Editorial

La bisagra del Estado

La constitución de las Cortes y la elección de la Mesa del Congreso permiten intuir la configuración de los bloques y la influencia de la realidad plurinacional que reflejaron las urnas y que se sienta en las Cámaras

17.12.2019 | 16:23

Las sesiones constitutivas de Congreso y Senado que abrieron ayer la XIV legislatura en las Cortes y especialmente las votaciones para la conformación de la Mesa de la primera de las Cámaras permiten esbozar siquiera algunas conclusiones con vistas a la investidura y la formación de gobierno y, en consecuencia, de las líneas generales sobre las que este debería trazar sus políticas. En primer lugar, la elección de Meritxell Batet como presidenta del Congreso en segunda votación, con 166 apoyos y los votos nulos del soberanismo catalán frente a los 140 de Ana Pastor (PP+Vox), se puede entender un anticipo de la previsible investidura de Pedro Sánchez como presidente de un gobierno de coalición entre PSOE y Podemos. Además, la negativa del PP a impedir la presencia de Vox en la Mesa del Congreso, lo que hubiera beneficiado a Ciudadanos, inclina a los populares hacia la ultraderecha y contribuye de nuevo al blanqueamiento de una fuerza de principios inconstitucionales, mientras los votos en blanco de la formación que ahora lidera Inés Arrimadas confirman la negativa de Casado a un acuerdo con C's y los socialistas. En segundo lugar, esa división de los bloques en el Congreso -con PSOE-Podemos-Más País (158) frente a PP-Vox-Navarra Suma (143)- puede proporcionar cierto margen de maniobra a un Ejecutivo progresista toda vez que el ejercicio que podría pretender ahora Ciudadanos no permite alterar las mayorías y el papel de bisagra en la gobernabilidad del Estado correspondería en todo caso a las formaciones nacionalistas, que suman 35 escaños aunque representan realidades nacionales dispares y, lógicamente, difieren muchas veces en cuanto a ritmos y objetivos de sus políticas. En tercer lugar, y por tanto, Sánchez a Iglesias deberán responder a esa realidad plurinacional que reflejaron las urnas y que desde ayer se sienta en el Congreso y en el Senado. Y hacerlo a pesar de la previsible presión de esa derecha inclinada a la política populista de eslogan y pancarta -iniciada ayer mismo con el recurso a los acatamientos- y su seguro reflejo mediático. En la capacidad de ambos, especialmente de la del PSOE en la superación de dependencias del pasado, para enfrentarlo y con esa bisagra que le otorga una mayoría cierta hacer girar al Estado hacia un nuevo diseño social, económico y político estará el futuro de la legislatura; también de la izquierda española y del propio Estado.