La final de la Copa de la UEFA celebrada en Dortmund en 2001 sigue siendo una de las más recordadas del fútbol europeo. Aquel día, el Deportivo Alavés cayó ante el Liverpool en un partido inolvidable que terminó deciéndose por un gol de oro en la prórroga. Un cuarto de siglo después de esa final, Antonio Karmona, capitán de ese histórico equipo, repasa cómo vivió esa final y su trayectoria como albiazul en una entrevista concedida a este periódico para conmemorar los 25 años de la final europea.
¿Cuándo empezó el fútbol a formar una parte importante de la vida de Antonio Karmona?
Cuando eres chaval y empiezas a jugar al fútbol, no lo haces pensando en que puedes llegar a ser jugador profesional. En mi caso, con 20 años, que estaba estudiando el último año de Náutico Pesquera, llegué al Sestao, que estaba en Segunda División y ahí empecé a considerar el fútbol de otra forma. A partir de entonces, todo fue a mejor y acabé siendo profesional hasta retirarme con 37 años.
Tras su paso por el Sestao, firmó por el Eibar en 1995 y tan solo un año después le ficha el Alavés, el equipo más importante en su trayectoria. ¿Cómo se produce el primer contacto?
Lo que me puedo acordar es que fue muy rápido. Creo que fue el presidente del Eibar quien me informó que me quería fichar el Alavés y se hizo todo rápidamente. No hubo problemas de ningún tipo. Hubo un acuerdo entre clubes y llegué a Vitoria donde estuve siete años en el que, como has dicho, ha sido el club más importante en mi carrera.
¿Le interesó la propuesta de jugar en el Alavés desde el primer momento en que se enteró del interés del club?
Sí, claro. Yo venía de estar en el Sestao, un equipo de Segunda División, que descendió y volvimos a subir. Luego en el Eibar, cuyo principal objetivo por entonces siempre era mantenerse en Segunda. Llegar a Vitoria significaba llegar a un club que ya había estado, aunque fuera hacía muchísimos años, en Primera y que optaba por intentar ascender. De hecho, el año anterior a mi llegada, ya estuvo a punto de ascender o de meterse en el play off. Era una meta diferente a lo que yo había estado desarrollando desde entonces. Era un objetivo muy importante y mi reto era saber cómo lo iba a afrontar.
¿Cómo fue su adaptación a la ciudad y al club?
Muy buena. En Vitoria me adapté enseguida, la gente lo hizo fácil para que así fuera. Fue un acierto total, de ahí los siete años que pasé en en el club y todo el recuerdo que tengo de ellos y lo bien que me han tratado. Solo dedico palabras de agradecimiento a todo lo que yo he vivido en esa ciudad.
"No he vuelto a ver la final, me he quedado con el recuerdo"
El crecimiento del equipo fue meteórico: ascenso, permanencia y el histórico sexto puesto. ¿En qué momento fueron conscientes de que ese grupo podía lograr algo tan grande?
Bueno, al principio no fue fácil porque el año que yo llegué estuvimos a punto de descender. Fue el siguiente año con el míster, con Mané, que empezó a hacer un equipo muy formado y organizado, con gente joven que llegaba con mucha ilusión. Y con gente veterana que quería hacer algo más de lo que en ese momento estábamos haciendo. Y sí, ascendimos a Primera y el primer año fue bastante complicado, pero fuimos capaces de mantener la categoría. Al siguiente año nos metimos en Europa y pudimos incluso a falta de dos jornadas estar en la pelea por La Liga. Logramos ser los menos goleados, fue un equipo bárbaro y el récord de puntos lo demuestra. A partir de ahí el equipo fue creciendo. No nos poníamos techo porque cada año se hacía mejor equipo y el equipo iba más. Nos veíamos con capacidad de ir hacia arriba y así fue.
¿Ya en aquel momento sentían que estaban formando parte de un equipo histórico, de algo especial?
No, no te das cuenta. Lo que hemos conseguido, llegar a la final de UEFA, lo valoras ahora como está el fútbol hoy en día. Ahora hay equipos diferentes y los de la Champions no salen rebotados tras caer eliminados, por lo que creo que en nuestra época era bastante más difícil conseguirlo. Viéndolo ahora sí que hicimos algo fuera de lo común. Que nuestro equipo, aun siendo novato, haya sido capaz de llegar a la final de la UEFA.
