Tras el partido ante el Unicaja, Paolo Galbiati dio la mayor alegría de la noche, ya no solo por la importante victoria del Baskonia que garantiza a los azulgranas como cabezas de serie, sino también por zanjar los rumores sobre su futuro y confirmar su continuidad al frente del banquillo vitoriano la próxima temporada.

El técnico italiano ha hecho frente a varios obstáculos, como bajas y lesiones, a lo largo del curso hasta conseguir grandes resultados –devolvió la Copa del Rey al Baskonia tras 17 años–, ganándose así a una afición baskonista que espera ilusionada una nueva campaña a las órdenes del técnico transalpino. Un entrenador que ha conseguido mantener a sus jugadores enchufados y revalorizados gracias a su sistema de juego, su energía y sus rotaciones.

Curso lleno de obstáculos

Galbiati no ha tenido las cosas especialmente sencillas en varios tramos de la temporada. Desde su llegada la plantilla ha sufrido importantes bajas y lesiones que han descuadrado parte de los planes iniciales y a los que el italiano ha tenido que hacer frente.

Primero, en octubre, al poco de comenzar el curso, llegó la inesperada salida de Luka Samanic, que había demostrado poder llegar a ser una pieza importante en el juego de Galbiati, como reflejaron los 19 puntos de media que firmó en sus dos únicos encuentros oficiales a las órdenes del transalpino.

Más adelante, en diciembre de 2025, tuvo que afrontar también la marcha del exterior Hamidou Diallo, que venía siendo importante en la rotación, tras alcanzar una rescisión con acuerdo económico al recibir una oferta muy lucrativa procedente de China.

Además de las salidas, las lesiones también fueron una constante problemática. Durante su primer curso al frente del Baskonia, Galbiati ha tenido que convivir con bajas importantes como las de Tadas Sedekerskis, Khalifa Diop, Rodions Kurucs o Markus Howard. Un contexto que ha mermado sus opciones en la rotación y que resulta especialmente perjudicial en una competición tan exigente como la Euroliga.

Soluciones y resultados

Sin embargo, Galbiati ha sabido encontrar soluciones para casi todos esos problemas. Y los resultados así lo demuestran. El ejemplo más evidente es la conquista de la Copa del Rey, 17 años después de la última vez que el Baskonia logró levantar el título.

Tras remontar un inicio de temporada irregular, que comenzó con un balance de 4-5 en la ACB, el Baskonia ha cerrado la liga regular con un 25-9, después de firmar un espectacular 21-4 tras aquellas dudas iniciales, como resaltó el propio Galbiati después de la victoria azulgrana ante el Unicaja que consolidó al equipo como cabeza de serie.

Entre medias llegó la ansiada y merecida Copa del Rey, conquistada tras una final épica ante el Real Madrid saldada con un contundente 89-100. Un emocionado Paolo Galbiati fue el encargado de devolver al Baskonia una competición fetiche para los vitorianos, 17 años después de su última victoria en 2009.

Con el único pero de la mala Euroliga realizada por los baskonistas, tanto en Copa como en ACB el Baskonia de Galbiati ha demostrado ser un equipo sólido y candidato a firmar un hipotético doblete nacional si termina la temporada con la cereza encima del pastel que supondría conquistar la liga.

Una conexión especial

Más allá de los resultados y de su capacidad para solucionar obstáculos, cabe destacar la temprana, pero profunda, conexión del italiano con la afición del Baskonia. Desde el principio, su carácter encajó perfectamente con el de los baskonistas.

Galbiati, intenso desde el banquillo como es habitual. Pilar Barco

Galbiati es un entrenador intenso, autocrítico y que siempre exige más a sus jugadores para sacar el lado más competitivo de su equipo. Y así ha conseguido hacerlo con la mayoría de sus pupilos, a los que ha logrado exprimir un gran rendimiento hasta el punto de que varios de ellos han terminado revalorizados.

Tal es el cariño que le tienen los baskonistas a Galbiati que, en menos de un año, han sido varios los cánticos y muestras de apoyo hacia su figura. De sobra conocido es ya el cántico que empieza con “¡Por la mañana café…!”, que reflejaba el deseo de los hinchas de volver a ganar la Copa y que Galbiati, como si de una profecía se tratase, terminó convirtiendo en realidad.

Por ello, los rumores de una posible marcha al final de temporada hicieron saltar todas las alarmas. Sin embargo, el propio Galbiati se encargó de apagarlas tras el triunfo ante el Unicaja, confirmando que seguirá al frente del proyecto azulgrana. 

Una noticia que, en una noche ya redonda por la victoria y la condición de cabeza de serie, terminó de desatar la ilusión de un baskonismo que ha encontrado en el italiano mucho más que un entrenador: un líder con el que volver a creer.