leo con atención, y también con bastante indignación, un informe periodístico griego titulado Diez años después, de las Olimpiadas sólo quedan deudas. Los datos que arroja son escalofriantes. La pompa y boato de los políticos griegos le costó a la población aquel 2004 unos 20.000 millones de euros, lo que supone pasar de un déficit del 3,7% del PIB a un espeluznante 7,5%. Inversión, defendían y aún hoy defienden algunos. Lo cierto es que la inmensa mayoría de las instalaciones construidas son hoy pasto de los bichos por falta de utilización y mantenimiento. Como nuestro colegio de Izarra, vamos. En el estadio olímpico juega al fútbol el AEK, hoy en Tercera División. Y su famosa cúpula de Calatrava, que costó 130 millones de euros, necesitaría ahora otros 9,5 millones para su restauración. Será que los griegos han vivido por encima de sus posibilidades, como dirían Rajoy, el FMI o Merkel. Pero asimilar por igual a gobernantes y gobernados se me antoja indecente en Grecia y aquí. A nuestro nivel, ya me dirán para qué nos hemos construido una plaza de toros nueva a la que no va casi nadie. A ver qué pasa con esa mega estación de autobuses o ese Buesa Arena cada vez más vacío. Y menos mal que hemos dejado de hablar del absurdo soterramiento del tren.