Mónaco sigue siendo un territorio maldito para el Kosner Baskonia. El conjunto gasteiztarra dio la cara en el Principado durante los tres primeros cuartos, con muchas idas y vueltas pero equilibrados en cuanto a resultado, pero, como en otras tantas ocasiones esta temporada en la Euroliga, se terminó diluyendo y dejó escapar la oportunidad de hurgar en la herida de un rival en crisis que llevaba sin ganar un mes en el torneo continental.

El inicio del encuentro no fue esperanzador para el Baskonia, que entró en la cancha más especulativo que el Mónaco y vio cómo Theis le hacía mucho daño en sus acciones de bloqueo y continuación con Mike James y el 10-2 subía al electrónico a los tres minutos de juego. No tardó Galbiati en introducir cambios en su quinteto titular formado por Forrest, Howard, Radzevicius, Kurucs y Diop en busca de una reacción, que llegó de la mano del acierto exterior con cuatro triples seguidos de Howard, Diakite, Luwawu-Cabarrot y Omoruyi para igualar el marcador con el 14-14.

El triple siguió dando réditos a los vitorianos hasta el final de un primer cuarto en el que anotaron seis dianas en nueve intentos, pero las grietas por dentro, primero con Theis y luego con Mirotic, fueron demasiado grandes y el Mónaco cerró el parcial por delante (29-24).

Los hombres de Galbiati mantuvieron su acierto exterior en la reanudación, cuando con dos triples consecutivos de Radzevicius y Howard se colocaron por primera vez al frente del marcador con el 29-30. Poco después llegó la primera canasta de dos puntos azulgrana desde el 8-2, significativa de cómo estaba siendo el partido para el Baskonia. Eso sí, aunque siguió castigando la permisividad local en la defensa exterior, no encontró la forma de frenar por dentro a Mirotic, encargado de colocar la primera diferencia de dobles dígitos en el electrónico (42-32).

Ese primer momento delicado en el encuentro lo salvaron los gasteiztarras con solvencia gracias a un parcial de 0-14 con una defensa más física y muchas canastas en transición de unos agresivos Forrest, Luwawu-Cabarrot y Omoruyi con el que lograron no sólo volver a meterse en el partido, sino también marcharse al descanso por delante con el 46-50.

Desdibujados en el desenlace

La segunda parte no empezó mal para el Baskonia con un triple de Kurucs, pero las polémicas decisiones arbitrales, pitando faltas demasiado rigurosas a los alaveses, enturbiaron el encuentro y beneficiaron al Mónaco. Los visitantes entraron en bonus al minuto y medio de juego del tercer cuarto y los locales lo aprovecharon para encadenar un parcial de 10-0 y recuperar el mando del choque con el 56-53.

Mike James, más acertado en sus internadas a canasta, intentó poner tierra de por medio, pero Diakite y Omoruyi cortaron el parcial con sendas acciones de dos más uno. A partir de ahí, con el Mónaco también en bonus, las fuerzas se igualaron y ambos equipos se fueron intercambiando golpes sin que ninguno lograra destacarse en el marcador. Incluso con Nowell en cancha, que inesperadamente contó con protagonismo por la acumulación de falta de Simmons, el Baskonia mantuvo el pulso y llegó a los diez minutos decisivos a un punto de los locales con el 74-73.

En la reanudación, la energía y agresividad de Omoruyi no fue suficiente contrarrestar a la dupla James-Okobo, que se echó a su equipo a la espalda en ataque y aprovechó algunos errores visitantes para empezar a poner tierra de por medio hasta el 84-77.

Hizo el amago el Baskonia de acercarse con Forrest y Simmons, desaparecido hasta entonces, compartiendo cancha (84-81), pero su defensa no fue tan sólida como en otros tramos y cometió errores, algunos de ellos de bulto de Diakite. El Mónaco, por su parte, encontró una fórmula que le funcionó bien con Begarin como pívot de circunstancias en quintetos pequeños y lo aprovechó para colocar el 95-83 con un triple de Alpha Diallo. El alero aguantó con cuatro faltas casi hasta el final del último cuarto y dejó el duelo prácticamente sentenciado a dos minutos y medio del final.

Lo intentó el Baskonia, pero ya no había tiempo y realmente tampoco necesidad de forzar más de la cuenta y arriesgarse a sufrir una lesión antes del importante derbi del domingo en Bilbao y sobre todo la Copa del Rey. Eso sí, quedó la sensación de oportunidad perdida de hacer sangre ante un rival convaleciente.