el PSOE tiene un nuevo líder, desde luego más guapo y apuesto que su antecesor, aunque me parece que igual de reformista, o sea nada. Todos los movimientos de Pedro Sánchez desde que asumió la jefatura del, todavía, segundo partido estatal derivan o pretenden derivar hacia ese juicioso centro que ha colocado y descolocado gobiernos en España desde que palmó Franco. A la derecha se sitúa el PP, cada vez más extremista y rancio, y por la izquierda amenaza con adelantarle Podemos mientras sigue -de lejos- la estela Izquierda (des)Unida. El panorama lo completan el inquietante UPyD y los partidos nacionalistas, fundamentalmente vascos y catalanes, que quieren jugar en otra Liga aunque todavía no les dejan. No parece una mala estrategia a priori teniendo en cuenta que con ese mensaje aparentemente conciliador y social triunfaron en las urnas Adolfo Suárez, Felipe González, Zapatero y hasta Aznar y Rajoy, aunque estos exhibieron su auténtico pedigrí cuando les fue concedida la mayoría absoluta. Sin embargo, no tengo claro si al final su estrategia tendrá éxito en estos tiempos que corren. No sé si la sociedad se conformará con mensajes modosos y conciliadores o si más bien optará por abundantes dosis de transgresión y ruptura. El PSOE sabrá.
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