el fin de semana me di un atracón de fútbol y baloncesto con el reconfortante triunfo del Alavés en Pamplona y los diferentes partidos del Mundial de basket que se está disputando estos días a la espera de la -¿alguien todavía lo duda?- segura final entre España y USA. Disfruté mucho con el proyecto albiazul, con la seguridad en sí mismos que desprenden los jugadores y lo claro que parece tenerlo Alberto López, merecidamente renovado después de los impresionantes números que cosechó en el tramo final de la temporada anterior. Tengo ahora las mismas sensaciones que el año pasado por estas fechas, es cierto, cuando creía que el Alavés de Natxo González acabaría la Liga peleando por el ascenso. Entonces me equivoqué de medio a medio y ya no me atrevo a pronosticar lo mismo, claro, pero será que uno ha vivido épocas mucho más gloriosas y que sigue teniendo la esperanza de que vuelvan más pronto que tarde por lo que, a pesar de la marcha de Viguera, ve o quiere ver un grupo comprometido con su trabajo y las directrices de su entrenador. A última hora se juntaron sobre la cancha Splitter, Huertas, Nocioni, Scola, Herrmann, Prigioni... y casi se me saltan las lágrimas. No hace tanto tiempo, el Baskonia era también capaz de ilusionarme.
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