La Fundación eAtlantic Fundazioa, que busca contribuir al proyecto de integración de la Unión Europea desde la perspectiva de su Fachada Atlántica y de los niveles de gobierno más cercanos a la ciudadanía, se fundó hace un año, en el Día de Europa de 2025. Su presidente, el lehendakari ohia Iñigo Urkullu, explica el avance de los trabajos de su equipo de investigación de cara a la Macrorregión Atlántica, al tiempo que analiza la convulsa esfera internacional.

¿En qué consistirá la Macrorregión Atlántica, cuáles serán los beneficios de su creación?

Es un proceso que se inició en diciembre de 2023 con la propuesta que formulamos en el Consejo de Asuntos Generales del Consejo Europeo y que culminará en junio de 2027. Su propósito es que la Macrorregión tenga una gobernanza más participativa de los estados miembros de la Fachada Atlántica y también de los gobiernos regionales, locales y agentes socioeconómicos. Es una propuesta de institucionalización más cercana a los intereses de la ciudadanía, que aquellas preocupaciones que sean comunes en un entorno geográfico compartido sean atendidas desde una interpretación integral de la gobernanza.

¿Cómo se conjuga este planteamiento con una mayor participación de las regiones?

Es el reto de las instituciones de ser más cercanas a la sociedad, de dar respuesta a los problemas cotidianos de la ciudadanía. Y no solamente desde las instituciones más comunes, en el caso de la Unión Europea el Parlamento, la Comisión o el Consejo europeos, también los gobiernos de los estados miembros e incluso los de las comunidades autónomas y las regiones. El hecho de que existan en Europa otras cuatro macrorregiones es un aval para crear la Macrorregión Atlántica.

¿Cuáles son los puntos fuertes de la Fachada Atlántica? Desde la Fundación han citado su infraestructura industrial, la red de puertos, el capital natural...

La Fachada Atlántica en sí misma es la base de lo que fue la propia UE nacida tras la Segunda Guerra Mundial. Desde entonces, la UE ha ido incorporando a otros estados miembros pero su fundamento está en la participación de países de la Fachada Atlántica, y no solo eso, sino de lo que podríamos denominar el Occidente europeo. La fuente de prosperidad para que la UE goce de un estado de bienestar, con un modelo social más o menos similar, es también una característica del ámbito geográfico de la Fachada Atlántica. Hay una realidad que nos une, que es el océano Atlántico y la economía marina como fuente inicial de esa relación, pero hoy en día hay elementos comunes que pueden tener que ver con la prosperidad y la competitividad necesarias para el continente y que deben desarrollarse en la Fachada Atlántica.

"Que existan ya en Europa otras cuatro macrorregiones es un aval"

"Que existan ya en Europa otras cuatro macrorregiones es un aval" Markel Fernández

Han presentado una serie de propuestas preliminares de cara a contribuir a dicha Macrorregión.

El propósito inicial como Fundación eAtlantic Fundazioa es trabajar por la prosperidad de la Fachada Atlántica, y en ese sentido nos hemos propuesto también fijarnos en valores democráticos, en objetivos de desarrollo humano fijados en la Agenda 2030 de Naciones Unidas, con una primera tarea que es territorializar los informes de Enrico Letta y de Mario Draghi aportados a la Comisión Europea y al Consejo Europeo en 2024. Letta termina con una llamada a la acción, y desde la Fachada Atlántica planteamos cuáles son los elementos comunes de cara a esa prosperidad y competitividad en el marco de la UE.

Los planteamientos que han puesto sobre la mesa se dividen en una serie de apartados concretos...

De cara a esa propuesta de competitividad hemos concretado cinco ámbitos: las interconexiones, las energías, la descarbonización y la competitividad, la digitalización y la innovación, y también el análisis del mercado financiero. Estamos trabajando con agentes académicos, económicos y sociales de la Fachada Atlántica, además de la representación institucional, para identificar un informe final que presentaremos en junio o julio de este mismo año, acompañado también de proyectos que se puedan presentar, tanto por las instituciones públicas como por la iniciativa privada, a los programas de las instituciones europeas.

¿Qué respuesta esperan por parte de la Comisión Europea?

Hemos presentado este trabajo a la Dirección General de Política Regional de la Comisión Europea, que ha acogido de buen grado el planteamiento de que la prosperidad de la UE también esté siendo trabajada desde un ámbito más cercano a los ciudadanos como el regional, y en este caso la Fachada Atlántica con la aspiración de la Macrorregión Atlántica. 

¿Entre sus objetivos está lograr un equilibrio de fuerzas frente al auge económico y logístico del Corredor Mediterráneo?

No se trata de competir con nadie y menos en el seno de la UE. Al desarrollo armonioso entre Oriente y Occidente se suma la pulsión que provoca la incorporación de nuevos países en la UE, particularmente del este. Pero efectivamente hay también una tensión entre el Atlántico y el Mediterráneo, y siendo desde hace tiempo una referencia el trabajo para el desarrollo del Mediterráneo, el reto es que la Fachada Atlántica tenga su propio recorrido, su propio camino con la identificación de sus fortalezas y debilidades, y de sus retos. Se trata tanto de que la Fachada Atlántica como el Mediterráneo se sientan partícipes de una misma gobernanza con unos mismos objetivos para la UE.

Dado el factor de desestabilización que ha introducido la actual administración estadounidense, ¿Europa debe desprenderse de la excesiva dependencia de ese país?

