Llegó el momento del estreno. Fue en Rabat donde, hace unos días, se hizo realidad ante el público el resultado de muchos meses y meses de trabajo. El proceso para llevar a escena Barzakh no ha sido sencillo, pero en la esencia de Proyecto Larrua, y seguramente también en la de Dati Drouk, está romper y derribar fronteras y muros. O, por lo menos, intentarlo con todas las fuerzas. Así, a través del lenguaje compartido de la danza contemporánea, gasteiztarras y marroquíes han dado vida a algo más que un montaje.

Barzakh no es solo el umbral entre el cielo y el infierno, tal y como nombra el Corán. Aquí en Marruecos es el nombre que los jóvenes ponen al viaje que cruza el Atlántico como metáfora de la incertidumbre que tienen de saber que, quizás, pierden la vida o, quizás, llegan a puerto. Todo ello impulsado por el deseo de una vida mejor”. Son palabras de Salima Moumni, directora de Dati Drouk, entidad que, junto a la compañía vitoriana Proyecto Larrua, ha hecho posible una propuesta que empezó a gestarse en 2024. Por algo esta palabra con ese doble significado ha sido la elegida para bautizar la producción llevada a cabo entre Marruecos y Euskadi.

Valores

Barzakh ha sido más que un proyecto cultural transfronterizo. Más que un programa de mediación para jóvenes de intercambio entre Marruecos y Euskadi. Barzakh traza un antes y un después para Proyecto Larrua por el valor humano que reside dentro del mismo programa”, apuntan Jordi Vilaseca y Aritz López. 

“Dicen que lo que no se nombra no existe. ‘Barzakh’ existe, ha existido y va a formar parte de los jóvenes talentos que lo encarnaron”

“Las historias de vida de los y las jóvenes participantes –Itzel Vela, Paula Jofre, Yaiza Vela, Baddou, Zakaria y Salmane– han potenciado la utilización de la danza como canal transformador para confrontar y visibilizar aquello que todavía incomoda, tanto en Euskadi como en Marruecos”, apuntan desde la agrupación vitoriana en torno a una iniciativa que ha contado con su dirección escénica y coreográfica. Una creación que ha realizado residencias artísticas aquí –en Garaion (Ozaeta) y Dantzagunea (Errenteria)–, así como en Rabat.

Fue allí donde esta producción, pensada para verse en la calle y en espacios no convencionales, se estrenó, por ejemplo, ante la presencia de José María Davó Cabra, consejero cultural y científico de la Embajada de España en Marruecos. “Aunque las fronteras son un tema que nos incomoda un poco a los diplomáticos, lo habéis convertido en algo muy bello”, dijo en aquel momento.

Los bailarines y las bailarinas participantes en 'Barzakh’ Cedida

El proyecto ha contado con el apoyo del Programa Pice, la Embajada de España en Rabat, el Instituto Cervantes de Rabat, la UNESCO y la Fondation pour la Sauvegarde du Patrimoine Culturel, Pyrenart, Dantzaz, Garaion, el Conservatorio José Uruñuela y Arkabia (Fundación Vital). 

Apuesta

“Dicen que lo que no se nombra no existe. Barzakh existe, ha existido y va a formar parte de los jóvenes talentos que lo encarnaron para el resto de sus vidas como algo muy especial y marcará un antes y un después en sus carreras, que justo ahora toma carrerilla para poder despegar”, describen desde Larrua.  

“Ser compañía residente de la ciudad es algo que llevamos años pidiendo para dignificar nuestra profesión de bailarines y creadores de Vitoria”

Desde la compañía alavesa tienen claro que “con frecuencia, proyectos de esta naturaleza quedan fuera de determinados focos culturales del panorama estatal con el fin de clasificar y opacar algunos trabajos frente a otros que son más interesantes. Pero Barzakh ha trascendido mucho más de lo que estos pequeños altavoces pueden aportarle y ha demostrado que desde la descentralización y lejos de lo que sucede en Madrid, se pueden hacer cosas muy ricas culturalmente y de un valor inestimable de carácter social, cultural y dancístico”. 

Ojalá, de todas formas, pudiera tener más recorrido ante el público, tanto aquí como en Marruecos. Con todo, “nos sentimos muy orgullosos de haber podido llevar a cabo este proyecto transfronterizo de formación, intercambio y profesionalización para jóvenes de Euskadi y Marruecos, tras muchos meses de trabajo, visados, burocracia y obstáculos derivados de una financiación cultural siempre insuficiente”.

Reivindicación en Gasteiz

Como recuerdan desde la formación alavesa, durante once años, Proyecto Larrua –nominada a los Max por La casa vacíaha impulsado desde Vitoria iniciativas que van más allá de la creación y exhibición escénica: programas de mediación y recuperación de públicos para la danza contemporánea como Zubiak; el Certamen Coreográfico Harria; la gala Dantza Km/0 dedicada al talento local; los encuentros formativos Larrua-Lab o el proyecto de La Senior, una compañía de danza para intérpretes mayores de 40 años. 

Uno de los momentos de preparación de 'Barzakh’ Cedida

De todas formas, aseguran, “resulta difícil sostener una trayectoria artística durante más de una década sin disponer siquiera de una espacio de trabajo estable. Ser compañía residente de la ciudad, con todo lo que implica para ambas partes, es algo que llevamos años pidiendo para poder dignificar nuestra profesión de bailarines y creadores profesionales de Vitoria-Gasteiz”.

Por ello, consideran que hay que hacer trabajo efectivo y compartido para “dignificar la profesión a nivel local, profesionalizar este duro y bello oficio de la danza contemporánea y promover la motivación en las nuevas generaciones que terminan buscando fuera el futuro que todavía no logran imaginar aquí”. La cuestión es si esas reflexiones se van a seguir encontrando con fronteras institucionales infranqueables.