nos apuntamos a ser un diario provinciano, tomando el guante de la acepción de cercano y entrañable que nos propone Alfredo Marco Tabar en su tribuna de réplica que, bajo el título de Alaveses provincianos, le brindaron estas mismas páginas el lunes. DNA ha presumido, desde su humilde osadía, de ser efectivamente un periódico de pueblo e íntimamente ligado a la realidad más cercana de sus vecinos lectores. En el contexto que nos trae el exalcalde vitoriano, las derechas alavesas han gustado de acompañarse de infinidad de adjetivos entre montaraz, liberal, tradicionalista, centrista, reaccionaria, fuerista o hasta moderna, así como también provinciana. Y elevar la virtud provinciana -ya sea apelando a los usos y costumbres de las cuadrillas, al rancio abolengo del fuero alavés o a la tutela del Marquesado de Urquijo- a la categoría de ius sanguinis para enarbolar el derecho secesionista de Álava -ese espíritu que alimentó la aventura de la extinta UA- es absolutamente legítimo y respetable. Pero disculpará el ilustre alcalde que pueda estar también sujeto a la crítica de la prensa de pueblo, que -aun a riesgo de aldeana o estar equivocada- se vale de su altavoz igual que los políticos electos de su tribuna parlamentaria. Dicho sea, claro, con la venia y todos los respetos.