Ya no se ven amistades de por vida. No es solo que Pedro Sánchez sigue haciéndose cruces por su puntería al elegir secretarios de Organización -Ábalos y Cerdán, consecutivamente- ni que Luis Bárcenas pasara para Mariano Rajoy de merecer consuelo -“sé fuerte, Luis”- a convertirse en “ese señor del que usted me habla”. Es que los diferentes imputados en la ‘trama Kitchen’, colaboradores de confianza en el pasado, desconocen a su madre para salirse del foco aunque se desmientan entre sí jefes y subordinados, uña y carne por la patria tiempo atrás.

Ya no se forjan amistades duraderas ni en la guerra. La conversación filtrada entre Donald Trump y Benjamín Netanyahu sitúa al presidente de EE.UU. poniendo a bajar de un burro al primer ministro israelí. Que Trump te diga que estás “jodidamente loco” por cómo te comportas en la política internacional tiene sus bemoles, pero lo mismo es esa confianza amistosa que les une en su gerontocracia y mañana ni se acuerdan.

La gota que colma

Los consejos de Turull y Bolaños

La moción del PP. Aconseja el secretario general de Junts -Jordi Turull- a Alberto Núñez-Feijóo, que si quiere algo de su partido vaya a Waterloo y lo explique allí. Un revés a la línea que retrata al PP en su relato falaz. Pero el cruce de bolas pone nerviosos al Gobierno y al PSOE. Félix Bolaños aconseja a los soberanistas vascos y catalanes que no escuchen esos cantos de sirena porque se “suicidarían” políticamente. Calma, Félix; eramos muchos los que, como tú, íbamos con el Rayo en la Conference y no pudo ser porque a la ilusión hay que sumarle recursos de calidad. Y si al PSOE le faltan, el PP los desconoce.


Luego están los que ejercen de amigos según las ocasiones. A Iker Casanova, que no tiene la edad de Trump y Netanyahu para que le falle la memoria, parece que le patina a conveniencia. En relación a las sedes del Mundial de fútbol, ayer se puso estupendo y dejó a EH Bildu con los balones al aire: “Creemos que, en general, lo que rodea al fútbol (...) podemos decir que -sus eventos- no responden a nuestro modelo de actividades”, dijo. A Casanova no le mola ese opio del pueblo que distrae de la ortodoxia. Pero Arnaldo Otegi, realzale confeso, vio en la última final de Copa de su equipo un ejercicio de identidad; Oskar Matute halló sentido y diversión en los pitidos de las aficiones de Athletic y Barça al himno español; y las siglas de EH Bildu suscribían en la última final de Osasuna una pancarta en la que se adherían a los rojillos afirmando “somos un equipo”. Parece que, en general, lo que rodea al fútbol, sí es un modelo útil cuando puede haber tajada para EH Bildu.