Antes de iniciar la Copa de la UEFA, ¿se veían con opciones reales de llegar tan lejos?
Era una competición desconocida para prácticamente todos. Era un ver venir, en una competición nueva y en un club como el nuestro que llevaba tanto tiempo sin jugar en Primera. Entonces, en poco tiempo ascender, meterse en Europa y llegar a una final europea, había que asimilarlo. Nosotros fuimos paso a paso, pasando eliminatorias y tras cada partido nos daba menos miedo afrontar la siguiente.
¿Hubo alguna eliminatoria concreta que le hizo darse cuenta que ese equipo podía hacer historia dentro de la competición?
Posiblemente cuando eliminamos al Inter. Yo creo que ahí sí pudimos llegar a pensar que esto iba en serio. Antes eliminamos al Rosenborg, que venía de la Champions, pero el Inter ya era un rival de entidad. Empatamos a 3 en Vitoria y fuimos capaces de ganar allí 0-2. Eso ya nos dijo que la eliminatoria siguiente iba a ser clave. Además, era contra el Rayo y uno de los dos íbamos a hacer historia. En ese caso nos tocó a nosotros y nos pusimos en semifinales.
"En nuestra época era bastante más difícil conseguirlo, hicimos algo fuera de lo común"
Echando la vista atrás, ¿cuál considera que era su papel principal dentro del vestuario y sobre el césped?
Yo era uno más dentro del equipo. Era el capitán, pero no dejaba de ser una pieza en todo el armazón. Cada uno tenía sus virtudes y su rol, y lo llevábamos perfectamente. Uniendo todas las piezas que hizo el principal artífice que fue el míster, que consiguió sacar el mayor rendimiento a cada uno e hizo que el equipo fuese un muy buen conjunto.
¿Cómo de importante fue para usted, y para el club en general, la figura de Mané?
El míster ha sido el más importante de la historia del Alavés porque consiguió un equipo que el año anterior estuvo a punto de bajar, lo subió a Primera, lo mantuvo y lo metió en Europa hasta en dos ocasiones. Formó un equipo con unas ideas muy claras. Lo mejor que tenía Mané dentro de su capacidad táctica y de lectura del partido era sacar el mayor rendimiento y el mejor rendimiento a cada jugador, en eso era el número uno. Éramos difíciles de ganar, un equipo muy bueno.
"Además de su capacidad táctica, Mané era el número uno en sacar el mejor rendimiento del jugador"
¿Qué factores hicieron que aquel Alavés lograra ser el mejor de la historia del club?
Fue todo un poco. Éramos un grupo muy solidario y la calidad de los jugadores era muy alta. Todo eso, más la afición que nos llevaba en volandas cada vez que jugábamos, hizo que hiciese que fuésemos un rival importante y difícil de ganar. Ahí están los datos de esos años que estuvimos peleando por el continente y clasificando dos veces consecutivas para Europa.
Eliminaron al Kaiserlautern y pasaron a la final frente al Liverpool. ¿Qué es lo primero que se le viene a la cabeza al recordar la final?
Cada vez que hay una final de la Europa League me recuerda a nuestra época. Recuerdo aquellos minutos de gloria al jugar una final europea. Fuimos unos auténticos privilegiados de poder disputarla con nuestro equipo que venía desde abajo y con nuestra afición. Veo esas imágenes y me resultan muy emotivas. Todavía se recuerda mucho esa final, eso significa que quedó marcada y que no solo se recuerda al campeón, también a nosotros que la jugamos, por ese resultado y por la forma de perder a través del gol de oro que se eliminó al de poco tiempo.
El partido empezó muy cuesta arriba con el 2-0 en contra. ¿Qué se decían entre ustedes en el campo en ese momento?
Es verdad que salimos muy a expensas del Liverpool. Ellos salieron muy fuertes y nosotros no fuimos capaces de aguantar ese inicio y se pusieron enseguida 2-0. Pero nuestro equipo, si una cosa buena tenía, es que no se venía abajo nunca. Le gustaban los retos e íbamos siempre hacia adelante. Nos pusimos otra vez del mono de trabajo y fuimos a por el partido.
Se marcharon al descanso con 3-1. ¿Recuerda cómo fue esa charla en el vestuario? ¿Qué les dijo Mané?
