No sé si llego a tiempo de ofrecer este consejo; me temo que ando un poco justo porque las matriculaciones ya están en marcha o cerradas. No es la primera vez que comparto desde aquí esta reflexión que creo que debería convertirse en obligación para los interfectos: todos los políticos que se ganan la vida con nuestros impuestos (incluyan aquí a concejales, diputados, parlamentarios, consejeros, presidentes, vicepresidentes...) deberían escolarizar a sus vástagos en la escuela pública y tener prohibido suscribir seguros sanitarios privados. No creo que este apartado esté incluido en ninguno de los nuevos manuales éticos que se están elaborando en las cocinas políticas, que ya tiene bemoles el hecho de que no existieran o, de existir, que se los pasaran por el forro. Creo que se trata de una petición cargada de lógica, ¿no les parece? De esa manera los próceres se lo pensarán dos veces antes de reducir el dinero público destinado a educación y sanidad, amén de convertirse en un ejemplo para el resto de la población. Quizás me esté equivocando y todos nuestros prebostes ya lo hacen desde hace años, pero permítanme que lo dude. En realidad sólo tienen que añadir este punto en esos manuales éticos a los que antes aludía. Ganarán un poco de la credibilidad que hace tiempo perdieron.
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