Difícilmente se puede entender la época más exitosa de la historia del Baskonia sin la figura de Dusko Ivanovic, el hombre encargado de imponer unos niveles de exigencia enormes desde el banquillo y llevar a sus jugadores a límites que ni ellos mismos sospechaban.
Sin embargo, la filosofía de trabajo del técnico montenegrino no es apta para cualquier jugador, algo que ha quedado probado una vez más en su reciente etapa por la Virtus Bolonia. Aunque su destitución el pasado marzo se atribuyó inicialmente a motivos estrictamente deportivos, el propietario del club italiano, Massimo Zanetti, ha asegurado en una conferencia de esta semana que no fue así.
"Se han escrito muchas cosas sobre el porqué de la salida de Ivanovic, pero no se cambió de entrenador por voluntad mía, ni por voluntad del director general Paolo Ronci —a quien reitero toda mi confianza—, sino por el deseo de los jugadores y del propio Ivanovic", aseguró Zanetti.
Aunque su temporada 2024-25 en Bolonia, donde cambió por completo la dinámica decadente del equipo y terminó alzando el título de campeón de la Lega Italiana que dedicaron a Achille Polonara, fue muy exitosa, pronto empezaron a aparecer voces disidentes dentro del vestuario, algo que condicionó desde la pretemporada su segundo y último año de contrato.
"Eran discusiones todas las semanas, teníamos a cuatro jugadores que nos habían dicho que iban a marcharse si seguía Dusko como entrenador. Yo continuaba defendiéndolo, pero fue una elección suya. Dijo: "O los echas a ellos, o me echas a mí”. Yo no puedo echar a cuatro jugadores, así que simplemente lo suspendimos", lamentó el veterano propietario italiano.
En ese momento, la Virtus ocupaba el primer puesto de la liga italiana y era 15º en la Euroliga. Finalmente y tras entregar el banquillo al joven Nenad Jakovljevic, el equipo terminó en 17º lugar la máxima competición europea y fue eliminado por el Reyer Venecia en las semifinales del play off doméstico.
La conclusión de Zanetti es que los tiempos han cambiado en el mundo del baloncesto y, aunque Ivanovic se ha ido adaptando, no es un entrenador para todos: "Dusko es un entrenador muy duro. Hoy en día, desafortunadamente, los jugadores forman parte de nuevas generaciones que no están acostumbradas a determinados comportamientos. Quieren ser más libres. Son personas diferentes, especialmente cuando son estrellas".
Eso sí, insistió en reconocer la buena labor del montenegrino en Bolonia y la confianza depositada en él en todo momento: "Recibió su sueldo íntegro hasta el último céntimo. Sigue siendo un amigo para mí, le quiero mucho. Desafortunadamente, los jugadores de hoy en día son así".
Tras esta aventura, todo apunta a que el legendario técnico baskonista seguirá a sus 68 años su carrera en los banquillos en el Zenit de San Petersburgo ruso, donde espera encontrar a un vestuario más comprometido.