El reto de la autonomía estratégica de Europa está presente en las reflexiones de los gobiernos de los estados miembros y también en lo que puedan representar los gobiernos autonómicos, regionales y locales. Esa autonomía estratégica no significa que Europa haya de renunciar al multilateralismo, al contrario. Pero en su interpretación exacta de la relación a nivel global no solo con EE.UU., también con otras potencias y continentes como América Latina, África, Asia, Oceanía... Este es el reto que tiene Europa en orden a esa interpretación del multilateralismo donde debe ser también una potencia a nivel global.

¿Otra consecuencia de esta coyuntura puede ser también un mayor acercamiento a Canadá?

Efectivamente, como Euskadi tenemos relación con provincias de Canadá como Quebec, pero además ella misma, en boca de su primer ministro, está planteando una relación no solo con EE.UU. desde su ámbito geográfico más cercano sino también con la propia UE. El hecho de mirar a Occidente desde la Fachada Atlántica europea supone mirar también a la Fachada Atlántica americana, donde están EE.UU. y Canadá, pero también los países de centroamérica y latinoamérica.

Los efectos de esta situación de inestabilidad empiezan a dejarse sentir en el ciudadano de a pie, con la subida del precio del petróleo, el encarecimiento de las hipotecas… ¿Desde la Fundación abogan por afrontar la compleja coyuntura actual o por aportar propuestas más a largo plazo?

El objetivo del proyecto de la UE, también desde la colaboración de la Fachada Atlántica, se puede resumir en estabilidad política, prosperidad económica, solidaridad y seguridad. Es verdad que Europa está siendo hostigada por situaciones que son ajenas quizás a la propia UE, pero es también sufridora de populismos, caracterizada por regímenes liberales en un tablero global que está en radical transformación, y por lo tanto la apuesta es el fortalecimiento y el compromiso con la defensa del proyecto de integración europea.

La volatilidad del escenario actual está poniendo a prueba principios fundamentales, como cuando la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, certificó el fin de un “sistema basado en reglas” y aseguró que “el viejo orden mundial ha desaparecido y no volverá”. ¿Qué pensó cuando escuchó estas declaraciones, rectificadas poco después?

Me sorprendió porque desde una apuesta por el multilateralismo que ha de hacer la UE es necesario también fortalecer un orden basado en unas reglas. No puede ser que estemos asistiendo a una desmembración de lo que ha sido esa interpretación del multilateralismo por una dinámica implantada por un gobierno como es el de EE.UU., o por una realidad que afecta a otras grandes potencias como pueden ser Rusia o China. Europa necesita ser una potencia global, vive una situación de encrucijada y uno de los momentos más decisivos de su historia reciente, pero creo que es absolutamente necesaria esa reconducción al orden multilateral. 

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Podría decirse que la OTAN ha pasado a convertirse en una mera correa de transmisión de Donald Trump. ¿Qué papel está llamada a cumplir en el futuro?

No solamente la OTAN, los países occidentales más allá de su pertenencia o no a la Alianza Atlántica, han de valorar cuáles son los retos y los desafíos. Es evidente que uno de ellos es el de la seguridad y la defensa, otro el cambio climático, también la demografía o el fenómeno de la migración, y el fortalecimiento del sistema democrático representativo. Si nos atenemos a la seguridad y la defensa, formamos parte de una organización, la OTAN, que vive en un escenario de redefinición de cuál es su papel ante la estrategia de EE.UU. Esto nos lleva a pensar que, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, cuando el proyecto europeo surge como un proyecto de paz y seguridad, quizás hemos vivido muy dependientes del liderazgo de EE.UU. y, sin embargo, esa dinámica hoy en día ya no es la necesaria, donde esa interpretación de la autonomía estratégica ha de implementarse en la organización del tratado del Atlántico Norte.

El Estado español, y también Euskadi, miran cada vez más a China. ¿Es necesario este giro?

Sí, Europa y por lo tanto Euskadi ha vivido de una dependencia militar de EE.UU., de una dependencia energética de Rusia, y en los últimos años de una dependencia comercial de China. Lo que planteo desde un ejercicio de multilateralismo y de relación abierta por parte de Europa también lo aplico al Estado español o a Euskadi. Necesariamente ha de haber una relación con China, como ha de haberla con Australia. Una de las grandes fortalezas de la UE, y que como vascos también nos interesa, es el Acuerdo Mercosur con América Latina, con todas las mejoras que sean necesarias. También el acuerdo que la UE alcance con India o con Australia. Esto es significativo de lo que tiene que ser una relación abierta, en la que se puedan diversificar también los intereses.

En las elecciones en Hungría del 12 de abril, el ultraconservador Viktor Orbán fue desalojado de la presidencia después de 16 años, lo que ha sido recibido con recelo por la ultraderecha en general. ¿La tendencia está cambiando?

Ojalá, pero una de las necesidades que tiene Europa es la cohesión territorial, ha de mirarse también hacia dentro en orden a un desarrollo armonioso entre Occidente y Oriente dentro del propio continente europeo. Pero además, una cohesión también en orden a lo que es el sentido de la democracia, donde estados miembros vivimos también la eclosión de los populismos de la derecha extremada o de la derecha extrema. El riesgo para la interpretación de la democracia que hasta ahora entendíamos. Nos toca trabajar por hacer interpretar a la sociedad lo que supuso el esfuerzo de generaciones anteriores por alcanzar un estado de bienestar y un tiempo de paz como el que goza la UE. No nos hemos percatado de que hay nuevas generaciones que no han conocido aquella realidad.