Ya no importa tanto el de casa. Tampoco el de fuera. Lo necesario, y esta crisis lo ha convertido en imprescindible, es hacer creer a los de dentro que fuera se vende mucho lo propio. Ni siquiera es parte ya de una estrategia de turismo, es llevar a lo superlativo algo que tampoco es demasiado relevante en sí mismo. Por eso, los medios de comunicación se llenan de notas de prensa sobre las apariciones en otros medios de comunicación de las excelencias de un festival, un edificio con interés patrimonial, una ciudad o lo que sea, noticias sin fundamento que, al mismo tiempo, cuando salen publicadas son, a su vez, rebotadas por quien envió la nota en origen a través de la redes sociales para que el ciudadano vea que hemos sacado músculo en no sé que revista de Estados Unidos o en un programa de televisión, que eso ha sido recogido por la prensa local y que mira qué importantes somos. No importa lo superficial de la comunicación, el vaciado de contenido que implica o el engaño que, aunque sea de manera parcial, transmite. En Álava hay verdaderos especialistas en esto, sobre todo vinculados a instituciones, organismos que buscan el aplauso continuo a una acción que, cuando se mira con detenimiento, es bastante más pobre que lo vendido.