Comunidades energéticas frente al mercadeo eléctrico

El territorio alavés cuenta ya con más de una veintena de estas iniciativas, reconocidas por Eusko Ikaskuntza

10.01.2022 | 00:43
Instalación de placas solares en la localidad alavesa de Lasierra. Foto: P. J. P.

Un total de veintidós comunidades energéticas en Álava y alrededor de veinte en Navarra son el fruto del carácter emprendedor y pionero que se da en las pequeñas localidades de ambos territorios, y gracias también al impulso de entidades como la cooperativa Emasp, que han servido para animar muchas iniciativas y también servir de reflejo en otras partes del Estado.

El caso de esta cooperativa que trabaja en Navarra y Álava es uno más de los que llamó la atención de Eusko Ikaskuntza como ejemplos de iniciativas en el medio rural, que fueron recogidos en un catálogo de proyectos socio-económicos de interés para la revitalización del medio rural alavés y de los pequeños pueblos. Son interesantes porque pueden ser inspiradores y ejemplarizantes, porque favorecen la innovación en el medio rural y también porque son experiencias vivas, con sus dificultades y necesidades y con sus logros.

Emasp Soc. Coop. es una cooperativa de suministro de energía eléctrica 100% renovable (solar, hidráulica, eólica y biomasa) con origen en Navarra. A través de ella se están impulsando las comunidades energéticas locales como instrumento idóneo para responder a los retos del cambio climático a la vez que se desarrolla un modelo de empresa social y cooperativa. Asimismo, no deja de ser una alternativa frente a la escalada de la factura eléctrica.

La primera comunidad energética se creó en Esparza de Galar, en Navarra, en 2019. A continuación, en diciembre del 2020 la comunidad de Lasierra, en Álava, comienza a generar y autoconsumir su energía.

El proceso para crear una comunidad energética comienza con la concreción de un grupo tractor en la localidad, barrio o zona donde surja la idea de crearla. Posteriormente se inicia un proceso de recogida de datos y análisis de los consumos en las horas de generación fotovoltaica y se realiza el prototipado de la instalación. Sobre el prototipado, con las personas, instituciones y pymes que decidan formar parte de la comunidad energética, se inician talleres de formación y diseño del plan de gobernanza a la vez que se realiza el proyecto de ingeniería definitivo de la instalación. Sobre estas bases se constituye formal y legalmente la comunidad energética, se ejecuta el proyecto y se inicia el autoconsumo una vez realizada la conexión con la red.

Según confirma Eusko Ikaskuntza, a día de hoy existen veintidós comunidades energéticas en Álava y otras veinte en Navarra las cuales se encuentran en diferentes fases de desarrollo. Cabe mencionar que las comunidades que en Álava pasarán a la fase de autoconsumo generarán en conjunto alrededor de un megavatio. Desde este proyecto, también se están apoyando técnicamente e impulsando diferentes comunidades energéticas en el Estado español.

Como principal valor, cabe mencionar que el ahorro medio en la factura global de la electricidad de las personas componentes de estas comunidades energéticas está siendo del 55%. También se destaca que la inversión inicial en términos generales se sitúa en 1.000 euros por kWp y que esta puede variar, dependiendo del modelo y dimensión de la comunidad energética. Con ese planteamiento de beneficios y costes, los objetivos que tiene esta iniciativa de cara al futuro están dirigidos a extender la figura de las comunidades energéticas y evitar la emisión de tres mil toneladas de CO2 a la atmósfera, contribuyendo así a la descarbonización de la economía y logrando a la vez reducir el gasto energético a las personas.

comienzos complicados En cualquier caso, ponerlo en marcha no ha sido fácil, al menos para los pioneros. Para empezar, la mayor dificultad que ha afrontado esta iniciativa surgió al realizar los trámites pertinentes por parte de las distribuidoras ya que estas impidieron el fácil acceso a dichos trámites.

Más tarde surgieron las dificultades obvias durante la pandemia. Durante este tiempo el contacto directo con las personas se vio impedido y esto obligó a que muchas reuniones, tanto informativas como participativas se hayan tenido que realizar de forma telemática. Para solventar estas dificultades se puso en marcha un sistema de formación a través de Internet (academy.emasp.org).

En este sentido, el estudio valora positivamente el empoderamiento de las personas que participan en los concejos y las comunidades de vecinos así como el sentimiento de comunidad que se ha generado a la hora de construir nuevas relaciones sociales. Cabe señalar el surgimiento de nuevas iniciativas sociales solidarias en el seno de las propias comunidades energéticas que destinan una parte del ahorro en la facturación a esos fines. Y además se ha comprobado la necesidad de formar a las personas en hábitos de consumo más sostenibles, una demanda que se ha generado por la implicación de los vecinos en la puesta en marcha de estas comunidades energéticas.

Además, esta iniciativa genera otro tipo de actividades económicas de forma indirecta. Por un lado, la instalación de las placas fotovoltaicas y su correspondiente mantenimiento suponen una considerable carga de trabajo para las empresas de la zona. Por otro lado, el abaratamiento del coste eléctrico supone un apoyo significativo a la actividad comercial de pymes y autónomos de la zona.

Y algo que es también fundamental: las comunidades energéticas provocan de forma directa un impacto positivo. En este sentido, las comunidades energéticas de Álava van a evitar la emisión de alrededor de 900 toneladas de CO2 a la atmósfera; además se dejarán de emitir 2.578 miligramos de residuos radiactivos.

Las iniciativas de estas comunidades cuentan con el apoyo del Gobierno Vasco a través del Ente Vasco de Energía y también han recibido ayudas correspondientes al programa Leader de la Diputación Foral de Álava y del Gobierno de Navarra.

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