El alavesismo está de luto. Este martes, 2 de junio de 2026, falleció Asun Gorospe, una de las principales figuras de la afición babazorra y de Vitoria-Gasteiz, Celedón de Oro en 2014. Lo hizo a los 88 años, dejando atrás una ferviente pasión por el Deportivo Alavés, al que acompañó durante décadas tanto en Mendizorroza como más allá de sus fronteras. Su funeral será este miércoles, desde las 18.00 horas, en la iglesia de San Miguel.

Su vínculo con los colores albiazules nació casi a la vez que ella. Apenas tenía siete años cuando su padre la hizo socia del club, y desde entonces nunca soltó el carné. Más de ocho décadas después, la cuenta de sus ausencias en Mendizorroza apenas alcanzaba una docena, y todas con motivos de peso.

El resto de los partidos del Alavés, allí estaba ella, con la bufanda y el amuleto al cuello, sufriendo cada balón dividido como si fuera el último. Y, si dentro del estadio del Paseo de Cervantes, se hizo un nombre por su constancia, fuera de él se convirtió en parte del paisaje sentimental de Vitoria-Gasteiz.

Asun Gorospe, una vida en albiazul Archivo DNA

Durante años regentó junto a su marido el bar Deportivo Alavés, un rincón en el que la conversación giraba inevitablemente en torno al Glorioso y en cuyas paredes se acumulaban recuerdos, fotografías y banderines de toda una vida. Su balcón sobre la Virgen Blanca era otra parada obligada en cada celebración.

Allí ondeaba la bandera con la que despidió ascensos, finales y noches grandes del club. Un rincón, con unas vistas ideales, donde nunca estaba sola en esos momentos. Y recogió, casi sin pretenderlo, el testigo de la mítica La Paca, fallecida en 2004, y se convirtió en la nueva amona del alavesismo.

Asun Gorospe, una vida en albiazul Archivo DNA

Su pasión también la llevó por carretera. Durante décadas recorrió España y Europa, desde los campos de barro hasta los escenarios más pomposos, siguiendo al Alavés en sus desplazamientos, sin importarle la distancia, el rival ni la hora del partido. Pocos campos hay por los que no pasara con su bufanda de lana, tejida por ella misma.

Su figura trascendió hace tiempo los límites de la grada. El pasado mayo, un reportaje de El Día Después la retrató en Mendizorroza durante un partido ante el Atlético y el vídeo superó las 330.000 visitas en pocas horas. La imagen de Asun llevándose las manos al rostro ante cada llegada rival, apretando los puños, susurrando ánimos como si los jugadores pudieran oírla, removió la fibra de un alavesismo que se reconoció en ella.

Asun Gorospe, una vida en albiazul Archivo DNA

Los jugadores del primer equipo se volcaron en redes sociales. Antonio Blanco le dedicó un corazón azul. Abde la llamó “la mejor aficionada del Glorioso”. Fueron muchos los que quisieron expresarle su cariño, porque Asun no era solo una espectadora: era el espejo en el que el club veía reflejado lo mejor de sí mismo. “Sufro mucho”, reconocía ella con una sonrisa entre resignada y orgullosa.

Asun deja un hueco difícil de llenar en la grada, en la calle y en la memoria colectiva del alavesismo. El próximo partido en Mendizorroza, la afición sentirá que falta algo en las gradas. Pero seguro que ese apoyo que ha durado más de 80 años seguirá presente, aunque sea de otra forma o desde otro lugar.