos decían que había que ganar esta huelga porque si no los maridos venían enfadados a casa, pero poco a poco fueron sacando reivindicaciones propias: se hablaba del tema de la seguridad social, de que no podían trabajar porque apenas había guarderías, porque las que había eran privadas y con los sueldos de los obreros era imposible pagarlas, y también no solo a través de las asambleas, sino que salieron a la calle con esas marchas de bolsas vacías, que yo creo que fueron fundamentales para llamar la atención a la ciudadanía de Gasteiz, de las consecuencias de la lucha.
Llevaban ya semanas en huelga, cada vez era más difícil mantener a la familia, y eso ayudó a extender la lucha más allá del mundo industrial hacia la sociedad en general y, sobre todo, eso se ve muy bien en los barrios. Su función en la sociedad era estar en casa. Y dijeron salimos a la calle y nos reivindicamos por lo que somos.
Cita a las trabajadoras de Areitio, unificaron género y clase.
– Areitio era una fábrica en la que la mayoría de las operarias eran mujeres, pero en este caso se veía claro que las diferencias en el sueldo entre las mujeres y las hombres eran evidentes. Por eso fue que en esa fábrica las que tomaron la iniciativa fueron las mujeres y a través de las actas de las asambleas se ve cómo reflexionan. En una plantean que al principio en la fábrica la mayoría eran hombres, pero poco a poco eso fue cambiando. ¿Por qué sucedió eso? Por algo tan sencillo como para los empresarios el sueldo de las obreras era más barato que el de los obreros. Se dan cuenta de que además de ser obreras también son mujeres y son explotadas doblemente.