Retomo un artículo escrito hace dos años para contar en un pispás las vacaciones. Y es que lo que menos me gusta de ellas es tener que contarlas, tal como escribí entonces. Me resulta tedioso y no puedo evitar la sensación de contagiar mi tedio a quienes escuchan. Porque siempre preguntamos a los demás qué han hecho durante sus semanas de descanso, por educación o por lo que sea. Para ahorrarme labor y no aburrir a los colegas, además de regalar confidencias a los lectores, procedo a narrar estas semanas de holganza y merecido descanso. Las inicié tras la constatación de un fin de curso no especialmente brillante de los chavales; dejémoslo ahí. Han crecido, pero no estaba claro si iban a salir de nuevo con nosotros o se lo montaban por su cuenta. Pues no, no había cuenta suficiente para que se lo montaran por su cuenta, así que montaron con nosotros en la furgoneta, un año más, conscientes todos de que serían nuestras últimas vacaciones en trashumancia familiar, y nos dedicamos a hacer kilómetros por el norte de Europa: Gante, Brujas, Amsterdam, Colonia, Bruselas... Todos pusimos de nuestra parte para que fueran días felices. Y lo fueron. Punto final. Para más información, pulse uno. Para terminar, pulse dos.
- Multimedia
- Servicios
- Participación