Ivan Tomic (Belgrado, 1976) regresó el pasado fin de semana a Vitoria-Gasteiz para participar en el homenaje a la histórica plantilla de aquel Deportivo Alavés subcampeón de la Copa de la UEFA de 2001. Un cuarto de siglo después, el centrocampista serbio con pasado en las filas del Glorioso, Partizan, Roma y Rayo Vallecano volvió a reencontrarse con compañeros, recuerdos y una ciudad que, admite, sigue ocupando un lugar especial en su memoria.

Ya se encuentra de vuelta en Belgrado pero estos últimos días los ha pasado en Vitoria. ¿Cómo los ha vivido?

Con muchísima emoción. Han sido sensaciones muy fuertes. Además ha existido una casualidad muy bonita: desde la habitación del Hotel Silken en la que yo estaba, se veía justo el lugar donde yo vivía cuando estaba en Vitoria. Eso me acercó a aquellos años y despertó en mi recuerdos muy emotivos de esa época. Han sido días muy bonitos por volver a ver a compañeros, entrenadores, antigua gente del club, del staff médico… y también por reencontrarme con la ciudad, con el ambiente y con la afición del Deportivo Alavés.

¿Hacía mucho tiempo que no sabía nada de sus compañeros?

Muchísimo. Cada uno ha seguido su camino en el fútbol y en la vida, con su familia y su trabajo, pero al reencontrarnos todos hemos sido muy cercanos los unos a los otros porque todavía tenemos el recuerdo de aquel año inolvidable.

Y la ciudad, ¿cuándo había sido su última vez aquí?

En 2003, cuando volví unos meses a jugar dos años más tarde. Desde entonces no había regresado. Muchas veces había pensado volver con mi mujer y mis hijos, porque siempre he querido enseñarles Vitoria y el País Vasco. Más allá del fútbol, siempre me ha gustado muchísimo la ciudad, su estilo de vida y su gente.

Fueron días especiales reencontrándose con viejos compañeros, pero también con la afición, ¿qué le pareció el homenaje de Mendizorroza en la previa?

Lo positivo es que el equipo ya llegaba salvado y el día de partido era una fiesta para celebrarlo sin preocupaciones con la afición. La organización de la afición fue espectacular y el momento de ver el tifo en el que salíamos allí con la camiseta de la final cuando saltamos al campo fue también muy emotivo.

“A día de hoy, sigo mirando todos los resultados, y a veces veo hasta algún partido. Me alegro mucho cuando el equipo gana y espero que así siga”

Además, recibiste justo el homenaje contra el otro equipo en el que usted jugó en LaLiga.

Sí, recuerdo mi etapa en el Rayo. Fue una coincidencia muy bonita que el partido fuese contra ellos. Son esas cosas que a veces parecen raras de pensar y luego terminan sucediendo. La vida siempre demuestra que todo puede ocurrir.

A día de hoy, ¿el nombre de Ivan Tomic sigue ligado al fútbol?

No profesionalmente. No entreno ni trabajo dentro del fútbol, invierto dinero en diferentes proyectos, pero el fútbol no. Lo sigo por pasión, como un aficionado más.

Entonces, ¿vio la final europea del otro día entre su exequipo, el Rayo Vallecano, y el Crystal Palace? Hubo muchas personas que compararon la gesta del Rayo con la del Alavés.

No he visto el partido, pero sí me enteré del resultado. Pienso que es bueno para el fútbol ver a clubes más pequeños llegar a estas finales. Es verdad que es un poquitín diferente a lo nuestro porque hace 25 años no existía la Conference. Entonces, con los equipos que había en la Copa de la UEFA era más difícil poder llegar tan lejos. Pero no hay que quitar mérito al Rayo y desde aquí les doy mi enhorabuena por llegar tan lejos.

Y de la actualidad del Alavés, ¿está al tanto?

