El Deportivo Alavés cogió oxígeno en la clasificación tras su victoria ante el Real Betis (2-1). Un encuentro en el que, además de sumar tres puntos, la mejor noticia fue ver cómo varios jugadores albiazules volvieron a mostrar su mejor nivel sobre el césped de Mendizorroza.

Uno de ellos fue en el que más se centraron todas las miradas en la previa del duelo: Carlos Vicente. El extremo maño se convirtió en uno de los culebrones del Alavés en el mercado estival el pasado verano. Su posible salida, junto a la de Antonio Blanco, fue una opción real después de despertar el interés de varios equipos europeos con gran poder adquisitivo.

Fichado por el Racing de Ferrol en enero de 2024 por 600.000 euros, el atacante de Zaragoza cayó de pie en la capital alavesa desde el primer momento. En su primera media temporada anotó dos goles y repartió cuatro asistencias en 19 partidos, mientras que en la pasada campaña anotó cinco goles y otorgó seis asistencias en 38 encuentros.

Este año, sus números se han disparado y la última actuación ante el Real Betis en Liga, ganando el MVP del partido, fue la viva prueba de ello. 

Vicente logró su décimo gol de la temporada, además de tres asistencias, en 25 enfrentamientos. No es de extrañar de que equipos como el Ajax o el Birmingham, este último el que más opciones tiene de hacerse con su firma por ocho millones, estén al acecho del futbolista alavesista.

Muy cerca de Inglaterra

Las negociaciones con el conjunto de la Championship –segundo escalón del fútbol inglés– apuntan a estar en una fase final para que la operación acabe concretándose por dicha suma de dinero. Vicente, que termina contrato con el Alavés en junio de 2027, podría hacer las maletas en las próximas horas rumbo a Inglaterra.

El contrato con el club de Birmingham se cerraría para que el maño dispute las próximas tres temporadas y media en la segunda ciudad más poblada del Reino Unido.

La venta de Vicente supondría el desembolso de una cantidad importante de dinero que llegaría a las arcas de la entidad del Paseo de Cervantes para afrontar la recta final del mercado invernal. Con esos ocho millones, el Alavés tendría una importante suma con la que apuntalar su plantilla de cara a la segunda vuelta del campeonato. Eso sí, todo ello a coste de desprenderse de una pieza fundamental dentro del esquema.

83 Minutos de puro desborde

La actuación del futbolista maño no fue ni de menos a más, ni tampoco de más a menos. Simplemente se mantuvo en la cima durante toda la velada. Su partido empezó por todo lo alto gracias a su tanto en el minuto 3. Un gol con el que abrió la lata gracias a un gran pase de Lucas Boyé.

Desde ese momento, el conjunto verdiblanco conoció a quien iba a ser su peor dolor de cabeza de la noche. Un futbolista que atormentó la banda izquierda del Real Betis durante todo el partido.

Para Valentín Gómez fue un verdadero quebradero de cabeza frenar las constantes internadas del extremo derecho albiazul. De hecho, Ez Abde, el autor del único tanto andaluz, tuvo que bajar varias veces a ayudar al lateral argentino para poder contener a un desatado Carlos Vicente.

Una vez más, prácticamente todo el juego ofensivo del Alavés se volcó por la banda derecha del ataque vitoriano. El extremo maño encontró en Tenaglia, que volvía al lateral derecho después de un tiempo, a su mejor aliado para preparar las acciones de peligro por ese costado.

Por la otra banda, Aleñá y Jonny apenas generaron ocasiones de peligro en los metros finales. De hecho, la más clara fue un disparo del lateral gallego que se marchó muy desviado de la portería de Pau López.

Una despedida un tanto fría

En el minuto 83, Coudet decidió realizar su segunda sustitución en el partido. Ander Guevara se vistió de corto en la banda para ingresar al terreno de juego en la recta final del duelo. El sustituido fue la gran estrella: Carlos Vicente.

Todo Mendizorroza se puso en pie para despedir con una calurosa ovación al dorsal 7 tras su gran actuación de la noche. A esos aplausos poco a poco se le sumó un cántico coreado al unísono por todo el estadio: “Carlos quédate, Carlos quédate”.

El maño se despidió un tanto frío, sin ningún gesto –más allá de devolver los aplausos– que pudiese levantar la tranquilidad y el optimismo de los aficionados y aficionadas presentes en Mendizorroza. 

Al finalizar, también se le vio abrazándose con varios compañeros delante del fondo de Iraultza. No obstante, su frío lenguaje corporal no calmó los ánimos de una afición que teme por las noticias que puedan llegar en las próximas horas con su marcha al fútbol británico.