El Ayuntamiento ya ha empezado a renovar el suelo de la calle San Prudencio. Y, si no he leído mal, va a combinar baldosas con otro tipo de superficie más resistente. Propongo desde estas líneas un aplauso al prócer responsable de la idea: clap, clap, clap. No hay segunda intención en estas palmas, cuya pasión agradecida no soy capaz de transmitir. Voy a poner unos signos de exclamación para que quede más claro: ¡clap, clap, clap! Por fin alguien se ha dado cuenta de que en las calles semipeatonales, aquellas que los camiones y furgonetas de reparto transitan, no es conveniente sumarse al frenesí de la baldosa vitoriana. Los vehículos pesan, y su peso acaba por romper una aquí, otra allá, y a veces en grupos de cuatro formando un pequeño socavón. No me hago ilusiones, pero quizás éste sea el comienzo de un nuevo paradigma: adiós baldosas, hola suelo normal. Tomen nota, señores munícipes, y amplíen esta estupenda idea al resto de la ciudad. Dejen de gastar dinero cambiando baldosas (ya escribí aquí que desde el comienzo de Lakua hasta el curro hay seis modelos diferentes) y súmense a la brea. Un ejemplo más: las entradas y salidas de los garajes. En mi barrio todas las que veo están embaldosadas. ¿Qué tal un caminito asfaltado? Son todo ventajas, incluso si piensan en la seguridad.
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