Daniel López Acuña, médico especializado en Salud Pública y Epidemiología, trabajó durante treinta años en la Organización Mundial de la Salud (OMS), donde desempeñó distintos cargos directivos relacionados con la gestión sanitaria y la coordinación de crisis internacionales. Con experiencia en algunas de las principales emergencias de salud pública de las últimas décadas, analiza el impacto generado por el hantavirus y llama a afrontar este tipo de episodios desde la información rigurosa y la prudencia, lejos del ruido y las comparaciones precipitadas.
¿Qué es el hantavirus?
Es un virus que conocemos desde hace años y que no tiene nada que ver con el coronavirus, aunque mucha gente haya asociado rápidamente ambos escenarios. Es un virus ARN, pero distinto al covid tanto por sus características como por su transmisión. En Europa han existido variantes con baja letalidad, pero el hantavirus andino, presente sobre todo en zonas de Chile, Argentina y Bolivia, es mucho más agresivo y puede superar una letalidad del 30%.
¿Qué hace diferente a esa variante andina?
La primera es su gravedad, porque provoca cuadros respiratorios muy severos. La segunda es que puede transmitirse de persona a persona, algo que no ocurre con otras variantes del hantavirus. Además, tiene un periodo de incubación largo, de hasta seis u ocho semanas, y eso dificulta mucho el control epidemiológico.
¿Cómo se produce el contagio?
Puede darse por contacto estrecho con una persona infectada, pero también por contacto con heces u orina de roedores contaminados. Incluso cuando esos restos están secos, el virus puede permanecer activo y seguir propagándose en determinados espacios. Lo más probable es que los primeros afectados se contagiaran durante excursiones en zonas andinas antes de embarcar en el crucero.
“El virus tiene un periodo de incubación de hasta ocho semanas, lo que dificulta mucho el control epidemiológico”
¿Quedan incógnitas por resolver?
Sí, porque sabemos relativamente poco sobre la transmisión entre personas. Este brote puede aportar información importante. Hay casos que llaman la atención y que obligan a investigar mejor hasta dónde puede llegar el contagio. Pero, con la información disponible hoy, no hay elementos para pensar en una expansión masiva como la que vimos con el coronavirus.
¿Podemos estar tranquilos?
No estamos ante una nueva pandemia. Este virus no se transmite de forma tan sencilla como el covid ni por aerosoles en espacios abiertos. Requiere cercanía, contacto estrecho y exposición a fluidos corporales. Los contagios conocidos encajan precisamente en ese patrón: parejas, personas con convivencia próxima o sanitarios que tuvieron un contacto muy directo con los pacientes.
¿Cuáles son los síntomas más frecuentes?
Empieza con fiebre, malestar general, escalofríos y síntomas respiratorios que pueden agravarse rápidamente. En algunos pacientes termina derivando en insuficiencia respiratoria y complicaciones cardíacas muy serias. El problema es que los síntomas iniciales pueden confundirse con una gripe fuerte o incluso con un covid severo, por eso es tan importante identificar si ha existido exposición previa al virus.
“No hay un antiviral específico; el tratamiento se basa en cuidados intensivos y tratar las complicaciones severas”
¿Cómo se confirma el diagnóstico?
Con pruebas PCR y análisis de anticuerpos. Hay que vigilar durante semanas a las personas expuestas porque el periodo de incubación es largo. La cuarentena aquí no puede ser de pocos días. Debe mantenerse el tiempo suficiente para detectar posibles casos antes de que desarrollen síntomas y puedan contagiar a convivientes o familiares.
Los pasajeros del crucero deberán realizar una cuarentena. ¿Qué importancia tiene?
Es importante observar los casos y realizar pruebas de sangre y, PCR para determinar si las personas están infectadas o lo han estado previamente. Además, la cuarntena no debe ser corta, de tres días, sino una medida prolongada que tenga en cuenta el largo periodo de incubación del virus. Solo así se evita que una persona pueda desarrollar la enfermedad semanas después en su domicilio y transmitirla a su entorno familiar o convivientes, con el consiguiente riesgo de propagación.
¿Existe algún tratamiento eficaz?
No hay un antiviral específico contra el hantavirus. Lo que se hace es tratar las complicaciones y sostener al paciente en las mejores condiciones posibles. Muchas veces requiere cuidados intensivos, control respiratorio, equilibrio de líquidos y vigilancia cardíaca. El objetivo es evitar que el organismo se descompense mientras combate la infección.
“Pueden aparecer nuevos virus, por eso es importante reforzar la vigilancia y la capacidad de respuesta sanitaria”
¿Entiende que la población tenga miedo?
Entiendo la preocupación, pero creo que se ha producido una alarma excesiva. Lo correcto es mantener una vigilancia epidemiológica muy estricta, hacer rastreos y aislar adecuadamente a las personas expuestas. Con buenos protocolos, esto debería poder controlarse en unas semanas. La clave ahora no es el miedo, sino hacer un seguimiento casi detectivesco de cada contacto para cortar cualquier posible cadena de transmisión a tiempo.
¿Pueden aparecer nuevos virus en el futuro?
Sin duda. Algunos todavía no los conocemos y otros permanecen en reservorios animales hasta que encuentran la forma de pasar a los humanos. Las zoonosis seguirán apareciendo y por eso es tan importante reforzar la vigilancia epidemiológica y la capacidad de respuesta sanitaria.