La mágica racha de siete victorias del Kosner Baskonia en la ACB llegó a su fin en cancha de La Laguna Tenerife, que demostró que, en caso de enfrentarse en los cuartos de final de la Copa del Rey, será un rival muy difícil de superar. Los canarios, comandados por un imperial Marcelinho Huertas a sus 42 años, consiguieron un colchón de 15 puntos en la primera parte gracias a un juego coral sin fisuras y cuando los azulgranas apretaron los dientes e hicieron daño al brasileño por medio de un Spagnolo encendido, se valieron de su experiencia para defenderse y retener la victoria.

Galbiati, que optó por dar descanso a Forrest, apostó de inicio por Simmons, Villar, Radzevicius, Kurucs y Diop, que arrancaron el duelo menos atinados que un Tenerife que se colocó con una tempranera renta de 8-2 gracias a los triples de Van Beck y Huertas.

Howard, autor de siete tantos en el primer cuarto, despertó a los azulgranas en ataque, pero el duelo entró en una fase de intercambio de golpes en el que el Tenerife daba respuesta con excesiva facilidad a cada intento de los visitantes de recortar distancias. La distancia giró alrededor de esos seis tantos hasta que, al final del primer parcial, los canarios castigaron las segundas oportunidades concedidas por los alaveses en el rebote para alcanzar los diez puntos de ventaja con un triple de Scrubb.

Intentó solventar Galbiati esos problemas en el rebote situando a Kurucs como pívot y a Frisch en el cuatro, pero el ajuste táctico no tuvo ningún efecto y el Tenerife siguió sacando partido de sus segundas oportunidades y el acierto exterior para estirar la renta hasta el 37-21 que ya resultaba preocupante con aún ocho minutos de la primera parte por disputarse.

Una vez construido ese colchón, los hombres de Txus Vidorreta, curtidos en mil batallas, llevaron el choque a su terreno. Adormecieron el encuentro, alargaron las posesiones e impidieron al Baskonia correr y anotar canastas fáciles. Simmons y Spagnolo intentaron hacer daño mediante sus penetraciones, pero no fue suficiente para recortar distancias con un Tenerife más coral, que no perdió balones ni cometió errores, lo que le sirvió para que el choque no se descontrolara y marcharse al descanso con una importante renta de 50-35.

Demasiado territorio que recuperar

El paso por el vestuario sentó bien a los gasteiztarras, que volvieron al parqué más vivos. Con Villar como base, el Baskonia elevó su tono físico, sacó mayor partido de sus oportunidades de correr la cancha y se valió de los puntos de Howard y de Diakite, el segundo sin incidencia en la primera parte por sus problemas de faltas, para acercarse a siete puntos con el 57-50 y reavivar las esperanzas de llevarse el triunfo.

Tuvieron que dar un paso al frente entonces los líderes de cada equipo, con Luwawu-Cabarrot, discreto hasta entonces, cargando el peso del ataque azulgrana e intentando completar la remontada a base de ser agresivo y acudir a la línea de la personal mientras el incombustible Marcelinho Huertas mantenía a flote a los locales con sus característicos tiros de media distancia desde el bote, uno de ellos para colocar el 66-58 al término del tercer cuarto.

Siguió dominando el tempo del encuentro el brasileño en la reanudación, en la que el Tenerife dio una clase magistral de cómo mover el balón mientras al Baskonia le entraban las prisas al ver que el reloj avanzaba y la distancia en el marcador crecía en lugar de reducirse.

Abromaitis colocó el 75-62 en el electrónico tras la enésima acción de bloqueo y continuación entre Huertas y Guerra. Spagnolo, más entonado que Simmons al timón durante toda la cita, plantó cara e hizo daño a Huertas atacándolo en el lado contrario de la cancha y alcanzando su mejor marca anotadora en la ACB con 21 puntos.

De hecho, prácticamente él solo consiguió reducir la distancia hasta sólo cuatro puntos (82-78) y tuvo la oportunidad de acercarse a tres, pero falló su primer tiro de todo el encuentro y Huertas respondió con una bandeja en transición en el aro contrario para colocar el 85-78 a falta de un minuto, golpe del que los alaveses, pese a su empeño ya no tuvieron tiempo para reponerse.