Alicia

(XLIV) El silencio del virus Por Jabo H. Pizarroso

Un día, un capítulo. La novela 'El silencio del virus' se escribe cada jornada en las páginas de DIARIO DE NOTICIAS DE ÁLAVA de la mano del escritor vitoriano Jabo H. Pizarroso y de las ilustraciones de Kiko Pérez. Un libro que se construye partiendo de la realidad que vivimos para llevarnos a la ficción sanadora.

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01.05.2020 | 01:27
Audiofragmento del capítulo XLIV, locutado por Carlos Barona.
Ilustración de Kiko Pérez.

Cerca de la noche, tan cerca como del día, tan lejos y tan cerca de verse tan lejos como cerca de estar juntos, Amalia y Unai acabaron de oír Kind of Blue. Juantxu llevaba mucho rato ya con ellos.

Mirándole, Amalia recordó el Haced lo que queráis que Juantxu pronunció cuando ella propuso escucharlo todo. Unai, por su parte, no paraba de pensar en lo que vieron los tres cuando él mismo extrajo el vinilo azul de aquella funda, y Amalia le dijo espera porque algo cayó al suelo desde la boca del cartón como a cámara lenta.

Se trataba de una nota manuscrita por Javier Matos que leyó un Juantxu nervioso, aunque no se le notó demasiado. En aquella tarjeta estaba escrito lo que sigue: "Corre al rescate con amor y la paz vendrá. R. P. y Javier Matos"

Nada más acabar de leerlo Juantxu se fue a su despacho para seguir con su trabajo para el periódico.

Me voy. Dijo.

¿No vas a escuchar el disco con nosotros? Preguntó Amalia.

No me apetece. Tengo curro. Haced lo que queráis. Contestó Juantxu.

Cuando ya había desaparecido tras el vano de la cocina-salón y estaba a punto de entrar en su despacho, oyó gritar Juantxu.

A los segundos, Juantxu se asomó.

Dime. Contestó Juantxu.

¿Me puedes prestar el cuaderno donde tienes todas las notas que has ido extrayendo de la novela? Me gustaría repasarlo mientras oímos el disco. Dijo Amalia.

Lo tienes ahí. Dijo Juantxu. Y señaló con un dedo el cuaderno que estaba abierto en la encimera, rodeado por migas de pan.

Luego desapareció del marco. Volvería tras las notas finales del primer tema.

Comenzó a sonar So What. Aquello entraba en los oídos de Unai y de Amalia como el rumor de un oleaje lejano que se hacía más presente a medida que avanzaba la música. Unai ojeaba a Amalia. Amalia hojeaba el cuaderno.

Bill Evans y Wynton Kelly. Pianos. Paul Chambers. Contrabajo. Cannonball Adderley. Saxo Alto. Jimmy Cobb. Batería. Davis. Trompeta. Cuando los fraseos de Miles pasaron al solo tan genial que interpreta John Coltraine al saxo tenor, y cuando éste acabó, Amalia y Unai conversaron un algo entre ellos. Susurrantes.

¿Qué crees que quiso decir Matos con esa tarjeta que se ha caído de la funda del disco? Preguntó Unai.

No tengo ni idea. Parece una frase de otro. Dijo Amalia.

Antes de su firma hay unas iniciales. R y P. Dijo Unai.

A mí esa frase me quiere sonar, ¿a ti no? espera. Dijo Amalia.

En medio de un impasse, con Unai expectante, Amalia cogió su móvil y gogleó la frase de la tarjeta. Inmediatamente aparecieron un sinfín de entradas en las que se veían fotos de Joaquín Phoenix recogiendo el Oscar a la mejor interpretación masculina en la gala de febrero de 2020 por la película Joker. Cuando Amalia hubo comprobado que aquella frase correspondía al discurso de aceptación de aquel premio, le sacó de dudas a Unai, que esperaba callado con paciencia de confín.

Lo que ha puesto Matos en la tarjeta son las palabras que dijo Joaquín Phoenix en la gala de los Oscar. Explicó Amalia. Y a su vez es una frase que escribía River Phoenix mucho, su hermano.

Eso no me convence. Comentó Unai.

Juantxu escuchaba oculto en el pasillo.

¿Por? Preguntó Amalia.

Porque según hemos leído, ese disco se lo regaló Matos a Juantxu en 1988, cuando Miles actuó en esta pequeña ciudad. No es verosímil que aparezca una tarjeta dentro de la funda que pertenece a su vez a una frase pronunciada por ese actor hace tan poco. Dijo Unai. Y menos cuando ese disco tenía un papel de regalo de finales de los ochenta, con un sello de una tienda de aquellos años. Además, River Phoenix murió en el 93. Concluyó Unai.

¿Otra pista falsa? Preguntó Amalia.

La aguja del tocadiscos ahora cabeceaba sobre cada nota de Miles de manera imperceptible casi, dentro de un surco de plástico del que brotaba jazz cool.

¿Entonces? Preguntó Unai.

Amalia sonrió. Se me ocurren muchas cosas, pero nada concluyente. Además, estoy cansada. Llevamos casi veinticuatro horas con todo tipo de teorías sobre esta novela. Creo que me voy a ir a mi casa.

En eso Juantxu entró en la cocina salón. Vio su cuaderno desplegado sobre la mesa ¿Has encontrado algo?, preguntó.

No. Contestó Amalia.

No sé, dijo Juantxu. Se acercó. Cogió el cuaderno como si cogiera una tarta recién hecha.

Hay algo. Dijo Juantxu.

¿Qué? Preguntó locuaz Unai.

Barrios. La lista debe de estar por aquí. No sé. Esperad. Creo que está casi al principio. O a la mitad. Dijo Juantxu mientras pasaba las hojas que sonaban como aletazos. Se hizo un silencio largo.

Aquí. Dijo Juantxu.

Amalia se levantó y se inclinó sobre la hoja que aplastaba Juantxu con el dedo. Unai se puso cerca.

Fijaos en las iniciales de los barrios. No están en orden. Yo las puse en orden. Pero dónde. Pensó Juantxu levantando la cabeza al techo con ánimo de recordar donde estaba esa página.

¡Ah, sí!, dijo por fin.

Salió. Al tiempo volvió con una hoja tan arrugada que parecía rescatada de una papelera.

Os dije que las iniciales de los barrios no estaban en orden, pero tras juntarlas de mil formas, creo que esto es lo que debería leerse: ALICE C'EST MOI.

Alicia soy yo en francés. Dijo Amalia.

¡Jo, Amalia! ¿Sabes a quién te pareces así, en esa postura, con esa mirada que tienes ahora? Preguntó Unai.

Pues no. Dijo Amalia sonriente.

A la amante del Jocker. A Harley Quinn. Dijo Unai.

Y era verdad. Amalia tenía dos cercos de sombra alrededor de los ojos. Continuará...