Sí. Miro los resultados, y a veces veo algún partido. Siempre me alegro cuando gana. Espero que el equipo el próximo año pueda tener más continuidad, no solo a nivel de prestación, porque pienso que están intentando jugar un buen fútbol, pero también tiene que darse en forma de resultados y que todos puedan estar más tranquilos de tener otros objetivos los próximos años. El club, la afición y los jugadores se lo merecen.

Repetir lo que hicieron ustedes va a ser muy complicado.

–(Ríe). Bueno, lo primero es asentarse en una zona tranquila de la clasificación y desde ahí aspirar a más. LaLiga es muy exigente, hay muchos equipos y es difícil. De Europa solo se puede hablar solo cuando ya tienes el puesto de Europa. Antes de eso no hay que hablar sobre ello, primero hay que fijarse en estar en la zona media de la clasificación y luego desde ahí ya se puede llegar a Europa.

Ha dicho que antes no existía la Conference, pero había otros torneos, incluso otras reglas. ¿Usted piensa que el fútbol ha cambiado mucho en estos últimos años?

Con el tiempo todo cambia: el fútbol, la tecnología, el estilo de vida, todo cambia. Lo que no cambia son los valores que tienen que estar en cada una de esas cosas, que son los valores humanos. En el fútbol, hace unos 30 años se jugaba con líberos, ya no tanto. Ahora, desde hace 10 años, los laterales están más adelantados, a veces se juega sin delantero y el portero tiene que ser tan bueno con los pies como otros. Hoy hay muchísima más gente alrededor de un equipo que antes: un equipo grande solía tener cinco o seis personas, y ahora hay más de 20. Las cosas cambian, pero lo que queda siempre es que el fútbol tiene que ser un espectáculo. Tiene que quedarse como un juego. Ahí es donde está la verdadera magia del fútbol.

“Yo creo que aquellos dos goles que marqué en Turquía fueron incluso más importantes que el 0-2 frente al Inter, pero el de Milán fue muy bonito”

Y en el fútbol actual, ¿qué es lo que le gusta, hay algún club especial?

Sigo más a los clubes donde he jugado. También, el estilo que más me gusta y que me genera más pasión es el de los equipos que intentan jugar fútbol dinámico, atractivo, de dominación, de técnica, de calidad. Soy muy fan de ese estilo de fútbol.

De su etapa en el Alavés, ¿con qué momento se queda?

Es muy difícil elegir uno, porque hay muchos. Quizá el regreso desde Dortmund, cuando llegamos a la Virgen Blanca y vimos a toda la gente allí bajo la lluvia celebrando con nosotros. Fue increíble. También salir al campo aquella noche en Dortmund. Al fin y al cabo son muchos momentos.

Aquí, en Vitoria, usted es recordado especialmente por su gol frente al Inter que supuso el 0-2.

Sí, sí. Lo sé. Yo también me acuerdo mucho de aquello. Fue un gol bonito, claro, pero para mí representa mucho más que el gol en sí. Dentro de ese momento está todo: el trabajo del equipo, el esfuerzo, la confianza entre compañeros, la relación con el club y la ciudad. Ese gol fue una pieza de un mosaico mucho más grande.

¿Diría que es el más importante de toda su carrera?

Sin duda que es uno de los más importantes. Y uno de los que más satisfacción me dio marcar. Lograrlo en una eliminatoria así, ante un equipo como el Inter, que tenía jugadores de una calidad altísima, para mí es algo muy especial.

Mucho menos recordado que su gol en Milán es el doblete que logró en la primera ronda en Turquía, quizá a muchos no les suene, pero fue igual o incluso más importante

Estoy de acuerdo contigo (ríe), siempre he pensado que seguramente aquellos dos goles fueron incluso más importantes que el del Inter. Empatamos en la ida 0-0 en Mendizorroza y allí necesitábamos un gran resultado en un ambiente muy difícil, muy hostil y con muchísima presión para nosotros. Me acuerdo de ese partido perfectamente y guardo un recuerdo muy especial de esos dos goles.

Tomic, durante la charla del 25 aniversario. Pilar Barco

Dentro de aquel vestuario, ¿con qué compañeros tenía mejor relación?

