Cada miércoles y cada sábado, Floren Angulo pone rumbo desde Vitoria a Arreo. Lo hace acompañado muchas veces de sus hermanos, Ángel y José Luis. Van a almorzar, a cuidar de su casa familiar y las gallinas y a pasar el día en el pueblo en el que nacieron y crecieron.
Arreo, un pequeño pueblo alavés del municipio de Ribera Alta, apenas cuenta con cinco casas y media docena de habitantes. Allí, los hermanos Angulo se han convertido en una pieza fundamental para mantener el pueblo en buen estado. Desde hace alrededor de dos años, comenzaron a dedicar parte de su tiempo libre a arreglar pequeñas infraestructuras y realizar labores de mantenimiento que, en muchos casos, evitarían que el deterioro avanzara.
Coincidiendo con la jubilación de Floren, los hermanos empezaron a trabajar más en el pueblo. “Cuando no tenemos cosas que hacer en nuestra casa, hacemos cosas en el pueblo”, resume Floren con naturalidad.
Su última intervención ha llamado especialmente la atención entre los vecinos. Una máquina desbrozadora había derribado un mojón kilométrico situado junto a la carretera. El bloque quedó tirado durante semanas. Floren decidió recuperarlo.
“Yo solo no podía levantarlo”, recuerda. Así que pidió ayuda a sus hermanos. Entre los tres recolocaron el mojón y, después, él mismo lo restauró con cemento. Más tarde, acompañado de su hijo, lijó la pintura vieja con un cepillo de alambre y volvió a pintarlo. El resultado sorprendió a los vecinos y al presidente de la Junta Administrativa de Arreo, Oliver Urdiain, a quien Floren envió una fotografía del trabajo terminado. Urdiain destaca que el trabajo que hacen los hermanos Angulo por el pequeño concejo alavés es “admirable”.
“A mí me gusta el pueblo, nací y me crie ahí. Siempre que tengo un rato libre, voy a hacer algo, ya sea limpiar un camino o la fuente”
Pero el mojón es solo una pequeña parte de todo lo que han hecho en el pueblo. Los hermanos han limpiado la fuente, arreglado un antiguo pozo, el lavadero, desbrozado zonas invadidas por maleza y robles, limpiado cunetas y retirado árboles que suponían un riesgo para el tendido eléctrico. También han participado en la mejora de caminos y quitando maleza que estorbaba, hasta en el cambio del alumbrado público, a uno de bajo consumo.
Urdiain también tiene mucho que agradecer a los hermanos Angulo por la ayuda brindada para arreglar el camino que lleva a su casa en el pequeño concejo alavés. “Cuando Oliver se compró la casa le segamos el camino para dejarlo limpio y poder llegar sin dificultad”, explica Floren.
Los tres hermanos nacieron en Arreo, pero, con los años, uno a uno fueron mudándose a la capital alavesa. Aun así, mantienen un fuerte vínculo con el pueblo y acuden dos veces por semana a cuidar de su casa en común. “A mí me gusta el pueblo. He nacido allí y me crie allí. Siempre que tengo un rato libre voy a hacer algo, ya sea coger la motosierra para limpiar un camino o limpiar la fuente del pueblo. Lo que haga falta”, explica Floren.
“La gente pasa por el pueblo, ve un lavadero o una fuente arreglada, pero detrás hay vecinos que dedican tiempo a mantenerlo”
Muchas de las actuaciones se realizan gracias a subvenciones de la Diputación Foral de Álava, especialmente las obras de mayor envergadura. Sin embargo, el mantenimiento diario y buena parte de las reparaciones recaen sobre la iniciativa voluntaria de vecinos como ellos.
El presidente de la Junta Administrativa destaca precisamente ese esfuerzo silencioso que rara vez se reconoce. “Hay que poner en valor el trabajo de estas personas”, defiende. “La gente pasa por el pueblo, ve un lavadero o una fuente arreglada, pero detrás hay vecinos que dedican tiempo a mantenerlo”.
Urdiain asegura que casos como el de Arreo existen en muchos pueblos pequeños, aunque pocas veces trascienden. “Hoy en día parece que todo es criticarse unos a otros, también en los pueblos. Y, sin embargo, hay mucha gente haciendo cosas por mantener vivo el mundo rural”.
Los hermanos Angulo trabajan en el pueblo por amor al arte: “Nos gusta ver bonito el pueblo en el que hemos crecido”. Lo cuentan de una manera mucho más sencilla: arreglar una fuente, limpiar una cuneta o devolver a su sitio un mojón caído es su manera de demostrar su amor por un sitio.