El Deportivo Alavés logró la ansiada permanencia con su segunda victoria consecutiva en La Liga, esta vez ante el Oviedo, tras la cosechada frente al Barcelona en Mendizorroza.

Y, como sucedió ante el Barça, la clave de los babazorros volvió a estar en la defensa, que se mostró de nuevo tremendamente sólida para firmar su segunda portería a cero consecutiva y erigirse como un factor fundamental en la salvación recién lograda.

Desde la llegada de Quique Sánchez Flores, y hasta esta última semana, la fragilidad defensiva había sido uno de los principales puntos débiles del nuevo Alavés del técnico madrileño. De hecho, el propio Quique lo había repetido en varias ocasiones en sala de prensa.

Parecía evidente que, si no se mejoraba en esa faceta, el Alavés compraba muchas papeletas para sufrir hasta el final e incluso caer a Segunda División. Con una media de goles en contra demasiado elevada y una retaguardia vulnerable, la defensa era la asignatura pendiente más clara a mejorar.

Los babazorros han respondido. Y de qué manera. Primero, logrando una portería a cero ante el Barcelona –el equipo más goleador de La Liga–, al que no permitieron ningún disparo peligroso sobre la portería de Sivera. Después, repitiendo el mismo ejercicio de solidez ante el Oviedo para terminar de sellar la permanencia en el Carlos Tartiere.

Una mejora coral

Frente a los asturianos, la tarea, a priori, parecía más sencilla que contra los culés. El Oviedo, además de estar ya descendido, es el equipo con menos goles a favor de toda la Primera División. Aun así, los cinco meses que habían pasado los albiazules sin dejar su portería a cero invitaban a la prudencia.

El Alavés, sin embargo, demostró que la solidez vista ante el Barcelona no fue un espejismo. Los babazorros formaron un bloque compacto durante todo el encuentro y apenas concedieron situaciones de verdadero peligro. Cada jugador, desde el primer atacante hasta Sivera, cumplió con su parte del trabajo.

Tanto es así que el Glorioso no permitió, de nuevo como ante los blaugranas, ningún disparo a puerta del conjunto carbayón. Eso no quiere decir que Sivera no tuviera que intervenir. El guardameta valenciano transmitió seguridad en el área y se mostró firme, sobre todo, en las continuas acciones a balón parado.

La defensa también jugó a gran nivel. Con Koski consolidado en la retaguardia, tanto él como Parada y Tenaglia supieron contener a la ofensiva asturiana. En las bandas, primero Abde y después Yusi, hicieron lo propio con el peligroso Hassan, mientras que Ángel Pérez cerró con solvencia los ataques por su costado.

La línea de tres del centro del campo –que por momentos pasó a ser de cuatro con la entrada de Mañas– también fue solidaria en labores defensivas, con constantes coberturas y ayudas, como las de Denis sobre Hassan.

Incluso el ataque resultó clave, con el trabajo de espaldas, las presiones y el desgaste de Diabaté y Toni Martínez. Hasta Lucas Boyé en los pocos minutos que tuvo participación entendió perfectamente la importancia de esto para dar pausa y aportar gracias a su capacidad para bajar los balones en largo.

En definitiva, un trabajo colectivo de los albiazules que confirma la mejora defensiva del Alavés en el momento más importante de toda la temporada. Dos porterías a cero consecutivas en las que apenas ha dejado generar peligro a sus rivales –Barcelona y Oviedo–, para transformar una debilidad en virtud y certificar, una vez más, la permanencia en Primera División.