un céntrico bar de Vitoria despachó la espectacular cantidad de 1.600 bocadillos el día 4 de agosto. Ante la impresionante demanda, el dueño decidió dejar de dar comidas y dedicar toda su cocina a la continua confección de diversos rellenos entre pan y pan. Y hablando de pan, sería curioso averiguar cómo hizo para proveerse y guardar las más de 500 barras que necesitó para elaborar tamaña cantidad de bocadillos. Excelente organización, de cualquier modo, y supongo que suculento negocio. Calculen, a una media de 5 euros por bocata más las bebidas correspondientes... Y todo en una sola jornada. Día 8 de agosto, sobre las 00.00 horas. Una pareja algo hambrienta deambula por diversos bares del centro en busca de algo que echarse a la boca. La respuesta recibida en los cinco o seis establecimientos a los que entraron fue la misma: la demanda ha bajado y las cocinas se cierran sobre las once y media de la noche. Ni siquiera un poco de jamón, queso o chorizo entre pan y pan. Los bocatas se habían extinguido definitivamente. En fin, que me alegro mucho por los hosteleros que han ganado dinero durante estos días pero sigo sin explicarme cómo es tan difícil comerse un bocata en una ciudad en fiestas. Gran negocio, pésimo servicio.
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