De verdad que con todos. Es algo que puede sonar típico, pero era así. Con Vucko y Djolonga tenía más cercanía por el idioma, pero me sentía muy cerca de toda la plantilla. Había una unión muy especial entre nosotros. Daba igual cuánto jugabas, cuánto ganabas o de dónde fueras. No importaba si eras vasco como Pablo, de Sudamérica como Magno, Herrera, Desio o Alonso, o del norte de Europa como Eggen. Lo importante era ser parte del equipo y dar el máximo cuando te tocaba. Siento que esa fue una de las claves.

Y del míster, ¿qué se puede decir sobre Mané?

Muy bueno. Era un entrenador tranquilo, que sabía cómo gestionar un grupo humano. Él siempre tenía muy claras sus ideas, pero también sabía escuchar al resto. La verdad es que tengo un gran recuerdo de él.

Sobre la final de Dortmund, ¿se le hizo difícil asimilar la derrota y volver a ver aquel partido?

Siempre es difícil. Cuando me sale algún vídeo o información sobre ello es difícil, pero también siento orgullo. Sigo pensando que no merecimos perder aquel partido de aquella manera. Me acuerdo de mi compañero Delfí Geli, que fue una de las personas más buenas que yo he conocido en toda mi carrera, y que seguro que era una de los últimos jugadores a los que le podía suceder algo así. Siento que todo el equipo nos dividimos aquel autogol, no fue un hecho personal. Cuando metíamos gol en la portería rival sentíamos que cada uno de nosotros lo había metido, pues ahí, cuando lo sufrimos, fue igual. Fue un momento dividido, no fue responsabilidad de nadie, caímos como un equipo.

En ese momento, tal vez no eran conscientes de lo que habían logrado por culpa de la derrota. ¿Con el tiempo lo ha sabido valorar más?

Sí, por supuesto, mucho más. En aquel momento fuimos pasando rondas y empezamos a creer que todo es posible. Eliminamos a equipos de Turquía, Noruega, España, Italia o Alemania, y solo quedó la final, pero con el tiempo te das cuenta de lo extraordinario que fue todo eso. Era la primera vez que el Alavés jugaba en Europa y llegar tan lejos fue increíble, extraño y a la vez muy especial.

Normalmente los aficionados al fútbol solo recuerdan al campeón, pero en el caso del Alavés no es así

Sí, aquella final hizo que toda Europa conociera al Glorioso. Fue un partido inolvidable. Mucha gente pensaba que iba a ser sencillo para el Liverpool y el equipo respondió de una manera increíble. Poder remontar dos veces en una final así fue algo extraordinario y difícil de repetir.

“En aquel Alavés daba igual cuánto jugabas, cuánto ganabas o de dónde venías. Lo importante era sentirte parte del equipo y dar el máximo siempre”

Dejando de un lado la final frente al Liverpool, ha dicho que sigue siendo un gran aficionado al fútbol. La gran cita de este deporte, el Mundial, está a la vuelta de la esquina y Serbia no estará presente, ¿cómo están los ánimos por allí?

Doloridos, porque el fútbol se vive aquí con mucha pasión, pero también nos sirve para analizar qué ha pasado y qué se puede mejorar. Serbia tiene muchísimo talento y no tengo ninguna duda de que volverá a estar en el futuro en los grandes torneos. Confío en el nuevo entrenador, Veljko Paunovic, seguro que él sabrá hacer bien su trabajo. En este Mundial, tendré que apoyar a las selecciones que más me guste su estilo de juego.

Entonces, sí que tiene confianza en el futuro del fútbol serbio.

Totalmente. Hay talento de sobra. Lo importante es acompañar bien a los jóvenes cuando terminan su etapa formativa, ayudarles a encontrar el mejor camino para seguir creciendo. Ahí está la clave. Si se trabaja bien con esos jugadores jóvenes y toman buenas decisiones en el momento adecuado, Serbia volverá a competir al máximo nivel.