“No es nada ligero, cada traje pesa unos diez kilos”, apunta Iratxe Bilbao, quien comparte labor con Leire Sanjurjo. Pero más allá de la dificultad que eso supone a la hora de poder bailar, quedarse en un número a la hora de hablar de Txatxara sería reducir en exceso una propuesta que habla de la mujer, de la herencia, del trabajo invisibilizado y no valorado, del encuentro, de... Bueno, también hay reflexiones e ideas que desarrollarán por su parte quienes compartan el próximo día 28 en la capital alavesa la pieza de Patas de Gansa.

En concreto, la cita será en el marco de la próxima edición del Bertako Fest que se llevará a cabo en la sala Baratza, donde el colectivo estuvo realizando una última residencia el pasado fin de semana para seguir desarrollando un proyecto escénico que se ha venido configurando en los dos últimos años. El resultado final, si es que un montaje termina de cerrarse alguna vez, es una creación en la que la danza contemporánea y la performance se unen entre “voces de muchas mujeres que han trabajado mucho durante toda su vida”.

En colectivo

De hecho, en escena –y así se verá el último sábado de este mes en el espacio de la plazuela Aldabe, donde las entradas ya están disponibles– solo hay, en apariencia, dos mujeres, Bilbao y Sanjurjo, pero son en realidad muchas más las que han hecho que esta pieza sea posible. Para empezar, Eulalia Abaitua.

Bilbao y Sanjurjo en la sala Baratza Alex Larretxi

El germen de Txatxara está en una exposición en torno a la figura de la que está considerada como la primera fotógrafa vasca, una muestra que Patas de Gansa visitó y en la que se encontró con imágenes de 1900 en las que se veía a “mujeres realizando las tareas que tradicionalmente les habían sido atribuidas; y nos dimos cuenta de que no sabíamos mucho sobre lo que hacían y cómo, de los procedimientos que llevaban a cabo y el conocimiento necesario para ello”.

Tirando de ese hilo, se fijaron de manera específica en las mujeres que bajaban a los ríos a lavar la ropa. El agua, las texturas, la idea del lugar de encuentro en el que hablar y contarse cosas... fueron elementos con los que empezar a trabajar en una investigación que siguió en el pueblo leonés de Sanjurjo, donde pidieron prestadas sábanas que ya no se usasen. La respuesta fue muy importante y tuvo nombre solo de mujer. “Sabíamos que teníamos que hacer algo con aquello, aún sabiendo que los trajes podían ser pesados”, una metáfora de la carga que soportaban aquellas mujeres de las imágenes de Abaitua.

Reflexión

Txatxara es, en este sentido, también una invitación a la reflexión sobre “todas esas tareas que nunca han sido reconocidas y que siempre han sido atribuidas a las mujeres”, más allá de que cada espectador y cada espectadora en Baratza “conectará con diferentes aspectos dependiendo de lo que recuerde haber vivido en casa”. 

Desde el presente a un pasado no tan lejano para saber también leer el momento actual. Puede ser el recorrido que haga quien acuda a la llamada del Bertako Fest, de un certamen en el que Baratza busca presentar una muestra de trabajos que se han estado creando o trabajando en las residencias artísticas de la sala.