En general, todos hablamos un poco. El míster fue el que más nos tranquilizó, nos hizo que volviésemos a meter otra vez en el partido, en todo lo que habíamos trabajado durante toda la competición y para el partido. Digamos que todos en general dieron su opinión y sobre todo la voz del míster fue la más importante. El equipo salió a por el partido, hicimos incluso mucho mejor la segunda parte que ellos y fue una cuestión de suerte que al final perdimos.
"Todo lo que pudimos vivir en aquella final no lo cambiaría nunca, tan solo el último gol"
Al inicio de la segunda parte lograron empatar en apenas cinco minutos. En ese instante, ¿se sentían imparables?
Sí, sí. Yo la sensación que pude llegar a tener es que dominábamos el partido. En las finales y con equipos de esta entidad cualquier despiste te mete un gol y tuvimos que volver a remar otra vez en contra para empatarlo. Pero sí es verdad que en la segunda parte tuvimos una sensación de que fuimos mejores que ellos.
El encuentro se fue a la prórroga y el desgaste era brutal. ¿Cómo afrontaron esos minutos extra?
Bueno, ya habían expulsado a Magno, íbamos con uno menos. El cansancio estaba siendo evidente. No recuerdo que tuviésemos muchas opciones de gol, ni nosotros ni ellos. Al final, la falta lateral fue un accidente. Nos podía pasar cualquiera de los dos y nos pasó a nosotros. Pero la prórroga lo normal hubiese sido un 4-4 y llegar a los penaltis. Nos faltó un poco, sí.
Respecto a la falta que cometió en el minuto 116, con la perspectiva del tiempo, ¿cómo recuerda usted aquella jugada?
La recuerdo igual. Yo tenía una tarjeta, estábamos muy al límite, me quise anticipar entrando por dentro y él fue más rápido. Era un jugador que venía fresco, como era Smicer y le tuve que ir a cortar para que no llegase a portería. Ya tenía una tarjeta amarilla previa y me terminaron expulsando. Fue una acción desgraciada porque en esa falta surgió el gol de ellos. Gajes del juego y momentos puntuales de una final muy disputada y con mucho nervio.
En su caso, ¿dónde vio el gol final? ¿Había llegado ya al vestuario?
No, estaba justo en el túnel. Ahí estaba viendo algo. Porque fue rápido, no tenía tiempo ni para salir porque sacaron la falta y se acabó el partido con el gol de oro.
Si pudiera viajar en el tiempo y cambiar un solo momento de aquella final, ¿cuál sería?
El último gol. Pero todo lo que pudimos vivir no lo cambio nunca. Es una pena que la copa no se viniese para Vitoria, sería lo único que cambio: la copa de lugar, de Liverpool a Vitoria. Pero lo demás, podíamos haber ganado nosotros perfectamente igual que ellos.
¿Ha vuelto a ver la final?
No, no la he visto. Algunas veces suelen poner los highlights y suelo ver los goles, pero yo me quedo con el recuerdo. No hace falta verlo y sufrir más todavía.
25 años después, ¿es usted más consciente ahora del legado que dejaron en el fútbol y en la ciudad?
El tiempo nos está dando mucha razón y está dando mucho más valor a aquello por cómo se ha puesto ahora mismo el fútbol europeo. Es un triunfo enorme de un club como el Deportivo Alavés y de toda la gente que trabajó allí durante muchísimos años, ha sido el éxito más grande. Estamos orgullosos de haber sido partícipes de un hito como ese.
En la actualidad, ¿sigue usted de cerca al equipo?
Sí, evidentemente. Como trabajo en el Athletic y hago informes de los rivales sigo bastante al Alavés.
¿Y cómo ve al equipo hoy en día?
Bueno, pues como siempre, peleando en una categoría tan difícil como la Primera División e intentando salvar la categoría.
¿Cree que en un futuro Vitoria volverá a vivir algo parecido a lo que logró ese Deportivo Alavés?
Nunca se sabe, el fútbol es muy imprescindible. Lo que conseguimos fue histórico y, es verdad que solo ha pasado una vez en los más de 100 años de historia del Deportivo Alavés, pero nunca se sabe lo que puede llegar a pasar cualquier día. Es verdad que las competiciones europeas se están volviendo muy difíciles de conseguir para equipos de un nivel no muy alto y suelen ser los grandes equipos los que dominan todo. Lo que conseguimos fue muy importante y claro que sí, que se puede conseguir, nunca se sabe. Y por lo menos ilusión hay que tener siempre.