Cuenta nuestro querido escanciador de café y otras sustancias que cuando se hizo con el local donde se ubica nuestro amado templo del cortado mañanero estuvo debatiendo consigo mismo sobre si poner televisión o no. Ganó la opción afirmativa, aunque todo hay que decirlo, no está puesta a todas horas y si lo está, lo suele hacer con el sonido silenciado. Por fortuna, y a pesar de lo tacaño que es, a lo largo de los años ha ido cambiando de aparato y hoy tenemos una pantalla plana molona que, salvo por un bastonazo que le dio una vez un viejillo cabreado con ese ser desconocido que fue M. Rajoy, funciona como debe en el 98% de su superficie. Solo se sube el volumen cuando toca partido de los de casa, ya sea la cosa futbolera o del deporte de la canasta, y cuando baja Celedón para los que no van a la plaza. Pero estos días, el jefe ha decidido apagar el aparato porque está hasta las narices de que le entre gente en el bar preguntando si pueden ver los partidos del Mundial. Cuidado, él encantado de que haya más personal en la barra, pero resulta que los que vienen, como mucho hacen una consumición en todo un partido y eso le tiene mosqueado. Así que ha puesto un cartel en el local en el que se puede leer: dos bebidas y un pintxo por cada parte, o date la vuelta, que los de la pelotita ganan más que yo.
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