La trascendencia y el respeto de los que hoy gozan los herri kirolak en Álava no se entenderían sin la figura de Luis Mari Bengoa Ortiz de Zárate (Otxandio, 1945). Histórico divulgador y voz reconocible del deporte rural, Bengoa ha marcado un antes y un después en la proyección de estas disciplinas en el territorio. Su vida ha estado íntimamente ligada a los herri kirolak y a la defensa del mundo rural, una pasión que ha guiado durante décadas su labor al frente de micrófonos, festivales y demás proyectos de promoción cultural.

Tras dar recientemente un paso a un lado, los reconocimientos no tardaron en llegar. De hecho, en los últimos meses ha recibido varios homenajes por una trayectoria construida desde la constancia, el compromiso y el cariño hacia el sector rural. En marzo fue reconocido durante la final del campeonato Urrezko Aizkolariak, celebrada en Azpeitia, y en mayo recibió un nuevo homenaje en un festival de herri kirolak en Asteasu. En su charla con este periódico reconoce que ninguno de los dos estaba previsto, y quizá por eso la emoción fue aún mayor.

Luis Mari Bengoa Pablo Viñas

Luis Mari Bengoa ha llevado siempre por bandera la reivindicación del agricultor y del ganadero como pilares de la sociedad. “He intentado conseguir que nuestro agricultor, que nuestro ganadero, que nuestro agente del campo sea de primera categoría”, subraya. 

Defensa del mundo rural

En este sentido, lamenta la mirada condescendiente que históricamente se ha proyectado sobre el mundo rural. “Se nos ha visto a la gente del campo como el tolay. Y no hay peor tolay que el tolay de capital. El que está en el mundo rural, el que lleva una explotación, es un ciudadano de primerísima categoría, porque tiene que saber de todo. La universidad de la vida que tiene el agricultor o el ganadero no la tiene cualquiera”, defiende.

“He intentado conseguir que nuestro agricultor, que nuestro ganadero, que nuestro agente del campo sea de primera categoría”

Sobre el relevo generacional y la savia fresca que atesora la provincia en materia de herri kirolak, Bengoa se muestra optimista. Considera que Álava cuenta con “una cantera tremenda” en este deporte, pese a la transformación del trabajo en el campo. “Araba es una provincia marcada por la dureza del campo. Aunque hoy existan otras facilidades, la gente ha trabajado mucho y en los pueblos se ha forjado una fortaleza especial. El día a día exige esfuerzo constante, tanto en el monte como en el campo, y eso se nota”, reflexiona.

Luis Mari Bengoa recibe el reconocimiento de sus más allegados Cedida

En ese futuro del deporte rural, las mujeres ocupan un papel cada vez más visible y ejemplar. Algunos nombres destacados son los de Eider García Durana, Sara Jiménez de Aberasturi o Saioa Iglesias, referentes todas ellas de la Arabako Harri Eskola. “La mujer ha sido históricamente ninguneada. Ha trabajado en la sombra, ha sostenido la familia y la educación, y nuestras amatxus han hecho una labor de supervivencia increíble”, recuerda. Hoy, añade, “compiten con una clase extraordinaria. Levantan menos peso que los hombres, sí, pero ofrecen competiciones muy atractivas y ayudan a que los herri kirolak crezcan de forma equilibrada”.

“En los herri kirolak cada uno lucha contra el esfuerzo, contra la materia, no contra otra persona; eso es la vida misma”

Bengoa sitúa 1975 como el punto de inflexión para el resurgir de los herri kirolak en Álava. “Éramos una provincia pobrísima en comparación con el resto de Euskadi, pero empezamos a trabajar y llegamos incluso a alcanzar un tercer puesto en campeonatos interterritoriales”, rememora con orgullo. Uno de los grandes objetivos era que los festivales de San Prudencio y Santiago contaran con deportistas alaveses. “Al principio no había participantes de aquí y había que traer gente de fuera, pero poco a poco conseguimos que fueran íntegramente de casa. Eso es un orgullo enorme”.

Para Bengoa, lo que hace únicos a los herri kirolak es su esencia. “Son los únicos deportes del mundo en los que no hay contacto físico. Ni en los del mar ni en los de tierra. Cada uno lucha contra el esfuerzo, contra la materia, no contra otra persona. Eso es la vida misma”, concluye. Una filosofía que ha defendido durante décadas y que, gracias a su trabajo, sigue viva en Álava.