La sexagésimo primera edición de la Biennale di Venezia todavía tiene camino que recorrer tras el arranque que está viviendo estos días. Unos primeros pasos que han estado marcados también por la iniciativa I Baschi alla Biennale 1976/2026, con la que Euskadi ha querido unir su propia memoria con el hoy y, por supuesto, el mañana de su práctica artística. En este contextos, la aportación alavesa ha sido esencial, un sello marcado por el trabajo de Artium y el colectivo Tripak.

En el caso del museo, su participación en esta propuesta se inscribe en una investigación histórica y documental a largo plazo que ha sido desarrollada, principalmente, desde los departamentos de Colecciones y de Centro de Documentación y Archivos de Artium. Se trata de un proyecto de recuperación y activación de la memoria con dos episodios diferenciados en 2026. Por un lado, el de su desarrollo en la ciudad de Venecia en el marco de la Bienal y, por otro, su presentación, ampliada, en las salas de espacio de la capital alavesa, que tendrá lugar el próximo otoño.

Acciones

I Baschi alla Biennale 1976/2026, el programa liderado por el Gobierno Vasco y Etxepare Euskal Institutua para recuperar la memoria de los artistas vascos que hace 50 años estuvieron en Venecia para hacer escuchar su voz, se ha traducido para el museo en una doble cita en Italia. 

Piezas en el Palazzo Contarini. Etxepare Euskal Institutua/Osvaldo Di Pietrantonio

Por un lado, el museo ha sido parte del comité académico de la conferencia Euskadi en la Bienal de Venecia, 1976: memoria para el futuro organizada por el Etxepare y la Università Ca’ Foscari. La charla se produjo el jueves en el auditorio Santa Margherita de esta institución veneciana. Fue un punto de encuentro para analizar las transformaciones sociales, los discursos artísticos y las formas de representación e identidad, así como los desafíos contemporáneos de la cultura vasca.

Por otro, Artium ha recuperado creaciones audiovisuales de Nestor Basterretxea, Fernando Larruquert, Jose Mari Zabala, José Ángel Rebolledo y José Antonio Sistiaga, además de un fragmento sonoro de los hermanos Artze que formó parte del espectáculo musical y audiovisual Ikimilikiliklik a cargo de Mikel Laboa. Estas películas han formado parte de un caso de estudio expositivo que ha tenido su sede estos días en el Palazzo Contarini, junto a parte de los materiales documentales que han ido apareciendo en el proceso de investigación asociado al proyecto, todo ello conectado al presente a través de dos obras de la colección del museo alavés firmadas por Mari Puri Herrero y Damaris Pan.

Público en una de las actuaciones de Tripak Etxepare Euskal Institutua/Osvaldo Di Pietrantonio

“Han sido necesarios muchos meses de conversaciones, búsquedas, recuperación de materiales documentales y de archivos desplegados para configurar este programa”, apunta la directora de Artium, Beatriz Herráez, quien resalta también que “en el camino hemos contado con muchos cómplices: artistas, historiadores, familiares, particulares y responsables de archivos”.

Performances

Como explica la responsable del museo, en todo este desembarco en la Bienal, también se buscaba “incluir desde el presente prácticas que tienen que ver con las formas de expresión más performativas”, un papel que, por ejemplo, ha estado en manos de Tripak.

Sus creadoras e integrantes han desarrollado estos días dos propuestas generadas de manera específica para los escenarios en las que se han desarrollado. La primera tuvo lugar el jueves en el mencionado auditorio Santa Margherita. “Tuvimos muy en cuenta el lugar”, relata Marina Suárez Ortiz de Zarate. Desde la voz, el sonido y la llama como recurso sonoro y estético, las performers se fueron buscando con linternas en un espacio de oscuridad casi completa.

Ya este viernes, la actividad se trasladó al Palazzo Contarini della Porta di Ferro. En este caso, al sonido y a “nuestro cuerpos sonando, llamándonos” se unió un elemento más, el agua. Eso sin perder de vista que el público estaba entre las intérpretes. En ambos casos, “como siempre, acabamos, de una manera u otra, cantando”, a lo que se une que, en general, en la práctica de Tripak suele haber “algo de humor”.